Categoría: política

  • Y, como no… la simple riqueza!!!

    Ser un yo criada, o ser un yo príncipe, o ser un yo de lo más pobre en los 7 Reinos, aunque luego acabes siendo caballero… o siendo el típico hijo de papá, que ya nace rodeado de dinero, sea por ser empresario triunfador o por preclaro narcotraficante… todas ellas son variantes de un mismo proceso social (y genético). Todos son seres humanos casi idénticos, pero su ecosistema nacimiento los hará diferentes, incluso muy muy diferentes.

    ¿Qué pasa con ellos?

    Van marcados por el adn social positivo de las crías humanas ricas… aunque en sentido estricto (científico) llamarle «positivos» a este tipo de genes no es del todo correcto… porque, ¿suponen realmente un avance en la maduración natural y libre del niño rico, o, más bien, le enmarcan en un tipo de maduración poco natural y libre? Tipo : el dinero no da la felicidad.

    Porque si hay algo artificial en la vida humana es lo que podemos llamar vida predefinida de un niño o niña rica. Van después de los descendientes de reyes, a la hora de medir su infelicidad real..

    Y es que, a diferencia de la neutralidad directiva de los biógenes, los sociógenes pueden ser tanto positivos como negativos… dependiendo precisamente de la conducta, que vaya a tener en el futuro la cría humana que nace nadando en la riqueza. Puede llegara ser, tanto un rico «humano» como un rico depredador.

  • La pobreza también se «hereda»…

    … y gracias precisamente al llamado (aquí) adn social negativo. Porque el positivo seria el que favorece la desaparición de esa pobreza familiar.

    Tocamos el sociogén que nos hace sentirnos criados (y sentirnos bien incluso)… Luego tomamos a un príncipe de Juego de Tronos (Oberyn Martell), para reflexionar sobre el hecho de que tiene un sociogén que lo hace príncipe y otro que lo hace vengador de su hermana… de ahí su pelea con el llamado Montaña.

    Pero en esa serie sale un barrio característico, por residir en él los humanos más pobres de los Siete Reinos. El Nido de Pulgas… un lugar abandonado de todos, humanos y dioses, que es también donde nace el llamado «caballero de los 7 Reinos». Una serie de TV, de dónde está tomado el fotograma de arriba…

    ¿Qué nos puede decir una ojeada sobre este barrio, a la hora de estudiar el comportamiento futuro de este caballero?

    ¿Qué puede diferenciar al príncipe Martell, de este futuro caballero, que aún no tiene siquiera un nombre.? Es decir, es un ser (existe), pero no tiene un yo propio.

  • Un ejemplo muy tópico : la realeza…

    Y no, no nos hemos olvidado del problema de los seres humanos que se sienten de otro sexo. Solo queremos desbrozar bien el terreno, para cuando lo volvamos a surcar.

    Así que antes escogemos otro ejemplo típico de seguidismo genético social, aunque en en este caso pueda haber cierto grado de seguidismo biológico.

    Veamos, ¿Qué puede heredar un príncipe de sus padres los reyes? ¿Quién puede pensar que el hijo del rey no será el nuevo rey?

    Desde la cuna se puede hacer que, incluso un plebeyo, se acomode en el papel de príncipe. Observemos ese ejemplo de gran cine de Hollywood Los diez Mandamientos. Y su arquetipo de niño judío convertido en descendiente de faraón.

    El caso de Moisés, que cuenta la peli, es muy ilustrativo, aunque no lo razonen mucho en la peli, como un ejemplo de que los biógenes pueden llegar a ser despertados, neutralizando algo (o bastante) la ocultación que intentaron hacer los sociógenes sobre ellos. Como tampoco se incide en la posible influencia de esos sociógenes, para hacer de Moisés un patriarca no muy flexible precisamente. En el fondo, una mezcla de patriarca faraónico. Superado el fenotipo ambiental, resurge el genotipo biológico.

  • E incluso se transmite de padres a hijos…

    Ayer hablamos de un caso típico en la formación de un yo. De la cría humana que sufre una calificación diferente, en su vida de barrio o de escuela, lo que puede llevarle a ser acosado… y hablamos de lo que necesitamos para estudiar su cambio (o no cambio) de conducta con el tiempo : o mantener su yo de ser considerado diferente, incluso reforzado (sociogén negativo) o, por el contrario, ir superando esa condición social (artificial), con la inestimable ayuda del sociogén positivo que le llegue a través del ambiente social donde se desenvuelve como persona.

    Porque la genética social, mucho más que la genética biológica, está ligada directamente con el fluir y el permanecer del ser/yo, que estamos construyendo, queramos o no, a lo largo de nuestra vida.

    Pero lo que llamamos sociogén es como un fotón, no tiene materia concreta encima (una masa), pero su energía se puede transformar en materia , en cualquier momento de su «vida» (inanimada), como bien nos dijo Einstein ( E = mc2).

    Es algo que está en permanente cambio, como el río, pero al mismo tiempo permanece su esencia, que es lo que identifica a un río, para hacerlo igual y diferente de otro río. Fluidez (dinámica) y permanencia (estática) es lo que caracteriza a un sociogén. Y es algo que no tiene un biogén, ya que él puede decaer en intensidad, hacer que no se note externamente («fenotipo«), pero que sigue ahí, dormitando.

    El sociogén no se comporta igual, esta «especie de fotón» (energía sin masa), puede ir cogiendo más intensidad con el tiempo o perdiéndola, si interviene otro sociogén de la misma familia, pero más importante. Ya que, en esencia, debe ser transmisisble de padres a hijos, o entre amigos (camaradería intensa). Y aunque luego pueda sufrir los embates de otro sociogén (por ejemplo, uno positivo) y hacer que casi desaparezca. Es decir, que hablamos de un constante juego de fluidez y permanencia. Lo que hace que, esquematizando un ejemplo, nos despertemos como criados y nos acostemos como nobles (de pacotilla). Puede ser interesante visualizar una peli como My Fair Lady, donde una simple florista de barrio acaba pasando ante los demás por una señora muy culta.

  • Pero el ser/yo también PERMANECE…

    Y ahora volvemos al eterno problema, como si fuera un eterno retorno… pero en clave de la Grecia Clásica. Heráclito y Parménides, los dos antagonistas que nos intentó vender la escolástica aristotélica… un Aristóteles, que no supo ver como su paso de potencia a acto , para definir el movimiento, era la combinación perfecta del fluir (del ser) heraclitiano con la permanencia(del ser) parmediana… pero ya sabemos que el ego de un creador siempre será tan grande como su fama.

    Lo que nos lleva al meollo del proceso de cambio en el ser/yo de una persona : ¿Cómo evoluciona?, ¿Quién determina en mayor grado esa evolución? Y, lo más importante, ¿Cuál puede ser mi papel en ese proceso de cambio?

    Tomemos un ejemplo típico, como la cría humana rarita de un barrio periférico o de una aula de instituto… una cría infantil o preadolescente, que no sabe que le pasa, pero nota que todos le miran de una forma especial… de tal manera que lo acaban haciendo diferente.

    En ese proceso de construcción de un yo, para el ser humano, que estamos analizando (sociogenéticamente), ¿qué tipo de elementos intervienen?… A qué le llamamos sociogén, positivo o negativo, y por qué es tan importante a la hora de determinar una conducta de esta cría, a la que tacharon, desde hace un tiempo, como diferente.

  • Y puede viajar de la NADA a la NADA…

    Porque el ser humano, nada es antes de ser concebido por la unión de un espermatozoide y un óvulo… porque, de nada vale valorar como existentes las células reproductoras primigenias. Que sí existen, pero de tal manera que ellas, incluso fusionadas, no son un ser humano.

    Como mucho son la potencia aristotélica, que, antes de hacerse acto, no existe realmente. Como mucho es una simple idea (de ser humano).

    Pero es que, además, nada es el ser humano, una vez que la muerte le hace desaparecer en la nada. Pasa a ser una idea (recuerdo) en la mente de los supervivientes.

    Antes no había un yo. Y después tampoco lo puede haber… o, como mucho, habrá un yo diluido en la nada, si tu religión te hace creer en tal posibilidad.

    Y ¿qué puede ser la nada sin un yo que la pueda determinar (mentalmente), frente a la existencia del ser humano, que ha conseguido, precisamente, construir ese yo?

  • El ser EVOLUCIONA…

    Cuando hablamos del ser como un yo determinado, no podemos olvidar la importancia del tiempo. Porque la existencia de un tiempo, que según la física relativista no existe, es lo que permite ir viendo los cambios del yo.

    Empezamos (la vida, el día…) siendo de una forma y acabamos siendo de otra. Y por eso es tan complejo acercarse al estudio del comportamiento humano… porque, ¿a cuál yo corresponde determinada conducta?

    Y es que la forma de entender el yo va a depender de la normas sociales, de las costumbres que rijan en según que determinada época. Porque las modas influyen en el comportamiento humano de forma considerable. Y lo que se toma como normal en una época puede ya no serlo para otra.

    Y por eso es tan importante que usemos instrumental científico, para analizar los movimientos sociales. No se actúa en su interior, por razones meramente ideológicas (sean políticas o religiosas).

    Por ejemplo, la forma de entender el sexo y la sexualidad que de él deriva, puede ir cambiando a lo largo del tiempo. Esto nos pone en el camino de analizar el problema de ser mujer o sentirse mujer.

  • ¿Un yo o un NOSOTROS?

    Ya lo dejamos bien claro, ¿no? Por qué motivo , una vez pensado que en la mente se forma un yo, ese yo principal, que se supone va a definir tu manera de ser (tu comportamiento), no puede suceder que, en algún momento se genere otro yo? Poco a poco, e incluso sin que tú tomes medidas directas?

    Viene a ser como una reacción en cadena, que, una vez empezada, ya será imposible pararla… hasta que algo permita detener el proceso ya iniciado. Entre otras cosas, hablando de nuestra mente una buena maduración del yo principal. ¿No parece razonable?

    Pensemos que estamos hablando de la etapa infantil, o, como mucho, de la preadolescencia… cuando la maduración mental, si se hace bien, puede darnos herramientas de defensa y ataque de enorme eficiencia.

    Dijimos antes «si se hace bien». Y solemos decir que madurar tiene mucho de arte… incluso hablamos de algo a lo que llamamos la «pérdida de la adolescencia»… Y es que la adolescencia está para algo y no se puede perder. La naturaleza nos obliga a tener una adolescencia muy larga, nada hay igual en la maduración de otros seres vivos, y es precisamente para que tengamos tiempo de fabricara las herramientas precisas para defendernos del mundo adulto. Por ejemplo, ir montando los muy comentados filtros mentales personales.

    ¿Seguimos sin querer entender , que es prioritario cuidar la adolescencia? La nuestra, si aún estamos a tiempo… y, si no, la de nuestros hijos, cuando llegue ese momento vital. Y la de sus amigos!!!

  • Porque… ¿Cuántos «yos» podemos SER?

    Primero somos, existimos, cosa relativamente fácil, según Descartes, ya que basta con pensarse a uno mismo. Luego conviene pensar en otro, para que nos piense a nosotros, y así quedamos confirmados. Este añadido de «el otro», es lo que le incorporamos aquí al Descartes.

    Y eso nos hace un ser. Pero la identidad de ese ser, no nos viene incorporada de fábrica… hay que construirla. Entrando ahí ese yo que queremos ser. O lo más aproximado que podamos a ese yo… siempre evitando que sean los demás (adultos sobre todo) los que decidan el yo que vas a ser.

    ¿No es así?

    Y una vez pensado como hacer para tener un yo, viene otro gran problema : ¿En qué momento puedes pensar, que el yo principal no se vea sorprendido por la aparición de un yo secundario? Porque, si el universo es demasiado inmenso para que solo un planeta tenga vida, ¿cómo puede un cerebro tan enorme, albergar un solo yo?

    Es decir, ¿qué pasa en la infancia, cuando el cerebro maduró lo suficiente, para hacer que aparezca en tu mente el llamado amigo imaginario? ¿Ese no es otro yo, que viene en son de paz, para ayudar al yo que aún se está construyendo? Y, ¿qué decir de la obsesión fetal por tener el dedo metido en la boca? Puede ser la primera noción intuitiva de sentirnos acompañados. Camino de un yo.

  • ¿Nos llegará con ser UN solo yo?

    Pero este problema de querer cambiar de sexo… y a partir de ese mismo momento (o poco después) ya uno se considere una (o al revés) y, lo más importante, comience a mostrar al mundo un nuevo comportamiento humano… eso, tiene demasiadas capas… al menos si queremos darle un enfoque científico.

    Ya dijimos en otro lado, hablando sobre el enorme problema de la construcción del yo, que es un proceso muy largo y muy complejo. Con una sociedad adulta que pondrá un montón de obstáculos, para influir en el yo definitivo. Y ahora se trata de desmontara un yo, que costó más o menos desarrollar, para construir otro (u otros). Aunque es cierto que, algunos yos ,ya vienen con contrabando desde que se es una cría humana muy nueva.

    Y ya sabemos, por otro lado, de las dificultades que plantea el problema teórico de la deconstrucción… y solo en el campo del lenguaje, ya no digamos globalmente (un ser humano). No se soluciona siendo Woody Allen, haciendo una mejor o peor peli.

    El universo mental es algo demasiado complicado, mucho más que un simple puzzle. Y si costó tanto montarlo…¿Qué podemos esperar de desmontarlo, para montarlo otra vez?

    Ni el yo ni el ello de un tal Freud se acercaron bastante a la complejidad de la mente humana. La neurociencia aún estaba en pañales.Aún ahora ni siquiera conocemos bien el cerebro, que es su complicadísimo soporte. ¿Un 10% quizás?