
De hecho, la filosofía, puede estar ligada al poder… aunque más que de filosofía se tendría que hablar de política. Es el caso del que no quería ser emperador, solo acabar con la mala República. Que sufrió como César la primera gran traición de la política romana y que usó la mentira cuanto pudo, si eso le beneficiaba… ¿Qué tantos genes sociales negativos no tenía bien metidos en su poderosa mente? El senado romano era un mentiroso compulsivo, en su conjunto, pero Julio César no lo era menos.
Y así le fue al Imperio que parió. Abocado a hacerse tan grande y tan antidemocrático, por antisenatorial (aunque estuviera mal elegido), que sentó las bases de su propia destrucción futura. El arte de las mentiras se hizo una cultura tan necesaria, en la política romana, que ya todo fue cuesta abajo, por mucho que pareciera subir.
Y lo bueno es que engañó a muchos estudiosos del Imperio, ya que supo disfrazar esa cultura del engaño y la política esencialmente inhumana, con una política de elaboración de leyes, que disimulaba sus verdaderas intenciones, ya que luego no eran aplicadas.
Porque, no nos engañemos, sus leyes para organizar la sociedad romana, incluida su población esclava y extranjera, era un subterfugio para realmente seguir explotando una minoría de romanos a la inmensa mayoría de los demás seres humanos. Eran todo mentiras. Sacrosantas y monumentales mentiras. Como las que usaban en sus guerras de conquista, cuando la palabra dada no valía ni para tirarla al río. Era un reflejo de la falsa democracia ateniense, un gobierno de la minoría con el poder del dinero.
El Imperio Romano hacía muchas obras para que se desplazaran sus legiones y pudiera volver por ellas el material robado, esclavos incluidos. Eso la hizo muy famosa. Pero también debe ser famosa por la inmensa cantidad de mentiras, traiciones y asesinatos que cometió. Y, para más inri, en nombre de la justicia y de la libertad. Pero siempre era la justicia y la libertad de los poderosos romanos, ni siquiera la plebe podía oler tamañas exquisiteces. Y la mujer ya, ¿para qué?








