
El ser humano, a partir de los homínidos con poca inteligencia racional, no trae en su ADN un biogén, que le pida ser diferente de otros humanos.
Solo supone una diferencia : existen dos sexos, para favorecer la diversidad reproductiva y que los biogenes, digamos negativos, pudieran difuminarse entre los positivos. La naturaleza ya dispuso ese mecanismo, para evitar la concentración genética… Algo que los humanos empezaron a pervertir, al juntarse en tribus y favorecer la reproducción consanguínea, en vez de apoyar la que mostrara mayor posibilidad de usar diferentes fuentes genéticas.
Pero siempre fuimos amigos de llevarle la contraria.
E igual pasa con los sociogenes. Nos empeñamos en evitar la diversidad, haciendo que los dirigentes de un grupo humano se intenten reproducir en un grupo reducido de corifeos. Podemos etiquetarlo como el Síndrome de Estocolmo de la Reproducción Endogámica. Su máxima expresión se cuando los monarcas se quieren reproducir solo dentro de su familia. Y algo menos problemática, suele darse en los Departamentos universitarios.
Pues así funcionan las llamadas vanguardias revolucionarias : son capaces de parir dos tipos de pueblo, a partir de un solo pueblo. Hacen magia social (antirrevolucionaria). Y es lo mismo que hacer del pueblo una idea, por la que dicen se debe luchar, pero sin especificar a qué tipo de pueblo se refieren en realidad : si al alfa o al beta. Al más puro estilo socrático, han convertido al pueblo en una jodida idea abstracta, que ya no sabemos a qué se refiere realmente.








