Y puede hacerse COTIDIANO…

Porque igual que existe el abandono del accidentado, existe lo que podemos llamar el abandono del diferente, que puede llegar a ser abandono directo de un acosado (accidentado). Algo muy típico de un patio escolar.

Una forma sibilina de no practicar el acosos directo, es practicar la omisión al necesitado de atención. Ejerciendo cualquier mecanismo (indiferencia, negación…) que impida a ese sujeto, «el diferente», participar en la actividad colectiva, aunque sea «de dos», que se está desarrollando en su presencia. Eso es acoso también.

Porque el gen biológico de la empatía, asociado al de la solidaridad, debe provocar que se le oferte al que es diferente, al que está solitario, un lugar en la actividad grupal que se practica. Eso es lo natural en la convivencia de seres humanos. Hacer lo contrario, es que ya se padece de cierta presión social, a través de los genes sociales negativos de la no empatía y la insolidaridad. Una actuación social, que se puede ver agravada por genes sociales aporofóbicos o racistas.

Todo eso hará que no invitemos a jugar a quien está solo, incluso ante la petición expresa de algún componente del grupo, ese que sufre menos intensamente los efectos de su adn social negativo.

Esto es lo que dice una visión sociogenética (mirada profunda) de la imagen que hemos colgado arriba. Ayudada por 33 añitos de práctica educativa con edades entre 10 y 14 años. Y por eso mismo nos gusta diferenciar entre inclusión (que te dejen entrar en el círculo) e integración (que te dejen ser uno más del círculo). No es lo mismo!!!

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