
… pero, necesita ser mejorada.
Porque, en el caso de los seres humanos, ese endeble arbusto de la adaptación se tiene que convertir en un robusto árbol. Nosotros, para sobrevivir, necesitamos dominar el Arte del Disimulo.Y eso, como todo lo humano, requiere un gran esfuerzo de aprendizaje.
Por ese motivo precisamente, la cría humana tiene un periodo tan largo de maduración. Hay demasiado que aprender. No es un problema de pereza (esa capacidad, tan apreciada por algunos, no viene en nuestro ADN, se aprende socialmente).
Pero sí se necesita una etapa muy prolongada, en los humanos, para aprender a soportar el frío. Que a veces llega a -70ºC. Y todo se tiene que hacer, a partir de una simple capacidad de adaptación, que en el ADN está solo «en pañales». Y, por eso, tenemos mucho que aprender de los padres, para saber usar la ropa, por ejemplo, que nos debe proteger. El arce no se viste, nosotros sí.
Y ahí es cuando el ADN nos permite desarrollar conocimientos de nuestros ancestros. Sobre todo cuando ellos tenían que vivir con épocas de glaciación.
Porque nuestros padres antes fueron enseñados por sus padres… y estos por los suyos. Hasta llegar, como decimos, a los neandertales, e incluso mucho más atrás. Todo está ahí, en nuestro ADN, como el arce tiene escrito en el suyo, como hacer para perder sus hojas y no congelarse durante el invierno… así tenemos nosotros un sinfín de instrucciones genéticas a desarrollar.





