Etiqueta: engaño

  • Porque, cuando vemos un filete de ternera virtual,…

    … solo estamos teniendo una emoción virtual.

    Pero sí es una forma de vencer nuestro desasosiego : dejarse llevar por la creencia de que, lo que nos cuentan, es la verdad. Es lo que nos interesa creer. Porque nos dicen (las pelis y las religiones), que existen universos paralelos al nuestro, donde podemos tener vidas virtuales, que nos venden como reales, para que todas sean sensaciones agradables. Ahora o «después». Lugares donde el placer sea poco costoso alcanzarlo y, allí, nuestro sueños más profundos se mudan en «realidades» (virtuales). El típico paraíso.

    O, por lo menos, eso nos quieren vender (es «su» lavadora), los que propugnan esa posibilidad de intercambio con los llamados universos paralelos. Aunque no queda muy claro, en este contexto peliculero, la diferencia que puede haber (y hay) entre simples sensaciones y emociones más elaboradas.

    O sea que ya no sería interactuar con máquinas, sino llegar a ser nosotros mismos una variante virtual. Algo, en cierto modo, parecido al Avatar cameroniano. El problemas esencial, como decimos, es hasta qué punto la sensación del avatar no deja de ser un simple sentido, que opera en un universo paralelo al «normal». Sin ir tan lejos, ¿hasta que punto tu clon, cuando sea posible tenerlo, va a sentir las mismas emociones que tú?

    Sería el no va más, de la confusión entre mirar y ver. Ya solo vemos lo que simplemente miramos, porque es lo que nos dejan ver. Aunque sea cerrando los ojos, para que entre la realidad simulada que tengamos enfrente. Como el Cifra con su filete.

    Pero eso ya lo hacemos , cualquier pobre ser humano, con simplemente vivir ensoñado. No necesitas estar en ninguna Matrix made in Hollywood. O en una variante como es Westworld. Solo tienen que hacerte ver una realidad que no existe. Sea dormido o totalmente despierto.

  • Llegando a «ver» muertos, como…

    … si estuvieran vivos.

    ¿De qué nos vale ver las almas de los indios enterrados bajo tu casa, como Caroline (Poltergeist), o al amigo que te caía tan bien, pero que pasó a «mejor vida», como el niño de El sexto sentido?

    ¿De qué vale ser tan videntes, para luego no ser capaces de interactuar amistosamente con las demás crías humanas, que viven en tu aldea o urbanización? O para andar escapando por el patio del colegio, debido a que estás traumatizado, al no poder diferenciar entre realidad y ficción. O al amigo imaginario del «amigo» acosador.

    Como pasa en tu vida cotidiana, ¿de qué te vale preocuparte por los OVNIS, si no eres capaz de interactuar con los VRAs (vecinos reales aislados)?

    Mirar el Más Allá, cuando no ves el Más Acá, resulta una tarea ingente y totalmente improductiva, para desarrollar una maduración humana real. Y una maduración terrestre, no una maduración ficticia en una especie de Universo Paralelo.

    Está bien que te gusten las stranger things, pero creerte una Eleven solo te llevará a perder la capacidad de conectar con el Universo Real, ese que tienes justo delante de ti. Ese donde tienes que jugar tu partido vital. ¿De qué valen filtros, que permiten sentir fenómenos paranormales, pero no te permiten sentir a los humanos vivos que te rodean? Es un poco el cuento del LSD, usar una droga artificial para «conocer otras realidades paralelas».

  • Y así puedes llegar a ver…

    … a la Santa Compaña emigrando para Cuba.

    Tal como le pasaba al Fendetestas y al Fiz de Cotobelo, en el libro y vídeo ayer indicados. Porque hay momentos en la vida que puedes alucinar, viendo lo que no existe, tan claramente como puedes ver lo que sí existe.

    Aunque seria mejor decir, que ves lo que te parece ver, como si estuvieras soñando. Si la gente confunde mirar con ver, como no va a confundir ver con alucinar. Si la imagen grabada en el cerebro puede ser tan intensa, que puede hacer que un alucine pase por ser algo totalmente real.

    Poco nos pasa a los humanos, cuando somos adictos a todo tipo de droga química artificial, o droga mental producida por el cerebro, que también las hay, capaces de hacernos vivir en un mundo irreal, prácticamente las 24 horas del día.

    Y si somos aficionados a la religión o a la política, entonces ya tenemos muchos boletos, para que nos toque la lotería de la alucinación diaria. Estar subiendo escaleras al cielo (falso) las 24 horas del día, sin llegar a ser la décima parte de un místico poeta como San Juan de la Cruz.

    ¿Y qué vienen a ser los políticos, más que una procesión de almas en pena que se quieren «forrar», practicando el viejo esclavismo español en Cuba? LLevándose ya de paso, a otras almas gallegas, para allí mismo esclavizarlas de por vida.

  • Porque, a veces, la realidad se te escapa…

    … aunque la quieras tocar.

    Por mucho que la quieras agarrar (la realidad) te resulta imposible. Y cuanto más ganas le echas, más lejos parece que se va. Al final de poco vale que estés muy cerca de ella si la tienen opacada (oculta) para ti. Ahí juega su papel el FILTRO : seleccionando una parte de la realidad que miras. Y cuando ese filtro se vuelve totalmente opaco, entonces tendremos un MURO (que no deja VER). Esa es la diferencia entre un filtro que deje pasar algo, que deje pasar muy poco o, incluso, que sea opaco del todo. Como dijimos ayer (y anteayer), ¡alguien te la quiere colar!

    Y por eso era tan importante diferenciar bien entre mirar y ver. Porque mucha gente confunde el mirar la realidad, con ver esa realidad (realmente). Cuando, lo que está mirando no coincide con lo que ve, porque se deja grabar con más intensidad, el discurso icónico que alguien hace para suplantarla. Mediante un oportuno filtro social (no propio).

    Eso pasa mucho en política, donde la gente suele comprar el relato (la «laavdora») que le hace un político sobre determinado contexto, en vez de hacerse con una visión más real y propia de ese mismo contexto.

    Repetimos, mirar y ver no es lo mismo. Poner los ojos sobre una realidad determinada y grabar esa realidad en el cerebro son cosas totalmente independientes, aunque suela ir una detrás de la otra. Pero cuidado si alguien te cambia la cinta grabada en el paso de mirar a ver. O simplemente te regala un filtro que no deja pasar toda la realidad.

    Viene a ser el problema del bebé al que quieren convencer de que su madre es la nueva, una que pasó a suplantar a la verdadera. Por ejemplo, imaginemos que los cazadores de la madre del Bambi, le quieren convencer de que debe amar a una mamá suplente.

  • Porque, seamos sinceros, los peores/mejores filtros no tienen…

    … precisamente, forma de colador!!!

    Un buen filtro, sea bueno o malo (según quien lo implante)para contaminarnos a tope, puede tener forma de libro. Y hasta ser llamado La Sagrada Biblia. O puede ir vestido de cura, y tratar de decirnos que la salvación eterna (de la terrestre ya no habla mucho)no está en ser naturales y libres, sino en obedientes y auténticas ovejitas. Y bien dispuestas a ir en silencio al matadero. Incluso a matar a otras ovejas, si nos ponen un arma en la mano, después de lavarnos el cerebro.

    Y claro que también pueden ir vestidos de políticos. Eses que que nos venden una lavadora averiada, o con obsolescencia programada, diciendo que la necesitamos para lavar la ropa. Esa ropa que nos venden ellos y nos hacen cambiar tan a menudo. Llegando al colmo, de que nos la hagan cambiar antes de lavarla varias veces. Y es entonces cuando nos damos cuenta (si podemos) : ¿para qué la lavadora?

    Dicen que es para mantener la economía a salvo. Es decir, las cuentas corrientes de los adultos dominantes, que producen lavadoras y ropa. Y se inventan lo de la moda. Nada para hacer que las crías humanas estén realmente protegidas, ante los cambios negativos que pueda tener el ecosistema. Provocados siempre por esos mismos adultos, tan productores y vendedores como políticos.

    De hecho son eses mismos adultos que «te venden la lavadora», los causantes de que el ecosistema, que vayas a recibir como herencia, esté tan deteriorado, que acabarás más cerca de los dinosaurios que de un ser humano realmente evolucionado. Y sí, nunca lo olvides. Para colmo,TODO lo hacen por tu puto bien.

    Así que ellos te dirán lo que debes ver. Y si es posible (tienen poder), incluso lo que debes mirar. Como Yhavé a Eva.

  • Y hasta disimula un deconstruido galáctico…

    … llamado Darth Vader.

    Da igual que acabes totalmente deshecho, que si la tecnología está muy avanzada, podrá rehacerte y dejarte «casi nuevo». Porque sean humanos originales, sean clones humanos o sean seres de otra galaxia, humanizados o no (les llamemos como les llamemos), todos usan el mismo principio natural. Para avanzar como especie «de lo que sea», o simplemente para regenerarse solo hay un medio conocido : La evolución.

    Así que al homo sapiens generado naturalmente, le pueden entrar ansias de perfeccionarse como ser vivo humano. Aunque, en su caso, la adicción al poder, le puede llevar a querer ser algo así como un dios. Algo que se junta en lel caso de la renovación total del bueno de Anakin Skywalker, una vez transformado en el malo de Darth Vader. Y ya hablaremos de este DV, cuando queramos reflexionar sobre el hecho básico de que el ADN es , en cierto modo, tapable, pero nunca borrable.

    O puede suceder que a un clon de homo sapiens, como es el clon llamado replicante en la peli Blade Runner, le entre un deseo de vivir más allá de los cuatro años, que el ser humano le puso como fecha de caducidad. Y, entonces, se rebela…

    O como al bueno de Sonny, en Yo robot, que tiene ganas de ser capaz de mostrar sentimientos.

    O como la buena de Joi en la segunda Blade Runner, que suponemos acabará por desear corporeizarse, para pasar de ser un simple holograma 3D a poder pasear su garboso cuerpo por las calles de las distópicas urbes. Al final todos acaban queriendo ser lo que no son. ¡Mayor camuflaje imposible!

  • Y así, el Arte del Disimulo se hará grandioso…

    … en algunos animales.

    Porque el arce poco tiene que aprender. Pero, en cambio, su simple trabajo de hacer desprender las hojas de un árbol, muda en compleja operación de cambio corporal, cuando ocurre en un animal. A un animal ya no le llega con dejar secarse la piel fina y dejar actuar a la gravedad, como pasa en el arce.

    El cambio corporal de un camaleón, por ejemplo, supone un cúmulo de reacciones químicas, que le llevan a tomar decisiones complicadas, aunque sean automáticas. Desde las reacciones químicas de su cerebro, hasta las reacciones química de su piel, para darle el colorido que necesita como camuflaje.

    Y, eso sí, no se complica la vida como el ser humano. Tiene un alto grado de automatización, porque si no es lo suficiente rápido, de nada le valdrá su fuerte ración de disimulo.

    Al camaleón su ADN ya le da todas las herramientas de camuflaje necesarias. Así como el uso que debe hacer de ellas.

    Como siempre decimos, al ser humano su ADN solo le da la herramienta que va a precisar, pero en un grado mínimo de desarrollo y, para colmo, nada le dice de como usarla con más eficacia. Debido sobre todo a su gran complejidad de uso. Se necesita mucha experiencia, para aprender a usarla con eficiencia. Y por ello le toca aprender esa segunda parte experimental. Lo que conlleva un largo periodo de maduración. No se hace uno adulto humano con la facilidad de un arce, e incluso de un león.

  • Y precisamente por eso, nace…

    .. el gran ARTE DEL DISIMULO.

    Porque disimular es un arte . Para la naturaleza en general, y para los humanos en particular. Y esta sí es una capacidad genética fundamental, para la supervivencia. Pero no se debe confundir con la mentira. Porque esa sí que no es genética.

    El cilindro anterior, o la mujer de Picasso, no están disimulando. Solo podemos ver una cara de su realidad, que tiene varias, siendo el artista (o el científico) el que nos puede hacer ver algunas otras caras posibles, de esa misma realidad. Aunque en vez de un cilindro queramos representar un león.

    Los seres vivos, para sobrevivir, necesitan esa capacidad de disimulo que, en paralelo a la de adaptarse (a esa realidad que «lo invade»), les permite seguir existiendo como seres vivos.

    Y el Gran Disimulador, como no podía ser de otra forma, es el llamado ser humano. Su inteligencia le permite inventar incluso una modalidad de arte disimulador, que es el teatro. Representar en un escenario, que puede ser su propia vida, un papel que no corresponde exactamente a como ese ser humano es. Le hace disimular, parecer que es otra persona para los demás. Y a veces, ¡para él mismo!

    Y la forma más simple de disimulo es usar una máscara. Disfrazarse de «otro», para simular lo que uno querría ser, o, al contrario, lo que uno odia con toda su conciencia. El kabuki japonés es la esencia de esa capacidad teatralizadora del ser humano. Sin palabras, solo maquillaje y gestos. Como prepararse para una gran fiesta, donde queremos básicamente mandar hacer a los demás. Que nos crean, que nos sigan, que se dejen dominar.

  • Y el punto de vista depende, siempre, de la posición…

    … del mirador que está viendo.

    Ya lo dijimos con el cuento colonial : no pueden estar viendo lo mismo, el colonizador y el colonizado. Aunque la realidad que tengan enfrente sea exactamente la misma. Incluso se miran muy diferente.

    El oprimido solo vislumbra la superficie casi plana de un cilindro, ni siquiera estudios tuvo para aprender a ver en perspectiva… y menos aún, para desenvolver mentalmente el cilindro en su desarrollo plano. Pero, en cambio, tenemos a un opresor que será capaz de visualizar incluso el futuro uso de ese cilindro. El opresor tiene estudios y puede imaginar con la figura vista, tanto una apisonadora del oprimido, como una simple lata de refresco. Esa gran baza en modo Coca Cola, para una colonización económica de los países pobres. Y mientras, el colonizador se toma ese refresco en modo «cuba libra» en su club de europeos, una vez alcanzado el fin de su jornada de «labor colonial» (directa).

    Y no, no estamos abusando de ironía, ya que la explotación colonial no permite ni un asomo de ironía. Fue demasiado brutal. ¡Y lo sigue siendo en demasía!

    Realmente, ese tipo de situaciones, solo admiten un enorme BASTA y la lucha por la liberación de esos oprimidos, que el europeo tan cómodamente esclaviza.

    Eso sí, el europeo sigue explotando con la pertinente ayuda de «amigos de los colonos». Esos que han nacido nativos de igual forma que los oprimidos «de verdad», pero que creen poder, algún día, vivir como colonos. Esos que pasan a ocupar puestos de delegados del poder colonial. Como aquel gran personaje tarantinesco de Django Unchained. Que se enfadaba, no por ser pobre, sino porque otro negro como él no lo era y… hasta podía disfrutar de privilegios de blanco

  • Ni tampoco ser africano, basta con…

    … ser muy civilizado!!!

    Y marcarse un estilo de vida al modo replicante (BR), pero voluntario. Vivir a lo grande, o a lo pequeño, tratando mal al cuerpo y a la mente, pero siempre presumiendo precisamente de lo contrario. De «hacer lo que quiero«.

    Como si, decir que hacemos lo que queremos, tuviera algo de real. Como si pintarse en modo tribu afriacana, nos hiciera ser más libres. Como si escapar de una tribu urbana (clásica), para hacerse fanático seguidor de otra (ultramoderna), fuera un ejemplo de libertad.

    Lo moderno puede ser antiguo y el ser libre vivir en una burbuja, en modo pandilla de barrio, esa que viene a ser la primera secta que te agarra, antes de que te pillen «las otras».

    El presumir de libertario no deja de ser un síntoma de que te gusta estar prisionero de alguna de las religiones, que el ser humano ha inventado para fabricarse una realidad a medida. Como decimos aquí el mejor tipo de adn social negativo, que puede casi borrar toda capacidad regenerativa que venga escrita en tu ADN.

    Como si la palabra amor escrita en tu piel, pudiera mejorar la palabra amor escrita en un gen. Típico postureo de ser humano más o menos alienado.