Y el que fuma ya se considera un hombre, en su malsana concepción de ser un machote «hecho y derecho»… Y el que mata, no digamos… porque, además, fumar se puede dejar, pero lo de matar ya es totalmente imborrable. De ser un soldado armado, pasas a ser un paria desalmado. El cerebro y los pulmones no son comparables. En los pulmones no reside el instinto animal que sí reside en el cerebro.
O, también podemos decir, pasas de tener conciencia de ti, aunque sea en construcción, a tener conciencia de lo que has perdido, aunque solo sea una aproximación. Lo que pudieras llegara ser si no hubieras matado.
Eso es indeleble. No hay gen biológico que pueda taponar una herida como esa, por donde chorrea tu pasajera humanidad.
Así que, como bien dice el niño soldado de la imagen, una cosa ya bien sabes : que nunca, nunca, volverás al punto de partida, dónde estabas antes de ser armado. Cuando aún no habías saboreado el placer de matar.
Y hay que aprender rápido… porque, en caso contrario, el poder se volverá en tu contra.
Como pasa en la pandilla del barrio, dónde te exigen una integración rápida… y demostrando que eres capaz de hacer lo que hacen todos- cuánto más malo peor- para así considerarte un «hermano»…
Y no hermano de sangre, aunque te hagas un corte y ellos lo consideren de un grado muy superior al genético: es la hermandad de ser uno como los otros, de poseer el mismo tipo de gen social negativo, que se supone tienen todos los de la pandilla.
Ya da igual tu gen biológico. Y tu fenotipo biológico… solo necesitas mostrar tu nuevo fenotipo social negativo. Y decimos negativo, porque el positivo no te lo van a dejar mostrar. Porque es ese negativo el que será tu nueva seña de identidad grupal.
Y decimos que no será positivo para ti, porque lo que era positivo para ti ya será siempre negativo para la banda, para tu nueva familia, y viceversa : lo negativo para ti, objetivamente (tu pérdida de conciencia, de tu libertad), será lo positivo para ELLOS. Serás un eslabón más de la cadena de poder, que se ejercerá al nivel que sea : familia, calle, barrio, ciudad, comarca… Han conseguido así, que cambies tu escala de valores humanos… ya eres un perfecto zombi. Eso sí, en general inconsciente. Además ellos solo te llamarán soldado.
Porque sí, porque, todas estas cosas de las que hablamos, son ideas que se fijaron en la mente cartesiana de la que llevamos hablando mucho tiempo. Y esas ideas son lo que da pie a hacer un tipo de política. Incluso la política del que dice que no hace política.
Porque esa idea se va gravando, o injertando, como nos gusta decir aquí, paara darle un significado vital (algo que tiene vida propia, como idea) a ese concepto que denominamos gen social, sea positivo o negativo.
Porque esa idea injertada va madurando, tal como hace el gen biológico. Se va haciendo más grande, más intenso, hasta ocupar un espacio de la mente, que ya le da categoría de idea asentada.
Porque una vez que ocupa su espacio propio, que ha montado su cuarto propio, como bien decía Virginia Wolf, ya puede empezar a tomar decisiones por si misma. Es una idea que se mantiene como independiente de otras ideas que pululan por tu misma mente… y, lo peor (o mejor) es que ya puede discutir con ellas.
Porque puede ser que esa idea , en principio solo autónoma y luego ya independiente, de alguna extraña forma, se convierta en otro yo. Ese otro yo, que va a buscar una parcela de poder dentro de tu mente. Con ganas de tener un ejército de ideas propio, es decir, ir asimilando otras ideas adyacentes, que van surgiendo. Para así defender mejor sus posiciones ante el Yo principal.
De hecho, la filosofía, puede estar ligada al poder… aunque más que de filosofía se tendría que hablar de política. Es el caso del que no quería ser emperador, solo acabar con la mala República. Que sufrió como César la primera gran traición de la política romana y que usó la mentira cuanto pudo, si eso le beneficiaba… ¿Qué tantos genes sociales negativos no tenía bien metidos en su poderosa mente? El senado romano era un mentiroso compulsivo, en su conjunto, pero Julio César no lo era menos.
Y así le fue al Imperio que parió. Abocado a hacerse tan grande y tan antidemocrático, por antisenatorial (aunque estuviera mal elegido), que sentó las bases de su propia destrucción futura. El arte de las mentiras se hizo una cultura tan necesaria, en la política romana, que ya todo fue cuesta abajo, por mucho que pareciera subir.
Y lo bueno es que engañó a muchos estudiosos del Imperio, ya que supo disfrazar esa cultura del engaño y la política esencialmente inhumana, con una política de elaboración de leyes, que disimulaba sus verdaderas intenciones, ya que luego no eran aplicadas.
Porque, no nos engañemos, sus leyes para organizar la sociedad romana, incluida su población esclava y extranjera, era un subterfugio para realmente seguir explotando una minoría de romanos a la inmensa mayoría de los demás seres humanos. Eran todo mentiras. Sacrosantas y monumentales mentiras. Como las que usaban en sus guerras de conquista, cuando la palabra dada no valía ni para tirarla al río. Era un reflejo de la falsa democracia ateniense, un gobierno de la minoría con el poder del dinero.
El Imperio Romano hacía muchas obras para que se desplazaran sus legiones y pudiera volver por ellas el material robado, esclavos incluidos. Eso la hizo muy famosa. Pero también debe ser famosa por la inmensa cantidad de mentiras, traiciones y asesinatos que cometió. Y, para más inri, en nombre de la justicia y de la libertad. Pero siempre era la justicia y la libertad de los poderosos romanos, ni siquiera la plebe podía oler tamañas exquisiteces. Y la mujer ya, ¿para qué?
No solo se atreve a mentir, diciendo que el lugar de la mujer es la cueva, que para colmo, dice también que ambos son del hombre (amo de la cueva y de la mujer o mujeres). También le prohibe pensar. Más allá de cómo satisfacer su barriga y lo que le cuelga un poco más abajo.
La gula y la lujuria son etiquetas sociales del macho, que no gusta mucho de que se lo recuerden, pero tampoco hace ascos al pensar en tamañas virtudes. Pensemos por un momento en los grandes patricios romanos y en su amor desaforado por la mesa y el sexo a tope. O los grandes Papas de Roma, ejemplo claro de pomposidad y lujuria. Y quien no lo tenga claro, que se lo pregunte a Lutero.
El hombre unidimensional que decía el otro. Empeñado siempre en medir si lo que le cuelga cumple el estándar oficial o no.
Y recordando al amigo Quevedo, lo que le cuelga no es precisamente su nariz.
De lo que sí está muy claro es que derrocha mentiras, como si fueran los hilos que cuelgan de una nube muy gris. Aunque luego la fama se la echen a las mujeres. Una clara ventaja del patriarcalismo.
Entonces sí que la hemos jodido. Porque no se sabe en que momento de la Historia Humana, más bien de su Prehistoria, el macho decidió que la mujer se quedara en la cueva, mientras la limpiaba , así como cuidaba de la prole, y ellos se dedicaban a la caza… y, sobre todo, a conversar sobre lo divino y lo humano.
Amazonas aparte y las nuevas indagaciones sobre la mujer cazadora, aquí nos limitaremos a lo ya sabido : en algún momento se sentaron las bases de una sociedad patriarcal, tal como la conocemos ahora.
Porque lo de menos es si existía el gen social positivo de ser mujer cazadora. Si el machismo imperante consiguió que desapareciera del mapa genético social, es como si no existiera. Desde hace millones de años, todo lo más que ha existido es la Diana cazadora griega.
Y lo que sí existe es el hombre cazador. Y, mucho peor, pensador. Como si fuera una exclusiva del macho. Relato social al que se ha aferrado el machismo, como mínimo hasta el siglo XIX. Que no es precisamente muy poco.
Y sí, con esa marcha ya empezaron a rodar las Grandes Mentiras de la Humanidad. Por ejemplo que la esclavitud era un fenómeno perfectamente natural (biológico). ¿Verdad Sócrates?!!!
Lo que no evita que puedan caer en cierta deriva machista. Porque, frente a la hembra, el gen social negativo de considerarse superior a ella, lo tiene injertado todo hijo de su madre. Salvo que la madre sea una loba y no lo haya contaminado mentalmente.
Es como si el hecho de haber obedecido a tu madre, cuando eras una cría, te hiciera sentir la necesidad de no dejarte influir por su posible sucesora, según te vas haciendo mayor.
Tengamos en cuenta que también las mujeres se pueden sentir con ganas de no concederle a las demás (mujeres), toda la valía que realmente puedan tener.
Pero sí, puede que estemos elucubrando de más, con la sana sensación de que no está mal tratar de filosofar. Aunque eso Camus puede que no se lo crea.
Para algo el gen social de nuestros yos les lleva, a casi todos, por la senda de la reflexión incesante. En busca de nuevas explicaciones a nuestro errático y, a veces, fatal comportamiento.
Porque hay seres humanos, nacidos machos, que se sienten algo «desubicados» en su papel masculino. Pero vamos a centrarnos en aquellos que lo tienen muy claro. O que, por lo menos, no desearon afrontar un cambio de rol sexual, en lo que llevamos de historia.
Tiempos llegarán para meter aquí a todo tipo de ser humano nacido de mujer. De lo que viene después (útero artificial…) ya no estará ninguno de mis yos para comentarlo. Y, si alguno llega a reencarnarse en un gato, poco nos importa lo que le suceda.
La cuestión esencial es que, como pasa con la hembra, meter a todos los machos en el mismo saco, resulta tan grave como echar al agua el típico saco lleno de inocentes gatitos. Un atentado contra la humanidad del ser humano.. y más en su versión actual de homo sapiens. Y contra su maravillosa diversidad.
Un querer frenar el proceso evolutivo del ser humano hasta límites realmente muy peligrosos.
Y aunque no cobre por posar. Es como si le «saliera de dentro». La fama se. la lleva la hembra, como quien disfruta del postureo, pero es el hombre quien lo lleva en su gen social negativo, bien aprendido.
Porque la mujer también tiene su gen social negativo, que la hace exponerse para el macho. Mucho más allá de lo que pueden mandar unas simples hormonas sexuales, encargadas de la atracción sexual natural y libre.
Y eso son muchas horas, y días, y años, de aprendizaje impuesto socialmente, para que el macho que la contemple se quede claramente impresionado.
Por su físico, claro!!!
De hecho tiene buena razón el AD, cuando presume de su físico , mucho más incluso que la BB, pero con la desfachatez de que hace que parezca como natural. Mientras que la desfachatez algo impostada de una Bardot, se venda como una mezcla de descaro y ataque al carácter moderado de la sexualidad del macho. Que se vende como «moderada», aunque tenga una libido totalmente fuera de control. Pobres ellos, que son constantemente acosados en su pía sexualidad machista.
Porque NO, no se nace guapo (ni feo). Aunque sí es cierto que se puede nacer más o menos deformado, por razones genéticas o de parto. Pero, si las normas sociales imperantes en el ecosistema donde naces valorasen mejor la deformidad, entonces la cosa sería muy diferente. No olvidemos que para todo hay una primera vez. Y en un mundo, que ama lo deforme, el Apolo de Belvedere o la Venus de Milo serían declarados feos oficiales. Aunque la Venus podría ganar algunos punto, debido a que le faltan los antebrazos.
Esta pasión por «lo guapo» es uno de los genes sociales más profundos y persistentes que tiene el imaginario colectivo del planeta Tierra. Aunque realmente es un constructo social, que, por incidir en nuestro comportamiento social, podemos llamarle gen social. Y considerarlo negativo, si nos aferramos a él, olvidando que pertenece al «mundo europeo», debido a su transmisión a través de la cultura grecolatina. No podemos hacerlo un gen social global.
Y podemos aprovechar esta entrada en el mundo macho, para hacer ver como incluso el mismo gen social no actúa de la misma forma en el macho que en la hembra. Hay un gen social negativo que ridiculiza la enfermiza persecución femenina por una belleza extrema. Además de que se vende que es para agradar al macho (otro gen social negativo que porta el macho como síndrome directo y la hembra como síndrome indirecto). Pero, por otro lado, no se quiere reconocer que ese tipo de gen (ansiar ser guapo según cánones sociales) también lo lleva injertado el macho, y aún peor : bastante agudizado, aunque, eso sí, más oculto.
Y ya como gen social negativo, de tipo insano mental y físicamente, podemos poner el ejemplo de la obsesión por estar delgada. Eso tampoco es biológico, se trata de un injerto social durante la adolescencia. En cierto modo nos sirve para ilustrar un tipo de gen, que actúa muy profundamente, y copando nuestra mente, de tal forma que llega a evitar el funcionamiento de cualquier circuitado neuronal, que quiera ayudarnos a razonar. De hecho es capaz de crear una imagen virtual, que se superpone a la imagen «real» del espejo.