Etiqueta: curiosidad

  • Sin mamá loba, el lobezno…

    … no sobrevive.

    Así que el primer paso debe ser este : Hay que atender a mamá. Ya desde la cuna, o en el sitio donde actuamos como bebés. Y eso sí, siempre que no nos maltrate.

    Porque la naturaleza (sea lo que eso sea) es sabia, pero no tanto como para prever, la capacidad artificial adquirida (no natural) de una madre humana, para ser maltratadora de su propio hijo. No hay que pensar en Abraham, aún siendo macho, para saber, a estas alturas de la Historia, que el mayor porcentaje de maltrato infantil se da en el seno de la familia tradicional.

    Eso es algo que no pasa en la guarida del lobo. Allí no hay maltrato posible.

    Pero el ser humano se considera amo y señor de sus hijos, por lo que puede hacer (cree él) con ellos lo que quiera. Como, por ejemplo, sacrificarlos a un dios o convertirlos en prostitutas y prostitutos.

    ¡Cuánto hay que aprender de los lobos!

  • Y no vale con parecer curiosa…

    … ¡ni siquera amable!

    Porque la curiosidad viene marcada en el ADN, pero no es, precisamente en el de una vaca, en donde esa capacidad genética está muy reforzada. A ella le llega incluso con tener menos curiosidad que el gato. Así sufre menos cuando la llevan en el camión, camino del matadero. En cambio un gato tiene que aprender a cazar y defenderse. Necesita mucha más dosis de curiosidad.

    Y, por supuesto, caerle bien al amo, es otra de las capacidades que una vaca no porta en su ADN. Y un felino tampoco. No confundamos simple astucia por «caer bien», con muestra compleja de afecto gatuno.

    Todo lo más que puede mostrarnos una vaca, es esa curiosidad por no tener curiosidad. Como el típico alumno preadolescente, que, a principios de curso, te mira con aire vacuno. Es como si te preguntara : ¿qué haces tú, hablando conmigo, si yo no tengo putas ganas de escucharte? Déjame pastar, vienen a decir ambos. La vaca su pasto. El alumno desatento, «pasta las moscas» que le están llamando la atención dentro de su escuálido (por mal usado) cerebro.

    También es cierto que , muchas veces, el maestro tampoco tiene la curiosidad suficiente, para indagar qué tipo de moscas le andan revoleteando por dentro del cerebro, al que, se supone, es su alumno a «desbravar». En el fondo es un simple juego de «toma y daca». Algo así como el famoso «truco o trato», del no menos famoso Halloween.

    Las coincidencias no suelen ser muy raras, pero, si son negativas, siempre son perjudiciales.

  • Pero, antes de ver…

    Pegada de Leia e miña, na area da praia...

    … aprendamos a mirar.

    En la arena de la playa quedan impresas dos huellas. Una de una perra y la otra del humano que sacó la foto.

    Pero si nunca nos molestamos en aprender la forma de las huellas que dejan nuestras pisadas… ¿Observamos el suelo, cuando ha pasado un padre o un amigo? Y, más difícil, ¿nos fijamos en las pisadas de un simple chucho?

    ¿Cómo vamos a saber lo que pueden significar esas dos marcas en la arena.

    La curiosidad obliga a observar, pero si antes no aprendimos a ver alguna vez lo que estamos ahora mirando, entonces no veremos nada. Serán marcas sin significado alguno, para nosotros. Y por eso es vital el trabajo de la memoria.

    Eso nos pasa cuando vemos cine o escuchamos música. El lenguaje cinematográfico y el lenguaje musical son algo ajeno a nuestra memoria visual y auditiva. No nos dicen nada, porque nada sabemos de ellos. Pudimos ver una escena cinematográfica o escuchar una pieza musical, pero no nos preocupamos por guardar algo de lo visto o de lo oido. Así que, el siguiente paso a observar, totalmente ineludible, es memorizar lo observado.

  • Además, no todo lo que se ve…

    … se puede ver sin esfuerzo.

    Si miramos una flor, por muy bella que sea, se puede ver todo lo que ella tiene, a simple vista. Es decir, no se precisa profundizar mucho en la mirada (observación), para ver cosas que no hay. Aparte de los componentes físicos externos que forman la flor. Y, desde luego, los nombres que puede tomar, en función de sus características como vegetal. Así como su relación con diversos seres vivos , para favorecer su polinización. Todo eso forma parte del estudio de una flor.

    Y hasta podemos notar que la flor irradia más o menos belleza, en función de nuestra capacidad de observación.

    Si somos curiosos y nos acercamos lo suficiente, como decimos siempre, nos podemos adentrar más en ciertas características de color, puede que de olor y, sobre todo, del aporte ambiental a esa flor. En este caso las gotas de lluvia que la visten.

    ¡Pero no hay más!

    No estamos mirando para una Marilyn ni para una Scarlett. Donde seguro se esconden gemas , que nos quiere ocultar la sociedad adulta dominante.

  • Pero, ¿qué podemos ver…

    … cuando vemos a Scarlett?

    ¿Lo que nos venden?

    Porque la industria de Hollywood, como pasa siempre, se ha inventado una lavadora llamada Scarlett, que viene siendo la actual versión de la lavadora Star System de los años 40 y 50. Y que luego se fue modernizando a lo largo de las decádas de los 60, 70 y 80. La Star System Minus, más sofisticada y aniñada, pero igual de despersonalizada.

    Una carrocería lo más vistosa posible, en la que no se escatima gasto alguno. Para embellecerla cada vez más.

    Pero luego se deja invisible toda la capacidad de actuación que la actriz posea. Se puntúa lo necesario para que luzca palmito. Lo que tenga dentro de su cerebro, mejor que quede en stand by, mientras siga siendo la estrella de Hollywood que todos deseamos ver. No, mejor dicho, la que queremos mirar.

    Con mucha luz artificial en su cuerpo, pero apagada totalmente en su cerebro. La gran Marilyn fue un gran ejemplo. Despreciada hasta por el intelectual de turno (AM), no solo por su presi.

  • La realidad es poliédrica, pero…

    … si no vemos, ¿cómo avanzar?

    Mucha gente mira pero no ve, o solo ve a medias. La función vital del ser humano que contiene la visión, necesita madurar como todo el cuerpo humano y sus capacidades. Hace días hablamos del esfuerzo necesario, como cría humana, para conformar un cerebro que nos valga, como defensa y como órgano adaptador a los cambios del ecosistema donde vivimos.

    ¿Cómo vamos a dar los primeros pasos , si no sabemos bien por dónde vamos? Hasta para agarrar los barrotes de la cuna necesitamos verlos. Y saber cogerlos.

    O sea, que la primera capacidad a desarrollar debe ser la observación. Ese mirar atento, y con cuidado, a lo que nos rodea. Y eso precisa un cerebro bien organizado. Lo que hace imprescindible un cerebro bien coordinado.

    Porque ser curioso, sin observar bien lo que miramos, es meterse por un camino muy peligroso. Eso es precisamente lo que mata al gato. No lo mata caminar. Lo que lo mata es dar pasos de ignorante. No saber captar las posibles perspectivas de un objeto, que tenemos delante de los sentidos.

    Un gato con cerebro poco trabajado, cuando era cría, será siempre un amigo de ser engañado, en sus paseos por el ecosistema donde vive. Sobre todo, si este sufre cambios, será incapaz de adaptarse.

  • Los primeros pasos

    Tener curiosidad es fundamental para avanzar…

    Ya lo digo muchas veces en otro sitio, pero la curiosidad no mata al gato, porque lo que lo mata es la ignorancia.

    No observar la realidad, con atención y cuidado, implica ponerse en peligro, cuando estamos dando nuestro primer paso por un ecosistema donde nos tocó vivir. Normalmente, sin que nosotros lo escogiéramos.

    Así que, observar esa realidad que tenemos enfrente, será indispensable, para saber si podemos dar el primer paso o no.

    Y es que la realidad es multifacética, por lo que la capacidad de observación debe estar bien madura, porque, en caso contrario, nos filtrará la realidad de una forma errónea.