Etiqueta: engaño

  • O, curiosamente, mirando desde arriba…

    … podemos ver lo contrario!!

    Tal como hizo también O. W. en su C.K. Porque ahora no quiere agigantar al Kane, el personaje de carne y hueso, prefiere representar su imperio. El ecosistema sobre el que él manda, con un enorme poder. Y para eso muestra como sus pies están apoyados en un montón de periódicos. Lo que no es hacerlo menos poderoso, aunque parezca algo empequeñecido, ya que precisamente lo muestra pisoteando su enorme imperio. Nos dice que es la prensa (su punto de vista, a través de ella) es lo que lo hace tan poderoso. Tanto que no necesita hacer grandes cosas, porque ya sus periódicos las van a mostrar, incluso exagerando, como si realmente fueran grandiosas. Incluso siendo mentiras. Porque lo «bueno» del punto de vista ajeno, es que te puede hacer ver una verdad en donde no la hay. Se llama «construir la realidad», o construir el relato del poder establecido.

    El Imperio de Kane tiene sus pilares en un montón de papel. Pero papel que puede mentir y hacer que nos creamos que Kane es más grande de lo que realmente es.

    Y este ejemplo de la prensa kaniana (canallesca), no es más que un claro ejemplo de como funciona lo que aquí llamamos adn social negativo. Y, en este caso concreto, de un mecanismo de injerto o infección en las mentes humanas. Leemos el periódico todos los días (antes) y , a su través, asumimos lo que pasa en el mundo, contado con el punto de visita de «ese» periódico.

    Pero no es lo que pasa realmente, sino los trozos de realidad que el poderoso Kane quiere que tengamos grabados en nuestro cerebro. No cuenta LA realidad, el solo cuenta SU realidad.

    Así que un punto de vista empequeñecedor se puede también usar, para hacer grande al personaje. Imaginémosle pisando cabezas (o cráneos cadavéricos) y notaremos la imagen nos quieren transmitir, sobre ese poderoso pisacabezas.

  • Y otro muro menos terrible, cuando ya somos mayores, pero…

    … también muy importante.

    Filtros invisibles (o casi). Nacemos ciegos, de nada vale mirar, porque no vemos. Y podemos estar toda la vida sin ver, o ver solo «a medias». Pero lo malo no es ser ciego, sino hacerse. Porque el ciego de nacimiento aprende a usar los otros cuatro sentidos. Y, por conveniencia, lo aprende lo mejor posible. No tiene ganas de quejarse por el esfuerzo. Pero, ¿qué aprende a hacer el vidente? Aprende a mirar y ver, para tener una visión. Pero, si no se quiere esforzar, se contenta con llegar a tener una visión mediocre. Como el mediocre uso que puede llegar a hacer con su cerebro.

    Podemos llamarle a este muro filtro, que nos pone la sociedad delante, el enorme y profundo muro filtro de la CULTURA. El férreo filtro que supone la llamada Cultura, que puede dejarte como lapidado mucho antes de empezar tu recorrido por la vida. Y que no decimos sea tan terrible, como el de la falta de atención materna, porque sin esa llamada Cultura, se puede acabar siendo un ser humano completo.

    Y es la SAD quien pone el muro de esa Cultura. Así con mayúscula. La que se considera única cultura («la» de verdad!), despreciando cualquier otro retazo cultural, que la gente tenga en su cabeza. Viene a ser el filtro que separará a los cultos de los incultos. Un filtro que dejará pasar únicamente a los elegidos por esa SAD, para que renueven los cargos del poder ya establecido.

    Pero siempre estará la cultura, con minúscula, es decir lo que hace el ser humano a partir de ideas que tiene en su cerebro. Por ejemplo una cesta de mimbre o una rueda de piedra. Todo eso es cultura. Ya no digamos aprender a usar determinados signos (inventados), para comunicarse con otros seres humanos. Es decir, inventar el lenguaje humano.

    Pero la SAD se esmera en despreciar ese tipo de cultura, para poner arriba de todo, en el trono al lado del rey, una Cultura de élite. De la clase social de los poderosos. Una Cultura, a la que no llega la mayoría de la gente. Por ser pobre y estar oprimida, básicamente. En el caso de la imagen, en concreto, se trata de leer Ulysses de J. Joyce. Un gran muro filtro cultural, si no está uno preparado para disfrutar de su lectura.

  • Un ejemplo de muro filtrante…

    … que no lo parece.

    Podemos llamarlo muro intelectual, y puede ser muy filtrable o totalmente opaco. Porque el intelecto sirve para aprender cosas, que son muy necesarias para madurar. Y, por tanto, para sobrevivir. Para adaptarse positivamente al ecosistema donde te ha tocado vivir. Y, por eso, es esencial para interpretar los filtros ajenos, que te pongan delante.

    Porque, ese tipo de filtros (libros), los pueden usar (los adultos), para intentar frenar tu avance madurativo y que acabes así, como la típica pieza de engranaje en la maquinaria social establecida. Realmente más que un filtro, en ese caso (no te deja pasar), se trata de un muro de contención. Solo te dejará pasar cuando te haya convertido en una pieza eficaz para el engranaje social.

    Desde la escuela infantil, los muros/filtros intelectuales tiene una función clara de barrera. Solo los privilegiados deben atravesarlos, para pasar a formar parte de las promociones de crías humanas que, en vez de regenerar, van a ser los nuevos pilares de la reforzada SAD.

    Se puede decir que los muros «librescos», sobre todo si son libros que se deben estudiar como autoridades supremas del saber. Tipo el clásico Talmud judío. O, en su tiempo, la Biblia Cristiana.

    En el fondo tales muros son los muros/filtros trumpistas de una cárcel virtual, que impide desarrollar un vida natural y libre, como le corresponde a todo ser humano. Y más en su versión moderna de homo sapiens.

  • Incluso puede parecer que un muro es tan filtrable…

    … que nos invita a entrar.

    Sea por parecer abandonado. O por «hacernos ver» que algo nos está esperando detrás del muro. Y que nos lo merecemos, bajo cualquier falso atributo. Recordemos siempre el maleficio del disfraz. Y el filete virtual del Cifra.

    Muchas veces no somos más que lo que el muro deja reflejar sobre nuestra forma de ser. Es como un espejo donde nos estamos mirando. Y ocultando debilidades y fortalezas, tanto nuestras como de él, en función de sus intereses «particulares». ¿O será que los muros no tienen intereses propios? Y ya hablaremos del «fenómeno espejo».

    Y sí, estamos hablando ahora de muros filtro, pero de esos que tienen formas humanas, para ejercer su operación de filtrado. Esos que son los guardianes de las normas sociales, las que la SAD considera que debemos tomar como imprescindibles. Sobre todo si queremos vivir lo más libremente posible «dentro de un ORDEN».

    Que no quiere decir que somos libres totalmente, solo libres de buscar una adaptación al sistema social, que no nos provoque ganas de suicidarnos.

    Así de simple. Y, al mismo tiempo, así de complejo

  • Porque, cuando vemos un filete de ternera virtual,…

    … solo estamos teniendo una emoción virtual.

    Pero sí es una forma de vencer nuestro desasosiego : dejarse llevar por la creencia de que, lo que nos cuentan, es la verdad. Es lo que nos interesa creer. Porque nos dicen (las pelis y las religiones), que existen universos paralelos al nuestro, donde podemos tener vidas virtuales, que nos venden como reales, para que todas sean sensaciones agradables. Ahora o «después». Lugares donde el placer sea poco costoso alcanzarlo y, allí, nuestro sueños más profundos se mudan en «realidades» (virtuales). El típico paraíso.

    O, por lo menos, eso nos quieren vender (es «su» lavadora), los que propugnan esa posibilidad de intercambio con los llamados universos paralelos. Aunque no queda muy claro, en este contexto peliculero, la diferencia que puede haber (y hay) entre simples sensaciones y emociones más elaboradas.

    O sea que ya no sería interactuar con máquinas, sino llegar a ser nosotros mismos una variante virtual. Algo, en cierto modo, parecido al Avatar cameroniano. El problemas esencial, como decimos, es hasta qué punto la sensación del avatar no deja de ser un simple sentido, que opera en un universo paralelo al «normal». Sin ir tan lejos, ¿hasta que punto tu clon, cuando sea posible tenerlo, va a sentir las mismas emociones que tú?

    Sería el no va más, de la confusión entre mirar y ver. Ya solo vemos lo que simplemente miramos, porque es lo que nos dejan ver. Aunque sea cerrando los ojos, para que entre la realidad simulada que tengamos enfrente. Como el Cifra con su filete.

    Pero eso ya lo hacemos , cualquier pobre ser humano, con simplemente vivir ensoñado. No necesitas estar en ninguna Matrix made in Hollywood. O en una variante como es Westworld. Solo tienen que hacerte ver una realidad que no existe. Sea dormido o totalmente despierto.

  • Llegando a «ver» muertos, como…

    … si estuvieran vivos.

    ¿De qué nos vale ver las almas de los indios enterrados bajo tu casa, como Caroline (Poltergeist), o al amigo que te caía tan bien, pero que pasó a «mejor vida», como el niño de El sexto sentido?

    ¿De qué vale ser tan videntes, para luego no ser capaces de interactuar amistosamente con las demás crías humanas, que viven en tu aldea o urbanización? O para andar escapando por el patio del colegio, debido a que estás traumatizado, al no poder diferenciar entre realidad y ficción. O al amigo imaginario del «amigo» acosador.

    Como pasa en tu vida cotidiana, ¿de qué te vale preocuparte por los OVNIS, si no eres capaz de interactuar con los VRAs (vecinos reales aislados)?

    Mirar el Más Allá, cuando no ves el Más Acá, resulta una tarea ingente y totalmente improductiva, para desarrollar una maduración humana real. Y una maduración terrestre, no una maduración ficticia en una especie de Universo Paralelo.

    Está bien que te gusten las stranger things, pero creerte una Eleven solo te llevará a perder la capacidad de conectar con el Universo Real, ese que tienes justo delante de ti. Ese donde tienes que jugar tu partido vital. ¿De qué valen filtros, que permiten sentir fenómenos paranormales, pero no te permiten sentir a los humanos vivos que te rodean? Es un poco el cuento del LSD, usar una droga artificial para «conocer otras realidades paralelas».

  • Y así puedes llegar a ver…

    … a la Santa Compaña emigrando para Cuba.

    Tal como le pasaba al Fendetestas y al Fiz de Cotobelo, en el libro y vídeo ayer indicados. Porque hay momentos en la vida que puedes alucinar, viendo lo que no existe, tan claramente como puedes ver lo que sí existe.

    Aunque seria mejor decir, que ves lo que te parece ver, como si estuvieras soñando. Si la gente confunde mirar con ver, como no va a confundir ver con alucinar. Si la imagen grabada en el cerebro puede ser tan intensa, que puede hacer que un alucine pase por ser algo totalmente real.

    Poco nos pasa a los humanos, cuando somos adictos a todo tipo de droga química artificial, o droga mental producida por el cerebro, que también las hay, capaces de hacernos vivir en un mundo irreal, prácticamente las 24 horas del día.

    Y si somos aficionados a la religión o a la política, entonces ya tenemos muchos boletos, para que nos toque la lotería de la alucinación diaria. Estar subiendo escaleras al cielo (falso) las 24 horas del día, sin llegar a ser la décima parte de un místico poeta como San Juan de la Cruz.

    ¿Y qué vienen a ser los políticos, más que una procesión de almas en pena que se quieren «forrar», practicando el viejo esclavismo español en Cuba? LLevándose ya de paso, a otras almas gallegas, para allí mismo esclavizarlas de por vida.

  • Porque, a veces, la realidad se te escapa…

    … aunque la quieras tocar.

    Por mucho que la quieras agarrar (la realidad) te resulta imposible. Y cuanto más ganas le echas, más lejos parece que se va. Al final de poco vale que estés muy cerca de ella si la tienen opacada (oculta) para ti. Ahí juega su papel el FILTRO : seleccionando una parte de la realidad que miras. Y cuando ese filtro se vuelve totalmente opaco, entonces tendremos un MURO (que no deja VER). Esa es la diferencia entre un filtro que deje pasar algo, que deje pasar muy poco o, incluso, que sea opaco del todo. Como dijimos ayer (y anteayer), ¡alguien te la quiere colar!

    Y por eso era tan importante diferenciar bien entre mirar y ver. Porque mucha gente confunde el mirar la realidad, con ver esa realidad (realmente). Cuando, lo que está mirando no coincide con lo que ve, porque se deja grabar con más intensidad, el discurso icónico que alguien hace para suplantarla. Mediante un oportuno filtro social (no propio).

    Eso pasa mucho en política, donde la gente suele comprar el relato (la «laavdora») que le hace un político sobre determinado contexto, en vez de hacerse con una visión más real y propia de ese mismo contexto.

    Repetimos, mirar y ver no es lo mismo. Poner los ojos sobre una realidad determinada y grabar esa realidad en el cerebro son cosas totalmente independientes, aunque suela ir una detrás de la otra. Pero cuidado si alguien te cambia la cinta grabada en el paso de mirar a ver. O simplemente te regala un filtro que no deja pasar toda la realidad.

    Viene a ser el problema del bebé al que quieren convencer de que su madre es la nueva, una que pasó a suplantar a la verdadera. Por ejemplo, imaginemos que los cazadores de la madre del Bambi, le quieren convencer de que debe amar a una mamá suplente.

  • Porque, seamos sinceros, los peores/mejores filtros no tienen…

    … precisamente, forma de colador!!!

    Un buen filtro, sea bueno o malo (según quien lo implante)para contaminarnos a tope, puede tener forma de libro. Y hasta ser llamado La Sagrada Biblia. O puede ir vestido de cura, y tratar de decirnos que la salvación eterna (de la terrestre ya no habla mucho)no está en ser naturales y libres, sino en obedientes y auténticas ovejitas. Y bien dispuestas a ir en silencio al matadero. Incluso a matar a otras ovejas, si nos ponen un arma en la mano, después de lavarnos el cerebro.

    Y claro que también pueden ir vestidos de políticos. Eses que que nos venden una lavadora averiada, o con obsolescencia programada, diciendo que la necesitamos para lavar la ropa. Esa ropa que nos venden ellos y nos hacen cambiar tan a menudo. Llegando al colmo, de que nos la hagan cambiar antes de lavarla varias veces. Y es entonces cuando nos damos cuenta (si podemos) : ¿para qué la lavadora?

    Dicen que es para mantener la economía a salvo. Es decir, las cuentas corrientes de los adultos dominantes, que producen lavadoras y ropa. Y se inventan lo de la moda. Nada para hacer que las crías humanas estén realmente protegidas, ante los cambios negativos que pueda tener el ecosistema. Provocados siempre por esos mismos adultos, tan productores y vendedores como políticos.

    De hecho son eses mismos adultos que «te venden la lavadora», los causantes de que el ecosistema, que vayas a recibir como herencia, esté tan deteriorado, que acabarás más cerca de los dinosaurios que de un ser humano realmente evolucionado. Y sí, nunca lo olvides. Para colmo,TODO lo hacen por tu puto bien.

    Así que ellos te dirán lo que debes ver. Y si es posible (tienen poder), incluso lo que debes mirar. Como Yhavé a Eva.

  • Y hasta disimula un deconstruido galáctico…

    … llamado Darth Vader.

    Da igual que acabes totalmente deshecho, que si la tecnología está muy avanzada, podrá rehacerte y dejarte «casi nuevo». Porque sean humanos originales, sean clones humanos o sean seres de otra galaxia, humanizados o no (les llamemos como les llamemos), todos usan el mismo principio natural. Para avanzar como especie «de lo que sea», o simplemente para regenerarse solo hay un medio conocido : La evolución.

    Así que al homo sapiens generado naturalmente, le pueden entrar ansias de perfeccionarse como ser vivo humano. Aunque, en su caso, la adicción al poder, le puede llevar a querer ser algo así como un dios. Algo que se junta en lel caso de la renovación total del bueno de Anakin Skywalker, una vez transformado en el malo de Darth Vader. Y ya hablaremos de este DV, cuando queramos reflexionar sobre el hecho básico de que el ADN es , en cierto modo, tapable, pero nunca borrable.

    O puede suceder que a un clon de homo sapiens, como es el clon llamado replicante en la peli Blade Runner, le entre un deseo de vivir más allá de los cuatro años, que el ser humano le puso como fecha de caducidad. Y, entonces, se rebela…

    O como al bueno de Sonny, en Yo robot, que tiene ganas de ser capaz de mostrar sentimientos.

    O como la buena de Joi en la segunda Blade Runner, que suponemos acabará por desear corporeizarse, para pasar de ser un simple holograma 3D a poder pasear su garboso cuerpo por las calles de las distópicas urbes. Al final todos acaban queriendo ser lo que no son. ¡Mayor camuflaje imposible!