Etiqueta: adaptar

  • Porque la adaptación, viene de serie…

    … pero, necesita ser mejorada.

    Porque, en el caso de los seres humanos, ese endeble arbusto de la adaptación se tiene que convertir en un robusto árbol. Nosotros, para sobrevivir, necesitamos dominar el Arte del Disimulo.Y eso, como todo lo humano, requiere un gran esfuerzo de aprendizaje.

    Por ese motivo precisamente, la cría humana tiene un periodo tan largo de maduración. Hay demasiado que aprender. No es un problema de pereza (esa capacidad, tan apreciada por algunos, no viene en nuestro ADN, se aprende socialmente).

    Pero sí se necesita una etapa muy prolongada, en los humanos, para aprender a soportar el frío. Que a veces llega a -70ºC. Y todo se tiene que hacer, a partir de una simple capacidad de adaptación, que en el ADN está solo «en pañales». Y, por eso, tenemos mucho que aprender de los padres, para saber usar la ropa, por ejemplo, que nos debe proteger. El arce no se viste, nosotros sí.

    Y ahí es cuando el ADN nos permite desarrollar conocimientos de nuestros ancestros. Sobre todo cuando ellos tenían que vivir con épocas de glaciación.

    Porque nuestros padres antes fueron enseñados por sus padres… y estos por los suyos. Hasta llegar, como decimos, a los neandertales, e incluso mucho más atrás. Todo está ahí, en nuestro ADN, como el arce tiene escrito en el suyo, como hacer para perder sus hojas y no congelarse durante el invierno… así tenemos nosotros un sinfín de instrucciones genéticas a desarrollar.

  • Incluso, con mucha…

    … mucha calma.

    Hay personas que son capaces de sentirse como la Gioconda, observando lo que pasa en el planeta, desde la pared de un museo. Impertérrita, con su misteriosa y cautivadora sonrisa, incluso cuando le echen por encima un puto bote de pintura.

    Es una capacidad, este aguante exhibido, que también se debe trabajar, a partir de la simiente plantada en tu ADN. Podemos llamarla resiliencia, en modo universitario actualísimo, o poder mental para seguir mirando sin preocuparse (mucho) de quien te está mirando. O arrojándote la pintura.

    Lo simplificamos diciendo que tú (tu Yo) está «por encima» del suceso. Salvo que en vez de pintura, sea una estrella de David amarilla, colocada en la solapa de la chaqueta, o del mono de presidiario del acusado injustamente. Eso ya es otro nivel de ataque.

    No todos somos capaces de hacerla fructificar, esa resiliencia, a partir de su simiente genética. Pero está muy claro que va a depender de como te lo montes en la infancia y en la adolescencia. Conviene saber como armarte de una coraza, cuando tu ecosistema se ha vuelto machacador.

    En cierto modo viene a ser como el amigo imaginario de tus primeros añitos. Una ayuda virtual, que te fabricas para tu defensa del entorno. Porque no todos podemos vivir, tan tranquilos como Doña Sonrisa, en el interior de un museo.

  • Y, también, es cuando…

    …se provoca la tremenda explosión!

    Porque la paciencia del ser humano es limitada. Y más si estás pasando por esa mala experiencia, llamada adolescencia. Un adolescente en maduración natural y libre, es una fuente de regeneración social. Un adolescente acosado y maltratado es un proyecto de explosión futura. ¡Y lo dice su propio ADN!

    Porque pudo quedar borrada la empatía, allá por la noche de los tiempos (si hubo un maltrato). Y entonces ,solo queda la ira para vestirnos. Con unas tremendas ganas de revolverse contra todo ese poder adulto, que te esté oprimiendo. Recordemos por un momento a las crías palestinas de estes desdichados días.

    Y es el momento en que no sabemos medir. Ni la calidad del maltrato ni, mucho menos, la calidad de la respuesta. Esa respuesta que podemos considerar supuestamente liberadora, cuando realmente nos deja aún más atrapados en una espiral de violencia incontrolable. Y si no ,que se lo pregunten al portador de un chaleco bomba instantes antes de que lo explote.

    Los adultos dominantes solo te enseñaron a sufrir, con más o menos aguante. Pero sin dotarte de la herramienta que llamamos resiliencia. Y aún menos te enseñaron a medir las consecuencias de tus acciones. De cualquier arrebato mal controlado por tu ira. La que, cuanto más grande, peor será dirigida. Y así, luego te llaman camorrista o, peor aún, terrorista. Como si tú no llevaras aterrorizado desde que dejaste la cuna, suponiendo que en algún momento de tu vida la tuvieras.

    Si eres bueno, es gracias a un adulto, pero si eres malo es solo gracias a ti. Como diría un nativo usamericano, la Gran Hipocresía del Hombre Blanco.

  • Y llega un momento en que te cansas…

    … de tirarle piedras a un tanque!!!

    Porque da igual ser Abraham que su hijo Isaac, el sacrificio humano que le pide Yahvé es todo menos humano. Es un atentado contra la propia esencia de la humanidad. Esa especie animal creada precisamente por ese dios. Y que tiene su esencia en el afán por hacerse mejores humanos, ayudándose unos a otros como decía un tal Jesucristo, según parece «su hijo».

    Y da igual que el del tanque sea judío, porque está actuando como un nazi sionista, que desea acabar con todos los palestinos.

    Y da igual que el niño de la piedra sea musulmán, porque va camino de hacerse un terrorista fabricado por los sionistas. Porque no es Hamás la fábrica de terroristas, es Israel quien fabrica los terroristas, que luego manipulan las organizaciones terroristas tipo Hamas.

    ¡No nos confundamos!

    Porque el del tanque nació de Abraham, lo mismo que el de la piedra. Todos somos el Isaac que Abraham quiere sacrificarle a su terrorífico dios. Y nos perdonan para que seamos el nuevo Abraham, que siga sacrificando a sus hijos.

  • O si, por el contrario, hacernos…

    … un maltratador.

    Y aquí si que la colaboración es mutua : por parte del sujeto que aprende y del adulto que te controla y enseña. Porque no es voluntariamente como nos montamos en el caballo de Atila. Hay siempre que poner «algo de nuestra parte», especialmente en la preadolescencia (no nos autoengañemos). Globalmente es como un proceso de deriva, que nos provoca ese injerto social al que llamamos adn social. Una especie de adn artificial, que se nos ha metido a lo largo de nuestra infancia y adolescencia, va dirigiendo nuestra deriva por la cuesta abajo de la negatividad humana. Va suplantando la dirección de los genes naturales, por la dirección de lo que podemos llamar genes sociales. Haciendo que el típico chaval negro de barrio, se convierta en un puto marine agresivo y supremacista (vaya ironía), capaz de hacer cosas que no vienen marcadas en ningún ADN humano. Y ni siquiera en el ADN de un león africano. Donde, por cierto, tenemos el ejemplo del infante soldado, chico o chica, obligados a ser lo que no querían ser.

    En Apocalypse Now tenemos un buen ejemplo, cuando el recién postadolescente que acompaña al capitán Villard, decide (es un decir) acribillar a una familia vietnamita, por el simple movimiento instintivo de una cabritilla. Y es que no se necesita ir al llamado tercer mundo, para comprobar la manipulación que los adultos hacen de las crías humanas. USA es un buen ejemplo.

    ¿Que le hizo disparar al marine?

    ¿Cuánta mierda mental llevaría acumulada en su mochila cerebral ese marine aún adolescente.?

    ¿Quién es realmente responsable, de que «se le disparara» el fusil ametrallador al marine aún (en parte) adolescente?

  • Pero no queremos entender la mirada de…

    … los otros.

    Y así empezamos a ver mal el como nos miran las crías humanas, cuando no comprenden lo que les pasa. Quizás porque no les dejamos madurar libremente.

    Y así empiezan esas miradas llenas de interrogantes, porque nos ven (a los adultos) como bichos raros, que no pretenden entender lo que a ellos les importa tanto.

    Y así se van combinando sonrisas y malas caras, porque se les va agotando la poca paciencia que aún les queda.

    Y así se les van acabando los porqués, ya que notan como nos gusta tan poco ese tipo de pregunta. A la que el adulto gusta de nombrar como «pregunta difícil».

    Y así, al adolescente, se le va superponiendo «todo lo que le echen», por encima de esa capacidad genética de regenerar la sociedad adulta dominante. Se va cubriendo esa capacidad, tan esencial para el avance social, con su adn social, en este caso tremendamente negativo. Es decir, se le reescribe una norma social sobre una marca genética. Y menos mal, que, muy en el fondo, esa reescritura no puede borrar la escritura que intenta tapar.

  • Porque los lobos (humanos)…

    … nos esperan fuera de la cueva.

    Aunque no lo sabemos, salvo si mamá nos lo dice. Pero el ser humano , en modo lobo, está siempre al acecho, para aprovecharse de nuestra curiosidad innata. Y así engañarnos.

    Tenemos que efectuar una de nuestras primeras adaptaciones al entorno donde nos tocó vivir, aparte ya de lo hecho en el interior de la cueva.

    Porque el ADN marca esencialmente la empatía y, por lo tanto, la confianza en eso que alguno llamó «el prójimo». Pero, como iremos explicando más adelante, tenemos que ir adquiriendo, de motu propio, ciertas habilidades o capacidades no genéticas. Tenemos que aprender, por ejemplo, a ser algo desconfiados, para que nuestra adaptación al ecosistema sea siempre en nuestro provecho. No en el de otros, esos que se quieren aprovechar de nuestra inocencia innata. Y no hablamos precisamente de los depredadores irracionales, que podamos tener : estamos hablando de los depredadores humanos, que son mucho peores.

    Así que salgamos de la cueva familiar mirando bien hacia donde vamos. Y, más aún, de quién nos dejamos acompañar.

    No se trata de escapar del mundo, solo de entrar en él con garantías de poder sobrevivir.