
Así que, tal que toque metamágico (simple virtualización del mensaje), volvemos al punto de partida. Algo así como el eterno retorno, que decía el otro.
Y si tenemos clara esa diferencia (entre mirar y ver), entenderemos mejor que no es lo mismo mirar para Tadzio que verlo. Porque nos puede llamar la atención su belleza de efebo griego, aproximarnos a un apolo moderno de carne y hueso, ¿quien no pondría su mirada en él, incluso siendo más heterosexual que el más machote del barrio? Aunque, si es uno muy muy machote, seguro que se corta por «el que dirán», si lo pillan mirando. Pero eso no es verlo!!!
Pero volvamos a la playa veneciana, después de pasar por esas primeras entradas del blog, donde se cansa uno de repetir que mirar es una cosa y ver otra. Y muy diferentes entre sí.
Porque el músico protagonista, un maravilloso Dick Bogarde, no solo mira a Tadzio, sino que lo está viendo, incluso mucho más a fondo de lo que quisiera. Tal es la profundidad de su observación, no simple mirada, como decimos, totalmente involuntaria. Tengamos en cuenta que su orientación homosexual la tiene bien agachada… en lo más profundo de su mente.. algo así como dentro de un armarito con plomo incorporado.
De ahí esa pregunta que se hace, sobre los posibles yos que habitan su compleja mente, tan tan musical, y, por lo tanto, tan creativa. ¿Alguno de sus revoltosos yos se está pirrando por Tadzio?
¡Anímate!