Un blog de Sociogenética

  • Si es que empiezas, algún día… a madurar

    Y así llegaremos a adultos… o no. Porque la salida de la adolescencia está asegurada, claramente, pero lo que no tenemos totalmente seguro es que portemos en nuestra mochila el billete para llegar a la estación adulta.

    Podemos quedarnos por el camino, con una adolescencia mal curada y, que derivará, lógicamente, en una adultez enferma.

    Es lo que aquí llamamos ir con la mochila averiada. Más o menos llena de traumas e insuficiencias, por ejemplo… y especialmente afectivas, que nos van a marcar como adultos para siempre.

    Y, lo que es peor, el gen social que llevamos injertado va a seguir madurando como un poseso. Nada que no pueda ser algo parecido, en modo cinematográfico, al hongo que va comiendo el coco en la estupenda serie TLOU.

    O, en formato mucho más suave, esa entrañable imagen que nos deja el genial Buster Keaton… de adulto «aún no encontrado».

  • Cuando sigues madurando y empiezan… a salir respuestas!!!

    Tres adolescentes atrapados en la baranda de un puente urbano. Que bien pueden servir como metáfora de sus genes sociales respectivos. Más o menos negativos, según sea su relación con el ecosistema barrio dónde viven. Y que les servirá de rejas virtuales, para un futuro más bien perdido.

    El del centro, nuestro Rai, ya tiene un futuro muy negativo… le roba al padre, trapichea con droga… y, especialmente, le ha caído mal a un poli vecino. Así que no es nada extraña la premonición : le toca, en el juego que están haciendo, para ver que coche le tocará a cada uno, según van saliendo de debajo del puente, una furgoneta blanca, que hace de ambulancia…

    Y es que el gen social negativo, como el positivo, no marca el futuro cual destino griego asegurado. Pero sí es un indicador muy fiable, de por donde van a ir los siguientes pasos que dará su portador.

    Si es positivo, puede dar en algo parecido a lo que se podía esperar analizando su genética. El ambiente solo hará fortalecer aquellas capacidades que vienen marcadas en su ADN.

    Todo lo contrario de un gen social negativo, que moverá cielo y tierra, para desnaturalizar el ADN, haciendo que maduren versiones más negativas de los genes naturales. Las que son más instintivas (animales), residuos genéticos, que son menos característicos del ser humano, como ser vivo altamente evolucionado. Y que la naturaleza está intentando que desaparezcan de nuestro mapa genético.

  • Cuando maduras un poco y empiezas a… hacerte preguntas

    Tratando de hacerte lo más socrático posible, es cuando notas que te faltan muchas cosas.

    Porque el mantra délficosocrático de «conócete a ti mismo», de poco vale si no se acompaña de la pregunta imprescindible : quién soy yo. Y por ahora dejemos a los otros «yos» posibles (y muy probables).

    Pero esa pregunta no viene debajo del brazo, como dicen algunos que viene en todo bebé (que nazca en cuna rica).

    También es muy difícil de llegar a su formulación. Se necesita madurar… y mucho.

    Y por eso no es fácil que el Manu de Barrio haga ese tipo de pregunta. Por lo menos para saber que piensa su amigo, sobre lo que hacen deambulando por el barrio, como simples autómatas de feria. Así que nos mola poner nosotros esa pregunta en sus labios, porque consideramos que es muy muy pertinente. Un inicio de pensamiento crítico, que todo adulto que presencie su mirar al escaparate de la agencia de viajes, debiera tener presente. Como simple amigo imaginario, como un igual (colega)… o como un adulto tutor. Pero nunca como adulto maltratador, que seguramente acabará siendo.

  • Cuando aún somos adolescentes, pero… ya nos creemos adultos!!!

    Otras veces la curiosidad nos lleva a observar situaciones donde nos creemos el rey del mambo. Somos meros pipiolos, madurando de infantes adolescentes, pero ya nos creemos capaces de manejar fusiles y metralletas, como si fuera la hamburguesa de turno.

    Entonces, no sabemos adaptarnos al contexto que estamos viviendo y hacemos lo que hace el elefante al entra en la cacharrería : rompemos hasta las telarañas más finas, esas que a alguien le llevó años tejer.

    Como le pasa a nuestro amigo Rai (Barrio), que entra en la habitación de Susana, que está bailando libremente, y ya se considera el macho dispuesto a ejercer su dominio sobre la hembra. Eso que le marca su gen social negativo, que tan bién fue adquiriendo en su devenir por el barrio. Sobre todo, como jefecillo de un trío de adolescentes, como no, más perdidos que encontrados.

    Y como Rai muchos. Porque el adn social negativo que se va formando en una pandilla de barrio, es tremendamente potente. Se te adhiere a la mente de tal forma, que te deja hundido en cualquier rincón de ella, todo aquello que pueda estar relacionado con tu ADN.

    No puedes sentir empatía con Susana y menos solidarizarte con su situación de sumisión forzada (socialmente), cuando solo dejas «pensar» a tu instinto depredador de egoísta macho empoderado (por tus «iguales»).

  • Cuando miramos y no sabemos… interpretar lo que vemos

    El buenazo de Moncho, el gorrión, de nuestras clases con cine. Mostrando su asombro porque ha descubierto que existe en el mundo un ser humano, con forma de mujer, y por el que se siente inexplicablemente atraído. Aunque solo sea curiosidad. Esa que tanto defendimos al explicara la enorme diferencia entre mirar y ver.

    Porque se necesita curiosidad para pasar de una fase a otra. Sin curiosidad no puede venir la necesidad de observar. Y sin esa necesidad no vamos a desarrollar nuestra capacidad genética, para observar bien a fondo el ecosistema al que nos debemos adaptar.

    Incluso mucho más a fondo que el típico depredador, que observa la comida que debe cazar.

    Porque un simple depredador nunca tendrá la curiosidad de estudiar a esa pieza cazable. Asumiendo que es un animal, que puede dar de sí mucho más que una simple comida. Por ejemplo, tal que un león, que solo toma un trocito, pero no puede pensar en como la naturaleza ha dispuesto las cosas, para que luego otros animales vengan a disfrutar en parte esa comida.

    Y la mente humana sí que puede, y por eso ha llegado a establecer lo que llamamos ciclos de la naturaleza. Por esa capacidad genética de observación, preámbulo de la adaptación, que posee nuestro amigo Moncho, «el gorrión».

  • Cuando el gen social colabora… con el gen biológico

    El entusiasmo es muy bueno, ayuda mucho en una lucha (de todo tipo), pero hay que saberlo administrar. No todo lo que viene en pastilla, puede ser asociado a una buena ración de salud.

    Y no conviene confundirlo con la energía química que nos proporcionan una serie de sustancias, sean artificiales o naturales. Eso no es entusiasmo natural es un simple espejismo. Un engaño mental.

    También pasa con el fusil ametrallador que nos dejan en las manos. Da igual que sea un potente AK-47, porque antes de saber usarlo con precisión, lo más seguro es que ya se volvió contra nosotros.

    Y lo mismo pasa, si en vez de un fusil, nos metemos en el cuerpo la típica cosita redonda, más o menos aplanada, que nos da ese amigo «del alma» que tanto nos aprecia. La tan ansiada y amada droga. Sea la que sea.

    Porque es muy fácil despreciar a los niños que van a ser soldados en África, mientras nos convertimos en zombis de discoteca… o, incluso mucho peor, en funambulistas de azotea, mientras disfrutamos de nuestra apasionante vida urbana.

  • Casi es como mamar del biberón… o de la teta

    Sí, no es mucho más difícil. Y por eso es necesario empezar con el injerto del gen social negativo, cuanto antes. Ya siendo un bebé.

    Porque además, al estar en tan temprana infancia, actúan los genes biológicos que nos piden agazaparnos en el colo de mamá. No solo para recibir alimento, sino también cariño.

    Y por ese motivo, los niños soldados, cuanto más infantiles sean, antes se adaptan a la necesidad imperiosa de recibir alimento y cariño, aunque vengan acompañados con las órdenes y sopapos, de un adulto. Es lo que les pasa a los perros abandonados. La naturaleza está ahí para forzarnos en una dirección, aunque no sea la positiva : tenemos que sobrevivir. Es instintivo. Y es en esa bifurcación, precisamente, cuando empezamos a liarnos con lo bueno y lo malo, con lo positivo y negativo… y si tenemos que matar para alimentarnos y recibir el aplauso de los adultos que nos rodean… ¿qué otra cosa podemos hacer?

    No nos engañemos, a todos nos gusta mamar de mamá (o de quién sea , a esa edad) y recibir algo de ánimo, cuando vemos que todo alrededor está en descomposición (no lo entendemos)y estamos llenos de terror.

    Y sí, es muy importante, que no nos engañemos. Ni dejemos que nos engañen!!!

  • Porque matar, como fumar… es muy fácil!!!

    Y el que fuma ya se considera un hombre, en su malsana concepción de ser un machote «hecho y derecho»… Y el que mata, no digamos… porque, además, fumar se puede dejar, pero lo de matar ya es totalmente imborrable. De ser un soldado armado, pasas a ser un paria desalmado. El cerebro y los pulmones no son comparables. En los pulmones no reside el instinto animal que sí reside en el cerebro.

    O, también podemos decir, pasas de tener conciencia de ti, aunque sea en construcción, a tener conciencia de lo que has perdido, aunque solo sea una aproximación. Lo que pudieras llegara ser si no hubieras matado.

    Eso es indeleble. No hay gen biológico que pueda taponar una herida como esa, por donde chorrea tu pasajera humanidad.

    Así que, como bien dice el niño soldado de la imagen, una cosa ya bien sabes : que nunca, nunca, volverás al punto de partida, dónde estabas antes de ser armado. Cuando aún no habías saboreado el placer de matar.

    Te lo aseguramos!!!

  • Y cuánto peor es lo que aprendemos… antes lo aprendemos!!!

    Y hay que aprender rápido… porque, en caso contrario, el poder se volverá en tu contra.

    Como pasa en la pandilla del barrio, dónde te exigen una integración rápida… y demostrando que eres capaz de hacer lo que hacen todos- cuánto más malo peor- para así considerarte un «hermano»…

    Y no hermano de sangre, aunque te hagas un corte y ellos lo consideren de un grado muy superior al genético: es la hermandad de ser uno como los otros, de poseer el mismo tipo de gen social negativo, que se supone tienen todos los de la pandilla.

    Ya da igual tu gen biológico. Y tu fenotipo biológico… solo necesitas mostrar tu nuevo fenotipo social negativo. Y decimos negativo, porque el positivo no te lo van a dejar mostrar. Porque es ese negativo el que será tu nueva seña de identidad grupal.

    Y decimos que no será positivo para ti, porque lo que era positivo para ti ya será siempre negativo para la banda, para tu nueva familia, y viceversa : lo negativo para ti, objetivamente (tu pérdida de conciencia, de tu libertad), será lo positivo para ELLOS. Serás un eslabón más de la cadena de poder, que se ejercerá al nivel que sea : familia, calle, barrio, ciudad, comarca… Han conseguido así, que cambies tu escala de valores humanos… ya eres un perfecto zombi. Eso sí, en general inconsciente. Además ellos solo te llamarán soldado.

  • Y eso lo APRENDEMOS… muy pronto!!!

    Porque sí, porque, todas estas cosas de las que hablamos, son ideas que se fijaron en la mente cartesiana de la que llevamos hablando mucho tiempo. Y esas ideas son lo que da pie a hacer un tipo de política. Incluso la política del que dice que no hace política.

    Porque esa idea se va gravando, o injertando, como nos gusta decir aquí, paara darle un significado vital (algo que tiene vida propia, como idea) a ese concepto que denominamos gen social, sea positivo o negativo.

    Porque esa idea injertada va madurando, tal como hace el gen biológico. Se va haciendo más grande, más intenso, hasta ocupar un espacio de la mente, que ya le da categoría de idea asentada.

    Porque una vez que ocupa su espacio propio, que ha montado su cuarto propio, como bien decía Virginia Wolf, ya puede empezar a tomar decisiones por si misma. Es una idea que se mantiene como independiente de otras ideas que pululan por tu misma mente… y, lo peor (o mejor) es que ya puede discutir con ellas.

    Porque puede ser que esa idea , en principio solo autónoma y luego ya independiente, de alguna extraña forma, se convierta en otro yo. Ese otro yo, que va a buscar una parcela de poder dentro de tu mente. Con ganas de tener un ejército de ideas propio, es decir, ir asimilando otras ideas adyacentes, que van surgiendo. Para así defender mejor sus posiciones ante el Yo principal.