Categoría: ciencia

  • Porque hay cosas que no se ven… a PRIMERA VISTA

    Como siempre decimos, para ver hay que mirar, pero con mucha atención. No llega solo con «dirigir la vista». Hay detalles que no se pueden ver con una mirada superficial.

    Las dos sonrisas de la imagen, por ejemplo, no nos dicen todo lo que hay detrás de esas sonrisaa.

    Muestran, por un lado, la felicidad que los embarga, al estar juntos, pero también oculta que no se atreven a salir del armario. Y se hagan pasar por dos camaradas tomándose algo en un bar.

    El ADN de ambos les marca diciendo que deben ser naturales, francos y mostrar sin problema que se haa emparejado. Tal como que les manda la madre naturaleza, aunque no hayan tenido en cuenta el problema de la reproducción. Pero eso no lo niega la naturaleza, ya que la obligación de reproducirse es solo colectiva, no individual.

    A fin de cuentas, si quieren tener hijos, lo pueden hacer sin que deban ser ellos los fabricantes al 100%. Pueden poner el espermatozoide y luego buscar un óvulo, que alguien les done buenamente (o cobrando). Aunque este asunto del embarazo alquilado lo dejamos por ahora, ya que necesita grandes y complejas reflexiones. El alquiler del cuerpo humano, no entra por ahora en la perspectiva de análisis que estamos haciendo. Solo reflexionamos sobre el emparejamiento por afecto, con/sin fines reproductivos.

  • Incluso cuando NO sabemos.. lo que VEMOS

    Y sí, nos metemos de nuevo en el ajo (del homomirar).

    Mirando al Rock Hudson, tan desencuerado él (tan pijito), no es fácil ver su orientación sexual homo.

    Porque ver los entresijos de su mirada, por ejemplo, cuando la dirige a un hombre o a una mujer… cuando la dirige justo al hombre que desea… eso requiere ver con mucha atención al bueno del Rock.

    Y como siempre decimos requiere una memoria, donde tengamos la información precisa, para saber como es o puede ser la mirada del amor, aunque sea simple atracción sexual.

    No todas las miradas son iguales. Aunque, para ver eso, necesitamos haber ejercitado muy bien nuestra capacidad de observación. Ya ni siquiera es ver, se trata de ver muy a fondo!!!

  • O mirar algo… más SUAVE

    Volvamos de nuevo a que nos guste mirar (y ver) lo que nos ofrece, aunque sea involuntariamente, alguien del mismo sexo. Eso supondrá una conducta muy definida, aunque dada la presión social, en principio puede estar muy bien disimulada.

    Por ejemplo una mirada hacia el culo o el pecho de alguien.

    Si es del sexo contrario parecerá normal, salvo si se trata de unos puritanos, pero si es del mismo sexo puede parecer anormal Y ahora no nos meteremos con ese problema añadido de lo que es normal y lo que no es normal. Aunque vaya saliendo ad hoc a lo largo de las reflexiones. Y en parte ya hemos hablado algo sobre el problema de los prejuicios, que se forman en nuestra mente al ver lo que estamos mirando.

    Qué puede diferenciar la envidia, o la simple curiosidad de Sofia Loren, en la imagen de arriba, con una atracción de contenido más sexual. ¿Puede estar actuando la líbido de la mirona, al ver que los pechos de la Mansfield son bastante sobresalientes? O cualquier otra causa, porque la mirada no parece reflejar mucha atracción.

    ¿Qué parte del ADN de la Sofía, tan italiano él, puede estar interviniendo en esa mirada, que le lleva a ver lo que no sabemos que ve? ¿Y cómo influye el adn social de la italiana, tanto el positivo como el negativo, en esa intervención visual? Quizás valga la pena ojear algunas páginas, dónde se trabaja este asunto.

  • O podemos ver un yo que… nos ASUSTE…

    … mucho más que la atracción por el mismo sexo!!!

    Este es otro tipo de comportamiento humano, como el ya comentado de la homosexualidad, o el afecto familiar, que puede ser explicado, en parte, con el instrumental sociogenético.

    Ya lo comentamos al reflexionar sobre la existencia de varios yos en la mente de un ser humano.

    Ahora tenemos el caso de un desdoble de personalidad, dos yos muy poderosos y totalmente irreconciliables, ya que representan los dos polos del espectro de bondad/maldad, que podemos situar en toda mente humana.

    Realmente el Bien y el Mal no existen en la mente del ser humano. Hasta que una religión se inventa la historia de la Humanidad en un Génesis, por ejemplo. Donde Adán y Eva descubren el sentido del mal (desobedecer a Yhavé)y son expulsados del paraíso, dónde tal concepto no existía. Por lo que era innecesario que existiera su antagónico : el Bien. Esta claro que en el Edén no había dobles de personalidad, en cuanto a un yo maligno y otro yo benigno. Solo había un ser humano en maduración natural y libre.

  • También se pueden ver… otros AFECTOS

    Y no solo nos fijamos en el comportamiento de dos seres humanos que se sienten atraídos sexualmente. Podemos fijarnos en como un tío busca a su sobrina, porque quiere recuperar la memoria de su hermano ya muerto.

    En Dr. Zhivago, tenemos el caso de un ser humano que siente la llamada de su ADN, o eso parece, que es el mismo que el de Zhivago. Pero también le mueve su adn social positivo (este seguro), que le ha hecho sentir la necesidad de recuperar a la hija de su hermano.

    Esa capacidad/necesidad no es algo biológico, ya que el ADN nos puede ayudar a adaptarnos, precisamente, sin esos recuerdos del hermano muerto.

    Pero en el adn social positivo que marca muchos de los pasos a dar por el hermano de Zhivago, está marcada esa necesidad vital de enlazar de nuevo la estela dejada por su hermano, a través de su hija. Con todo lo que puede significar ere recuerdo en la mente del general. Recordemos la importancia del tiempo perdido.

    Si la SAD no impide una maduración natural y libre, se puede elegir a otra pareja sexual, sin importar la necesidad de reproducirse que tiene la especie humana. No está reñido favorecer la continuidad de la especie humana, con mantener relaciones afectivo sexuales con un humano del mismo sexo. Y, lo mismo pasa con la búsqueda de la sobrina, si la SAD no nos impide una maduración de la capacidad solidaria, para mantener los lazos afectivos familiares, además indispensables precisamente para esa continuidad de la especie humana, y aunque no se hubieran practicado hasta entonces… ¿Qué nos lo puede impedir?

  • Y lo que vemos en… NOSOTROS MISMOS

    Porque no es fácil ver lo que se mira, y mucho menos si miramos para dentro de nosotros. Estamos llenos de filtros, que son propios, pero que se fueron formando para difuminar nuestra mente. Porque esas vistas internas van a condicionar nuestro comportamiento diario.

    ¿Está claro que no era un macguffin, en este blog, el hecho de separar claramente el mirar del ver? Porque el ver se hace con nuestra mente… y, en ese caso, estamos muy juntitos el yo que mira y el yo que es mirado.

    Porque, salvo que tengamos un espejo como el de la madrastra de Blancanieves, todo espejo medianamente normal, va a permanecer totalmente mudo al mirarse en él.

    O, mejor dicho, no totalmente mudo, porque algún yo, más golfo e intrépido que otros, se va a encargar de contestar a tus preguntas, de una forma inesperada, que, en buena lógica, no te va a gustar demasiado.

    Así tenemos a Aschenbach, el músico protagonista, viéndose en el espejo de una forma que nunca antes se había visto. Más o menos, tal como, podemos imaginarlo, se vio también en ese mismo lugar un Thomas Mann, que no quería reconocer su hibernante homosexualidad. Porque salir del armario, según en qué contexto, es un trabajo demasiado arduo (y muy muy, pero que muy, machacante). Se merecen nuestro aplauso, los que lo intentan.

  • Lo que vemos en… el OTRO

    Y sí, no nos engañemos, a veces vemos mucho más de lo que miramos. O dicho de otra forma, vemos más de lo que queremos ver. Y eso va a influir en nuestro comportamiento.

    Eso le está pasando al profesor Asenchbach, que no puede evitar el mirar (viendo así) lo que Tadzio puede significar para él.

    Y tanto mira (y ve) que hasta Tadzio se empezará a preguntar, qué coño mira con tanta atención aquel tipo con pinta de romántico incurable.

    Y ya no nos metemos con las miradas de aquellos que no miran limpiamente, si no que usan unas lentes de disimulo, para tapar sus intenciones más ocultas.

    El protagonista, en este caso, es mucho más inocente incluso que el director de la película (L. Visconti), al que se le nota, en cierto modo, que abusa un poco de la belleza del actor que hace de Tadzio, para exponerlo quizás con una mirada muy erótica. Se le va algo la pinza de su propia homosexualidad, hablando (a su manera, tan viscontiana) de la sexualidad del músico al que está representando en la pantalla.

  • ¿Y algo sobre … COMPORTAMIENTO?

    Estamos llegando, estamos llegaaando…

    Ver y mirar, a sí mismo y al otro. Establecer comunicación o no con él. Sentirse atraído, repelido o indiferente. En el fondo, una especie de equilibrio dinámico.¿Como nos vemos? ¿Cómo nos ve el otro? ¿Qué hacer con él?

    Entramos en un terreno muy paaantanoso. Estamos hablando ya de la conducta o comportamiento de un ser humano, al encontrarse consigo mismo y con el otro, que está haciendo de vecino (bueno, malo o indiferente). Porque nuestro comportamiento no será el mismo, en función de lo que veamos después de mirarlo (atentamente o superficialmente)

    Y entramos, entonces, en el estudio de ese comportamiento humano, tanto individual como colectivo. Es decir, entramos en el territorio, no menos paaantanoso, de lo que aquí llamamos sociogenética. ¿Qué pasa por nuestra mente, una vez que veeemos algo que nos interesa (y mucho)?

    ¿Dispuestos a seguir?

  • Lo que nos lleva a… EMPAREJARNOS!!!

    Y, para buscar pareja, tenemos la capacidad de adaptarnos a convivir con otro ser vivo humano. Pero, como hemos dicho, eso también necesita de un aprendizaje bastante serio.

    Y puede ser para tomar un café y charlar, o para hacerse pareja por un tiempo y convivir juntos. Buscando la continuidad de la especie (reproducción habemus) o guiándose por la busca de otras formas de vida placenteras (no reproductivas o de reproducción indirecta).

    Porque nada obliga al ser humano, para optar por la reproducción, de forma individual. Es una necesidad colectiva, no como individuo concreto (y libre para escoger su futuro). Aunque esto de la libertad para escoger, ligada al libre albedrío humano es un asunto de mucho fierro, que tendrá sus reflexiones aparte.

    Por ahora quedemos en que la pareja no tiene que ser para mantener la continuidad de la especie. Aunque ese objetivo no es precisamente baladí.

    Pero es que otrr objetivo del ser humano es que pueda ser feliz, dentro de las posibilidades que el permita el ecosistema dónde vive. Ningún otro animal tiene esa capacidad. Como ningún otro ser vivo, tiene la posibilidad de elegir, gozar de un libre albedrío. Aunque sea parcialmente.

  • Y, para hablar, buscamos… PAREJA

    ¿Y para qué necesitamos aprender, si eso nos va a costar un esfuerzo? A veces muy grande. ¿Quizás para poder hablar?

    Cada ADN , con aportación del adn social, es una mente diferente. Y nunca olvidemos que una sola mente puede albergar varios yos, que también deben estar en comunicación permanente. Porque si se intenta enmudecer a uno de esos yos, en el futuro puede darnos problemas. Como iremos viendo más adelante.

    Porque los yos que nos habitan, necesitan cierto tipo de doma, pero todos, no vale con dejar que uno domine a los demás, como el anillo de Tolkien.

    Y no hablamos de doma por parte de la SAD, una simple y encadenadora domesticación, hablamos de domarlos uno mismo. Es decir de autodomarse, hablando en plata. Convenciéndolos para llegar a un equilibrio mental, que no provoque tal caos interno, que nos pueda inhabilitar como pensadores críticos.

    Nunca nos podremos comunicar con el exterior, si somos incapaces de comunicarnos en nuestro propio interior. Hasta lo más profundo de nuestra mente. Allí dónde podamos operar conscientemente. Y eso se tiene que aprender.. y aprender duramente!!! Luego ya vendrá el otro…