
… se aprende muy fácilmente!!!
El arte del disimulo es genético. Así que su aprendizaje está favorecido por las otras capacidades que el ADN nos aporta. La curiosidad y «su» observación (complementaria), el poner atención a los detalles del ecosistema donde vivimos, aprender a vislumbrar/intuir los posibles cambios que en él se den… y, sobre todo, a tener memorizadas la imágenes fundamentales (no la paja)de como actuó un determinado ser vivo, sea una lagartija o un lobo. Porque ello es lo que nos puede permitir enfrentarnos la próxima vez, con posibilidades de salvar ese peligro. El éxito de nuestras actividades no lo dicta el ADN, lo dicta la experiencia.
Y, para defendernos de ese peligro (el fracaso), puede que nos sirva el disimulo. Saber actuar de otra forma. Lo que aprendimos por experiencias anteriores, es lo que nos puede llegar a salvar la vida, en actividades futuras.
Así que el arce no necesita aprender mucho, como vegetal que es, para enfrentarse al invierno.
Solo necesita atender a su reloj biológico, que le obliga a perder hojas, cuando la temperatura exterior baja de un determinado nivel.
Y con ese disimulo, al que no se le puede aún llamar teatralización vegetal, nos ofrece un maravilloso espectáculo de cambios de color. Esos cambios que alguna gente los mira, pero no sabe verlos. Y por ese motivo no puede realmente disfrutar del esfuerzo del arce, preparándose para la primavera que viene.
¡Anímate!