Etiqueta: mirar

  • Porque lo contingente…

    no siempre es necesario,

    Porque Adán ( y Eva), es decir el ser humano, no es necesario. Por eso es contingente, el necessrio es Yahvé.., o cuslquier dios que se “haya inventado el “hombre”. La mujer no lo necesitaría para vivir fuera del Edén.

    Eso lo vienen a decir los escolásticos, la primera parte, y se quedaron tan tan anchos.

    Pero Descartes nos enseñó que había una mente para pensar. Y es la que pare las ideas, generando así creencias, sean por fe, inamovibles, o de las que deben ser comprobadas experimentalmente. Como hablamos en la página sobre el alma. Esas ideas que sirven para ilustrar lo que se llama realidad existencial.

    Estas ideas son las que pensamos aquí… y del existencialismo filosófico, hablaremos más adelante . Cuando lleguemos a ver que existe el proceso de filosofar. Antes, para qué?

    Así que somos muy necesarios para existir… y, por eso. estamos AQUÍ.

  • La graciosa contingencia…

    … nos persigue.

    Y, por suerte, el hado que dirían los clàsicos, no nos ha llevado a Gaza sino a Lanzarote.

    Y el genio del Jobs, pensando en lámparas marabillosas, nos ha obligado a retomar la senda prevista del blog, para hacer pequeñas modificaciones en las entradas. Como decía el otro, purita contingencia.

    Así que nos vemos disfrutando de un ecosistema volcánico, después de sufrir la pertinente y temida separación del suelo amigo. Esa especie de amigo de la infancia, que nos acompaña desde que abandonamos la plàcida flotación en el líquido uterino.

    Y aquí estamos, sufriendo el típico Síndroma de Estocolmo del Campista Despierto al Ritmo de la Naturaleza, preparando su mente, para ir grabando en su ROM/MOR, todo lo que logre ver en esta visita a las tierras guanches.

    Porque si algo tenemos claro, todos mis posibles yos, es que ver y mirar no es lo mismo. Y, lógicamente traemos la mochila bien llenita de curiosidad y atención, para observar la realidad lanzaroteña. Imos pasando.

  • Y, ¿qué decir de algo tan espinoso…

    … como puede ser un tojo?

    ¿Qué se puede decir de una flor, digna de ser admirada, pero que está rodeada de soldados? Rodeada de tremebundas espinas que, como espadas enhiestas, te impiden ni siquiera un intento de caricia.

    En cierto modo recuerda a la bella princesa, que permanece encerrada en el castillo, hasta que su asqueroso padre decida lo que hacer con ella.

    Pero como en el cuento de la bella princesa, no todos valemos para príncipe. Aunque sí podamos vestirnos fácilmente de sapos. O de ranas, que nunca quedó muy claro, en el cuento, el papel de cada uno.

    Y eso sin meternos con la nueva corriente queer, que ya estará resignificando, para que sea válida la solución lesbiana o bisexual (incluso no binaria?).

    Eso sí, la mayoría de la gente que lo escucha o lee, seguirá sin saber que el sapo no es el macho de la rana.

  • Porque una flor es un conjunto de cosas visibles, que busca siempre…

    … ofrecerte lo mejor de sí.

    Y no nos cansamos de decir que el ver es como el leer, pero leer en profundidad. No pasar los ojos por encima de las letras, como hace parte del alumnado, cuando declara estar estudiando. O muchos adultos, cuando presumen de estar leyendo un libro.Y, además, no solo precisa un cierto esfuerzo, por tener que llevar los ojos o la nariz hacia el fondo del cáliz, sino por estar bien abierto a las posibles lecturas (relecturas) que, como andamos repitiendo, necesitan más atención.

    O puede que necesiten más emoción por nuestra parte. O, por lo menos, un motivo racional para buscar algo especial en esa flor. Como para leer un libro, se necesita querer meterse dentro de ella.

    Y es, en ese momento, cuando decimos que debe intervenir la memoria. Para traernos, a ser posible, el recuerdo de otras flores. Sean vistas anteriormente, o aquel texto, dónde se nos describían en aquellas insoportables horas de clase en Ciencias de la Naturaleza.

    Todas la sensaciones que se van acomodando en nuestra RAM deben ser organizadas adecuadamente, para que se trasladen bien organizadas en archivos a la memoria ROM (o MOP).

    De hecho esta flor suele acabar pisada por un montón de senderistas, que solo van mirando en horizontal y no se acuerdan de los consejos que se daban en clase, para caminar saludablemente, tanto para el caminante como para el camino, en nuestros paseos reales (y virtuales) por la naturaleza. Nunca te olvides de «la vertical».

  • Y es que hay demasiadas formas de ver…

    …eso que llamamos REALIDAD.

    Y por eso decimos que hay muchos puntos de vista. Tantos como filtros. O muros filtrantes ,que le fuimos llamando por aquí. En cierto modo, tantos como formas tengamos de mirar hacia esa realidad que tenemos delante : sean formas propias de ella o impuestas por los que nos manipulan el punto de vista.

    El punto de vista cambia totalmente… porque el mismo cacho de realidad puede cambiar, según como lo miremos : de frente, desde abajo, desde arriba, desde un lado… por detrás!!! Y todo eso, sin que alguien disimule la realidad para confundirnos. Ya que, entonces, se hace la intemerata…

    La imagen entra deformada en nuestra pantalla cerebral, haciendo que la veamos grabada diferente, en función de esa posición que hemos tomado (punto vista). Necesitaremos imperiosamente buscarle una posición más equilibrada, más real, más analizable por nuestra mente.

    Una simple ventana , y más cerrada, nos puede hacer sentir una sensación de querer salir volando, como si fuéramos un pájaro enjaulado. Mucho más si la vemos desde abajo que de frente, porque nos sentimos más prisioneros (encarcelados).

    Y dependiendo de esas sensaciones que nos invaden, sentados en ese suelo, así veremos en profundidad una simple ventana (cerrada). Y, además de estar en el suelo, dependerá mucho de las sensaciones que tenemos en esa posición (por ejemplo cansancio). Eso mudará nuestro encuadre, nuestro enfoque.

  • Y ¿qué podemos decir de…

    … los muros filtro virtuales (o invisibles)?

    Podemos hablar de muros vegetales, de granito, de acero… incluso de titanio reforzado (suponiendo que fuese algo totalmente impenetrable), pero no son esos muros materiales los que resultan más difíciles de atravesar. Tampoco los muros de machotes del barrio, o de los soldados bien armados hasta los dientes. Hay otro tipo de muros filtro mucho más complicados para ser traspasados. Sobre todo pasarlos sin acabar siendo manipulados de tal forma, que nos hacemos nosotros también casi invisibles. Nos convertimos en una especie de marionetas o zombis.

    Hay un estupenda película del gran Buñuel, El ángel exterminador, donde observamos que no hay muros materiales para impedir salir de una mansión. Su puerta permanece abierta, pero ningún humano es capaz de atravesar ese «muro» totalmente invisible. de hecho se puede decir que es inexistente. Por lo menos en un mundo real.

    Pero, por algún extraño fenómeno, podemos ser trasladados, de alguna forma, a un universo paralelo, dónde ese muro adquiere existencia, aunque sea totalmente invisible. Por lo menos para el sentido tradicional de la vista humana.

    Y así, con este caso tan buñueliano, volvemos a notar que ver es muy distinto de mirar. Porque podemos mirar la huella de un zapato sobre la arena húmeda de una playa (en la imagen), pero no ser capaces de percibirla, si no prestamos la atención suficiente. O de las ondas marinas, sobre la arena de esa misma playa, pero… lo importante será «ver» algo que ya no está allí : el zapato con ser humano incorporado o las ondas marinas que ya no están.

    El mar pasó por allí. Y un ser humano pasó por allí. O sea que las huellas que deja la materia también pueden ser vistas, aunque para ello se necesita más conocimiento y poder imaginativo. Y mucho cuidado ante los muros que parecen invisibles.

  • Hasta pueden vestirse con colores llamativos y…

    … hacerse, así, más atractivos.

    Porque llevamos mucho tiempo diciendo que distingamos el mirar del ver. Y que no todo lo que parecen homéricas naves griegas, son algo diferente de las clásicas flores de la retama. La mágica «xesta» gallega. Porque puede parecer que el muro nos dejará ver un auténtico paraíso, cuando más allá de él solo habita un infierno.

    A veces el parecido nos despista. Si no ¿para qué iba a existir el Arte del Disimulo?

    Y si un ser humano que nos quiere fastidiar, se disfraza de muro, será porque nos quiere asustar en demasía, haciéndose pasar por algo más monstruoso de lo que realmente es. Un engaño.

    Ya hablamos otra vez de la importancia extrema del camuflaje, en los asuntos de interacción entre humanos.

    Y disfrazarse de muro, como decimos, resulta un método muy bueno para cazar incautos. De forma que resulten fáciles , mientras que interactúan con ellos, para injertar parte del adn social negativo. Sobre todo cuando paseas cerca de ellos, ensimismado en unos pensamientos de interacción social, que te dejan las defensas bajo mínimos. Y más si tienen los filtros de colores necesarios para engatusarnos.

  • Y así, paso a paso, horror tras horror, vamos llegando en este blog…

    … al muro que sirve de puto FILTRO.

    De tanto desasosiego, de ser tan miserables, de tanto mirar sin querer ver… de tanto horror que no queremos sufrir, nos vamos haciendo adictos a tener delante, algo a lo que podemos llamar un MURO. La SAD nos pone delante de los ojos, realmente en nuestro cerebro, una especie de muro, de pared, que va a impedir que entre el horror que sí hay en la realidad exterior. O si acaso, solo deja pasar algo (filtra) de ese horror, para que nos asuste un poco, no demasiado… pero que, sobre todo, nos hace ver otra falsa realidad que sirva de contrapunto, para mantenernos sosegados. Algo así como hace Instagram. Es un buen momento ,en este blog, para tocar este gran problema del muro, que bien tenemos frente a nosotros, o puede que esté dentro de nosotros. Es lo que podemos llamar un muro filtrante.

    Porque , al profundizar en el mecanismo de la visión, nos van apareciendo muchos problemas que tienen que ver con el adn social negativo que nos injertaron, incluso más que con nuestro propio ADN. Y eso nos lleva a tener que reflexionar un buen cacho, sobre los filtros de la realidad, que la pueden opacar de todo : esos muros, que no nos dejan ver lo que miramos.

    Y pensemos que si no vemos la diferencia entre el granito y el cemento que lo une (muro de la imagen), no estamos viendo nada de nada. Solo estamos mirando. Y confundiendo el hecho de MIRAR con el hecho de VER.

    Y así (mala visión), nos asustaremos de lo imposible que parece traspasar ese tremendo muro, que nos impide seguir caminado. Pero eso es, fundamentalmente, porque no vemos lo que debemos ver, porque igual que se ven las fortalezas de un muro, también es posible ver sus debilidades. El problema es cuando no vemos por nosotros, sino que vemos por el sistema óptico que nos injertaron. El famoso filtro externo (ajeno a nosotros) que tampoco vemos normalmente. Y por eso, solo veremos parcialmente la realidad que tenemos delante. Lo esencial va a ser «escuchar» al muro, por lo menos. Como hacen los perros, puede que nos sea más fácil descifrar su olor o su sonido.

    Y pensemos en que hay muros invisibles… muros que están ahí, pero no podemos ver, así como otros que no queremos ver. No todos son de puro granito o duro metal. Y esos son los peores!

  • Y tanto se te escapa, la realidad, que puedes llegar a ver…

    …aquello que no existe.

    Porque si dejas que algo o alguien, sea lo que eso sea, te vaya comiendo el coco, haciendo que veas/grabes cosas que no viste realmente, entonces tienes un problema (grande!) con el entramado neuronal, que se forma en tu cerebro. Vas a tener una sucesión de circuitos/archivos, donde se refugian eses elementos irreales, que te van a provocar alucinaciones de vez en cuando. Incluso haciendo que acabes por vivir en un mundo imaginario.En principio por la noche, luego durante el día (despierto). Y todo sin ver un puñetero filtro material puesto delante de tus ojos.

    Y el problema es que no vivirás un mundo imaginario infantil, como pasaba con el amigo imaginario, que tanta compañía te hacía. Aquel podías controlarlo. Ahora tendrás un imaginario adulto, viendo elementos que no existen, sean árboles que hablan o fantasmas que andan buscando almas que le hagan compañía. Como sucede con la Santa Compaña, que, dicen, camina por los bosques gallegos en busca de cristianos, que le ayuden a soportar su «mala» muerte.

    El bosque animado del «bueno» del Wenceslao Fernández Flórez, es un ejemplo de ese mundo no real al que nos podemos ver abocados, cuando rematamos por ver cosas que solo existen en nuestra mente.

    Entonces es cuando el mirar y el ver se han fusionado de tal forma que, como pasa con la personalidad múltiple, ya no podemos saber quien somos : si el que mira o el que ve, si el que piensa o el pensado. Un bonito dilema, ese de si eres tú o eres otro, del que hablaremos más adelante.

  • Porque, a veces, la realidad se te escapa…

    … aunque la quieras tocar.

    Por mucho que la quieras agarrar (la realidad) te resulta imposible. Y cuanto más ganas le echas, más lejos parece que se va. Al final de poco vale que estés muy cerca de ella si la tienen opacada (oculta) para ti. Ahí juega su papel el FILTRO : seleccionando una parte de la realidad que miras. Y cuando ese filtro se vuelve totalmente opaco, entonces tendremos un MURO (que no deja VER). Esa es la diferencia entre un filtro que deje pasar algo, que deje pasar muy poco o, incluso, que sea opaco del todo. Como dijimos ayer (y anteayer), ¡alguien te la quiere colar!

    Y por eso era tan importante diferenciar bien entre mirar y ver. Porque mucha gente confunde el mirar la realidad, con ver esa realidad (realmente). Cuando, lo que está mirando no coincide con lo que ve, porque se deja grabar con más intensidad, el discurso icónico que alguien hace para suplantarla. Mediante un oportuno filtro social (no propio).

    Eso pasa mucho en política, donde la gente suele comprar el relato (la «laavdora») que le hace un político sobre determinado contexto, en vez de hacerse con una visión más real y propia de ese mismo contexto.

    Repetimos, mirar y ver no es lo mismo. Poner los ojos sobre una realidad determinada y grabar esa realidad en el cerebro son cosas totalmente independientes, aunque suela ir una detrás de la otra. Pero cuidado si alguien te cambia la cinta grabada en el paso de mirar a ver. O simplemente te regala un filtro que no deja pasar toda la realidad.

    Viene a ser el problema del bebé al que quieren convencer de que su madre es la nueva, una que pasó a suplantar a la verdadera. Por ejemplo, imaginemos que los cazadores de la madre del Bambi, le quieren convencer de que debe amar a una mamá suplente.