
… no atravesar el muro filtro.
Porque tanto si existe en la realidad o solo exista en tu cerebro, el muro filtro está ahí. Impidiéndote avanzar, te pongas como te pongas. El problema es que sea opaco o filtrante (una simple red), no sabes lo que hay al otro lado.
Y como decíamos con el cuento de que «la vida es bella», te puede llevar «al otro lado» (del muro), y vivir un ecosistema imaginario. Hasta que descubras el secreto y te puedas llevar un golpe terrible. E incluso, hacerte ver que ,una vez pasado, ya no eres el mismo. Que has cambiado. Te has convertido en un fantasma, un zombi, que solo en parte responde al ser humano, que tu eras antes de pasar el muro. Como le pasa al protagonista de «el nido del cuco«, que entra cuerdo y se queda dentro totalmente loco.
Suele decirse, en este último caso, que acabas de traspasar el muro (filtro) de un manicomio. Por ejemplo.
¿Y esto que nos enseña?
Como ese protagonista de cuquero, necesitamos salir de la adolescencia con una mochila bien llenita de herramientas, para defendernos «ahí afuera» (o «ahí dentro», según donde esté el observador). Será la parte de nuestro ecosistema donde ya no tenemos papás, ni una cueva casera para los momentos de peligro. Y entre esa herramientas es esencial que vaya una serie de buenos filtros mentales propios, que nos ayuden a separar la paja que nos quieran vender (los de la lavadora), del grano que necesitamos recibir, como alimento de nuestro cuerpo y nuestra mente. Lo contrario será creernos muy listos y quedar para siempre encerrados en un manicomio. Aunque parezca una residencia de lujo, abierta al mundo que nos dejan visitar, de cuando en vez.
¡Anímate!