Etiqueta: curiosidad

  • Y siempre estará abierta…

    … a tu curiosa mirada.

    Porque da igual que sea rosa «rosa»e» o rosa «blancae», ella siempre te motivará para que la mires en profundidad. Es decir, que la veas, con la atención puesta en ver los muchos matices que te está mostrando, incluso con no tener gran cantidad de colores .

    Es casi toda blanca, salvo el centro de la flor. Allí donde los insectos podrán encontrar el maravilloso néctar, que andan a buscar incansables. Y, ya de paso, llevarse el polen, que servirá para que la reproducción de la rosa sea un futuro prometedor.

    Porque, a veces, la cosas a ver están como invisibles. Algo parecido a lo que le sucede a la mujer, en una sociedad tan patriarcal como la que rige el planeta Tierra. Aunque el cuerpo (y la mente) de una mujer determinada esté presente, casi todos los machos, y buena parte de las mujeres (con SEMC), también presentes, harán como si no la vieran. Algo parecido a lo que sucede en el cuento del rey desnudo, pero a la inversa. Donde «se ve» que haya ropa inexistente, o hacemos que «no vemos» a la mujer presente. O solo vemos las cualidades que el poder nos manda ver.

    Y por eso es tan importante aprender a ver más allá de lo que miramos.

    Por ejemplo en una flor, que viene a ser el elemento fundamental para que esa planta que la produce, siga teniendo futuro. Y si fuera un árbol que da fruto comestible, como la famosa manzana de Eva, entonces nos permitirá disfrutar de ese resultado final. O más bien parcial, ya que el fruto no es más que un paso intermedio, para darle alimento a la simiente que lleva dentro. ¡Y todo eso también es ver!

  • Porque todo punto de vista se determina…

    … por la intención del mirador.

    Porque a unos les gusta más mirar mujeres y a otros les mola mirar coches. Y a algunos mujeres en coche. Porque de nuestra curiosidad innata sale precisamente un tipo de pensamiento que busca un conocimiento. Porque queremos conocer una mujer o conocer un coche, en modo muy esquemático, pero real. Porque ese es el motivo de que exista nuestra capacidad genética de la curiosidad. Y por eso es vital que la hagamos madurar. Porque, ¿para qué queremos , si no, ser curiosos?

    Y esa curiosidad necesita una intención clara de usarla. No la tenemos de adorno. Sí, tenemos que ser curiosos, desde que nacemos, porque nos quedan una decena de añitos, para convertirnos en un preadolescente capaz de seguir siendo curioso. O, por el contrario, estar cansados de ser curiosos antes incluso de haber curioseado algo.

    Aprendamos del señor gato. Que no se muere por curiosidada, sino por faltarle la misma. O, como mínimo, por hacer un mal uso de ella. Porque la curiosidad necesita ir acompañada bastante atención (por lo que puede venir), pero, esa atención no vale de nada, si no va acompañada de su hermana la precaución.

    Tenemos que ser atentos, pero precavidos. Si faltan esas dos capacidades animales, entonces, es cuando el gato se sienta al borde del abismo y se va dejando caer casi imperceptiblemente. No es capaz de prever el efecto de la gravedad, o lo que puede salir del abismo, para arrastrarnos con él.

    No seamos puñeteros gatos, sin la atención/precaución que se necesita para seguir adelante.

  • Por ejemplo el Filtro Cultural de la ópera,…

    … ¿cómo traspasarlo?

    ¿Por qué se hace tan cuesta arriba disfrutar de una ópera? Incluso de una simple aria, que es lo más parecido a una canción tipo, en cualquier modo de cantar popular.

    ¿Por qué resulta tan clasista ese mundo que, si bien empezó frente a la aristocracia y la alta burguesía, solo está compuesto de las mismos sonidos que deleitan los oídos de muchos mortales, de baja estofa o claramente desclasados?

    ¿Qué puede tener este muro filtro tan clasista en su composición, para hacerlo tan tan impenetrable? O toda esa «gran dificultad», ¿será una mera apariencia? ¿Algo qué necesita un simple, aunque tremebundo, aprendizaje? Algo que, en la SAD actual, obliga a tener muchos cuartos, para formar parte de esa élite.

    ¿Qué tiene el hermoso latido bucal de la Reina de la Noche, en La flauta mágica del maestro Mozart? Solo música…

    ¿Qué nos impide amar u odiar, musicalmente, a esta vengativa mujer? ¿Cómo y cuándo se nos amputó tamaña capacidad humana?

  • Pero, ¿qué te hace ver…

    … cosas que «en principio no se ven»?

    Cosas que no existen, o bien que parecen no existir. Cosas que es muy difícil ver, si no te esfuerzas lo suficiente. Porque entonces, con este asunto tratado ayer de las creencias no comprobadas, que es lo antagónico del conocimiento, estamos ya de nuevo en la senda del VER.

    Porque igual que tenemos la necesidad de ser libres, también tenemos la necesidad de usar nuestra imaginación. No podemos vivir sin libertad y no podemos evolucionar sin imaginación. Porque no todo lo que podemos ver está de hecho en la realidad que nos presentan. O, como en este caso (imagen), en la representación cinematográfica de esa realidad. A veces supone un esfuerzo considerable ver lo que parece oculto a nuestros ojos ¿Cómo diferenciar entonces entre lo que vemos y lo que creemos ver?

    Escogimos una imagen icónica, del universo fílmico de un tal Houston (Centauros del desierto). En ella John Wayne parece que se está presentando, o, lo contrario, parece que se está despidiendo, de lo «poco» que aún le queda de familia.

    ¿Cuántas cosas podemos ver en esta «simple» imagen del Houston, con un JW que se va o se viene.?

    ¿Somos como la tribu que se cree todo lo que le cuentan, sean sus sacerdotes o los misioneros venidos de fuera, o queremos ser algo científicos… y amantes del cine, para buscar ese tipo de señales escondidas, que dejó el mago Houston dentro de esta mítica imagen? ¿y si, en el fondo, solo era el fantasma de JW, que venía a conversar con nosotros? Pero se tiene que ir, porque no estamos ya preparados para interactuar con fantasmas.

  • Porque mirar sin dejarse ver…

    … es un vicio muy humano.

    Es ocultar tus cartas en la partida de Póker Mirón. Pero con el fuerte agravante de que has obligado al contrario, a que enseñe las suyas. En cierto modo lo podemos asimilar a una especie de traición.

    En todas las capacidades genéticas, como ya hemos dicho, hay un gradiente de desarrollo. Pueden madurar mucho o poco. Su exceso de desarrollo puede ser contrario a un uso positivo de tal capacidad. Y viceversa.

    El arce engaña poco. Porque un observador que lo vea en dos inviernos, ya puede colegir que será lo mismo para el otro. Sepa de Biología o no. Además no se puede decir que su disimulo, haga mucho daño a ningún otro ser vivo.

    La capacidad de disimulo en un camaleón ya es otra cosa. Porque le es muy útil para comer él, pero está claro que hay efectos colaterales negativos, para los que van a ser su alimento. Aún así, ese grado de maduración en la capacidad genética es perfectamente natural.

    Pero, como siempre, en el humano es muy diferente. Ya que puede ser usado el disfraz para hacer reir a una cría humana, o para cometer su asesinato. En este segundo caso ya estamos haciendo un uso inhumano de una capacidad genética humana.

  • Eses humanos que tanto gustan de…

    … mirar (y ver), sin ser vistos!

    Gustan de no dejarse ver. Porque no todos los que se tapan, lo hacen para matar a la gente. Es más habitual, hacerlo por timidez o por vicio. Y, sobre todo, por espiar la forma de hacer más daño al consabido prójimo. Lo que podríamos llamar el arte del fisgoneo. Es como retorcer el disimulo, para usarlo en contra de «los vecinos». Si el Disimulo es una forma de arte, podemos decir que el arte del Tapado es una forma de antidisimulo.

    Porque dismular la timidez es una forma de engaño, por muy razonable que le parezca al que la tiene. Pero es un tipo de engaño muy leve, casi natural, ya que puede corresponder a una cierta debilidad, en la capacidad genética de defenderse : en vez de «echado para adelante», se trata de ser un poco «echado para atrás».

    Pero luego ya está el ejemplar de humano (tímido o no) que practica el voyeurismo, incluso hasta el acoso. Cuando el placer más intenso no lo da el ver a una mujer, por ejemplo, tanto como el ver que ella ve que la estás viendo.

    En este caso ya se trata más bien de un caso de sadismo, pues el sufrimiento ajeno es lo que a ti te proporciona placer. Aunque sea solo mirando lo que ves.

    Porque el famoso marqués se explayó mucho en el sadismo exacerbado, pero el pequeño mal, que realmente destroza la convivencia humana, es el sadismo de baja escala. El que se puede disfrazar como una simple manía de observar lo prohibido. El que supone un acoso en modo suave, pero prolongado, que le va quitando intimidad, poco a poco, a la persona observada. Hecho en la infancia, por ejemplo, o en la preadolescencia, puede despersonalizar, parcial o totalmente a una cría humana. Convertirla en un futuro objeto de uso para mirones.

  • Y el Disimulo es un arte que ya empieza…

    … en un «simple» vegetal

    Porque , al llegar el invierno, cuando el arce se desviste de su follaje, mediante un desfile de colores otoñales, no está mintiendo. Solo disimula corporalmente (disfraza su cuerpo), para que el señor invierno piense que no tiene superficies que congelar. El arce simplemente «se sienta» a esperarlo, de forma que no pueda ser perjudicado por su falta de calor.

    Y eso sí es genético. La capacidad de disimular, o adaptarse al contexto en este caso, para poder seguir siendo un ser vivo. Única forma de cumplir con la ley esencial para un ser vivo : sobrevivir a los cambios del ecosistema donde le tocó vivir.

    Así que nada de teatro kabuki ni teatro del siglo de oro europeo. Solo un vegetal necesitado, en este caso, de sobrevivir a los cambios que la naturaleza (sea lo que eso sea) provoca en el ambiente que rodea a todo ser vivo. Su ecosistema vital.

    Y desde luego que no hay inteligencia alguna, ni siquiera simple instinto, detrás de estas medidas de adaptación al medio. Sólo una gran capacidad para variar las condiciones corporales, cuando el ecosistema lo demanda. Buscar un disfraz que despiste al invierno.

    El exceso de disimulo (la mentira) es solo una capacidad artificial, que te da el adn social negativo, que la SAD te ha injertado/infectado. Porque cada plaza que ocupas en la maquinaria social, requiere un determinado tipo de disfraz. No hay otra. Y por eso te hacen cambiar de piel. No simplemente de ropa.

  • Porque ver es algo más que mirar…

    … y mucho más complejo!

    Aprender a ver. Vaya cometido más simple, para un alumnado que se considera superdotado, aunque no pase de mediocre (como versión de homo sapiens). Queremos ver mejor que mi estupenda perra (una de ellas), pero no queremos esforzarnos demasiado en esta remontada bloguera.

    Como si hubiera que aprender la ecuación de Einstein, sobre la relación entre energía y masa, que, para colmo, parece resultar algo imprecisa, tal como está formulada desde que la escribieron por primera vez.

    Y no, no es igual de misterioso y difícil que aprender una fórmula física, porque esto de VER es mucho peor. Mirar es ponerse frente a la realidad, ver es percibir claramente una porción de esa realidad. Es el cacho de pizza que nos queremos llevar a la boca. No llega con mirar la pizza, necesitamos saborearla, para poder hablar de ella.

    Aprender a ver, es decir a grabar lo percibido, resulta una tarea que puede ser gigantesca. Y más teniendo en cuenta nuestro pequeño tamaño relativo, frente al Cosmos. Y ya no digamos nuestras escasas ganas, como humanos, de esforzarse en aprender algo nuevo. Somos así, y la naturaleza (sea lo que eso sea) no puede hacer mucho, para mejorarnos como especie. Realmente no le dejamos.

    Lo que sí todos estaremos de acuerdo, con el mínimo esfuerzo de visión preciso, es que Nicole es Nicole… pero, ahora toca atender un poco al Carl (Sagan), en su viaje por el universo visible.

  • Y por eso, de nada vale MIRAR,…

    … si no queremos o no podemos VER!!

    LLegados a este paso del camino, conviene remontar. Porque hemos hablado de mirar y luego ver, para observar bien lo mirado. De que hay varias formas de mirar, pero muchísimas de ver. Y por ese motivo estuvimos mirando/viendo, algunos ejemplos de como nos miran/vemos diversos ejemplares de ser humano y, además, en diversas situaciones de mirada… Ahora nos centraremos en VER. Porque, además, si juntamos la mirada de muchos, entonces el fenómeno de ver se complica un montón.

    También hemos hablado de querer ver o no querer. Incluso de no poder ver, sea por una prohibición tiránica, o por simples ganas de no esforzarse en ver con atención lo que miramos. Hasta hay mucha gente que prefiere no mirar. Lo que también se viene llamando «mirar para otro lado». Deporte muy habitual en los tiempos que corren. O, como reflexionamos ayer, ¿cómo combatir las creencias (religiones),que nos hacen odiar a otros seres humanos (Biblia dixit)? Habrá que esmerarse mucho en ver lo que tenemos delante.

    Porque mi perra Uma, no puede ver mucho de lo que mira. Más allá de sombras en blanco y negro. Claro que, para «ver» igual o mejor que su amo, tiene un oido y un olfato inmejorable. Con eses dos sentidos aprecia mucho mejor que yo lo que tiene delante. E incluso a varios kilómetros de distancia.

    Hablemos entonces un poco más de lo que significa el concepto ver.

    Y de paso que hablamos, pensemos (una forma de ver en profundidad) lo que significan los diferentes puntos de vista, cuando son varios los videntes. Un valioso aprendizaje.

  • Y por eso, cuando miras, es bueno juntarse…

    … con otros que miran igual.

    Porque no vivimos solos. Existen los que podemos llamar «los otros». O, como decía Jesucristo, el llamado prójimo. Que simplemente es el que vive «próximo» a ti. Y así, de esta forma, conseguir que las arrugas del cambio social se hagan menos dolorosas, porque son arrugas «en compañía».

    Pero volvemos a lo mismo : Podeis mirar igual, tu camarada y tú, pero nunca, nunca, vais a ver de igual forma. Ni siquiera parecida.

    Y no necesiatamos ser el Jack del Titanic, para demostrar que no todos verán igual a su amada Rose. Sobre todo cuando toque despedirse tan húmedamente. Como en el interior del Ford, pero con mucho mucho más frío, como les sucede en la famosa tabla/congelador.

    No es igual ver a la mujer que todos miran igual, pero a ti te hace tilín, de tal forma que muda incluso tu forma de mirar. La hace más intensa, aunque la dirección de tu mirada sea la misma que la de tu colega viajero. Recordemos como Jack la veía luego, al dibujarla en el camarote.

    Porque, no nos cansamos de decirlo, mirar a Rose no es lo mismo que ver a Rose. Con todo lo que ella significa, para ti, a partir de esa mirada inicial.