Un blog de Sociogenética

  • ¿Pero, qué son… los PREJUICIOS?

    Y llegados a esta sinonimia (prejuicio/gen social negativo), bien se puede hacer una pausa explicativa, de como, aquí, llegamos a tamaña combinación de conceptos.

    Usando un prejuicio muy extendido por la mente de la humanidad, sea el país que sea y la cultura que sea. Y tan intensos son, que, en algunos casos, el prejuicio social puede llevar a matar más fácilmente a una mujer. Porque el hecho de que se quisiera lapidar a María Magdalena no es fortuito. No se conocen muchos casos de machos lapidados. Ni de brujos quemados en la hoguera. Ni siquiera de maridos asesinados por sus esposas.

    Así que sí, es evidente, para quien quiera mudar una mirada en una visión, que el hecho de ser mujer lleva las siguientes connotaciones, que la hacen «valer» menos para los demás humanos (sean hombres o mujeres) : ser negra, ser pobre, ser inteligente, ser emotiva, ser solidaria, ser independiente, ser osada… es decir, todas esas capacidades, que comparte genéticamente con el hombre, pero que son consideradas socialmente como despreciables (si se dan en la mujer)… sobre todo, si no se usan para reforzar el poder masculino. Es decir, no dejarse llevar por eso que, en este blog, caracterizamos como Síndrome de Estocolmo Machista Clandestino, que tienen tantas y tantas mujeres.

    Estamos hablando de un tipo de juicios de valor, que se hacen por el hecho de ser mujer, antes ya de conocer las capacidades reales de «esa mujer», y son los llamados prejuicios. Que se van transmitiendo de padre a hijos, porque son la comidilla diaria en la familia, donde comemos y nos vestimos, mientras somos crías humanas. Y que nos los van insertando en la mente, poco a poco y sin darnos cuenta.

    Es lógico, por tanto, considerar que son una especie de genes sociales, negativos en este caso, que van conformando lo que aquí llamamos el adn social negativo… y que, por supuesto, se van heredando como se heredan los genes biológicos. Solo que estos se pasan mentalmente, de generación en generación, escuchando frases y viendo acciones, en vez de transmitirse celularmente.

  • O el gran virus del… ADN SOCIAL NEGATIVO!!!

    Porque al final es solo cuestión de que maduremos natural y libremente o que la SAD nos haga madurar de forma artificial y oprimida. That is the question!

    ¿Qué son los prejuicios, decíamos ayer, sino una forma de llamarle a lo que aquí denominamos genes sociales negativos?

    Y decimos negativos, porque los genes sociales positivos, nunca serían valorados como negativos… no serían considerados prejuicios (ante el otro),serían consideradas cualidades humanas positivas (del otro).

    Aunque, si se hacen antes de conocer bien al otro… siguen siendo prejuicios (juicios hechos antes de)… pero, al ser positivos no tienen esa vestimenta de calificación negativa, que sí tienen los llamados prejuicios «a secas».

    Y volvemos a lo mismo : no creamos que somos tan diferentes, unos de otros. Nos unen más parecidos, que diferencias nos pueden separar. Porque todo dependerá del contexto donde nos toque actuar.

  • Es el gran virus de… los PREJUICIOS!!!

    Porque todo suele empezar por dejarse llevar… por los famoso prejuicios. Pero… qué son esos prejuicios?

    Porque puede suceder, que tengamos una tangencia posible, a la hora de hablar de algo tan metido en la sesera del público, «los prejuicios»… con este algo, que andamos introduciendo aquí, «los genes sociales negativos».

    Qué no son sino prejuicios los que hacen ver, aunque realmente solo lo miran, al hombre creado por el Dr. Frankestein, como un monstruo, cuando no haya pruebas de que actúe como tal. ¿Solo por sus presencia ya debe ser tratado como un monstruo, incluso con violencia extrema?

    Y una pregunta importante puede ser esta : ¿Ya era un monstruo, la idea que germinó en la mente de Mary Shelley? ¿O lo hicimos tal monstruo todos sus lectores?

    Porque ella simplemente lo imaginó diferente… pero nosotros pasamos el concepto de monstruo del creador a lo creado. Sería por conveniencia, era más fácil odiar al diferente.

  • Aunque tampoco hay que… PASARSE

    Porque no es fácil iniciar un proceso de comunicación con un ser, por muy humano que sea, que parece un monstruo. La SAD es lista, gusta de promover sensaciones ambiguas : en paralelo, algo que nos haga reír y algo que nos asuste.

    Porque, si nos asusta hablar con un Quasimodo, cómo vamos a hablar con el de la imagen?

    Y, para muchos, esto viene a ser la IA.

    O, volviendo a un universo más real, podemos decir que muchos ven como monstruos a otros seres humanos, que simplemente muestran diferente aspecto u orientación sexual, por ejemplo.

    La SAD dice que todos somos iguales, pero luego nos trata de forma diferente. Y no en función de las diferencias que podemos llamar naturales, sino en función de la riqueza que hayamos conseguido, robando al prójimo. Así de sencillo. Nos diferencia socialmente.

  • Sobre todo siendo… SIMPÁTICO

    Porque la simpatía, como la inteligencia, no son en principio capacidades humanas a valorar positivamente. De hecho la inteligencia, sobre todo emocional, puede suponer una desventaja, a la hora de ser elegida como compañera. Hablamos de «lo que se lleva» en esta SAD actual.

    La empatía es una capacidad genética básica, y biológica, para madurar como ser humano, en versión homo sapiens para ser aún más sapiens, pero la SAD suele ir etiquetando como simpatía únicamente la capacidad de crear un ambiente agradable, dónde «todos estén contentos».

    Pero curiosamente se usa una simpatía, que parece no tener empatía, porque esa misma SAD no quiere valorar la empatía, básicamente socializadora (generadora de colaboración social), como algo positivo para el mantenimiento de la maquinaria social dominante. Basado, ese mantenimiento, más bien en el miedo al castigo.

    Los adultos quieren que seas simpático, como animador social del ambiente que controla el poder, pero, al mismo tiempo, promueven que seas profundamente antipático, con los que sufren una situación de opresión social, como la que vive la mayoría de la humanidad. Tanto en tu país, como en países lejanos. De hecho quiere que seas un buen colaborador en esa tarea. Es decir, que mires para otro lado, cuando pasa algo malhecho por el poder.

    E incluso en puntos extragalácticos…

  • O un habitante de… otra GALAXIA

    Y puestos a elucubrar en futuros… o universos paralelos, dónde llevar otra forma de vida… podemos pensar en Yoda, por ejemplo.

    Y decir muy orondos aquello de «Yo, mi futuro, no ver»… al modo anglosajón hollywoodense, tan sufrido cuando hablaban los nativos usamericanos, en las pelis de «indios y vaqueros».

    Da igual que tuviera poderes ocultos, y sea bondadoso, si para nosotros presenta una forma corporal desagradable, aunque sea como nosotros cuatridimensional. Siempre nos parecerá un sapo viejo, porque los prejuicios que tenemos siempre pueden con nosotros.

    Ser inteligente no es valorado positivamente en esta SAD que padecemos. Porque, en esencia, la inteligencia busca repuestas (después de hacerse las preguntas). Habría que cambiar los baremos sociales, para que pudiera ser una capacidad valorada positivamente en la relación humana.

    La inteligencia, sea humana o artificial, solo se sabe apreciar en cuanto sea un medio para conseguir dinero y poder. Esa sí es una ley de valoración casi natural, de tan arraigada que está. Un adn social negativo tremendamente anclado, en la mente del ser humano mediocre actual.

  • ¿Un viajero… del FUTURO?

    Alguien no se tomaría en serio la entrada en la que hablamos de la importancia de considerarnos cuerpos en 4D. Pero es que el futuro nos marca mucho más de lo que pensamos/creemos. De hecho algo más que el pasado.

    Tan sencillo como el hecho de que dos segundos después de nacer ya no somos el mismo ser humano que salió del útero, como un feto casi formado… pero aún no formado del todo como humano.

    Somos una estructura en formación, que varía con el tiempo, aunque sea de forma imperceptible. Ya hablamos de las células epiteliales que mueren y nacen en una sucesión temporal constante.

    Y no, no se trata de hacerse un Nolan y hablar de improbables viajes al futuro. Solo decimos que la cuarta dimensión, la temporal, está en nosotros, con tanta fuerza (o más) que las dimensiones espaciales.

    Y decimos «más» por una razón muy simple : podemos volver a la posición de partida, en todo momento, incluso cortándose esa extremidad que nos nació a partir del hombro izquierdo, mientras estábamos en el útero… pero no podemos volver al instante inicial… ni de nuestra concepción, ni de nuestro nacimiento, ni de nuestro primer beso… en fin, nunca podremos echarnos atás de nuestro primer robo o nuestro primer asesinato… una vez efectuados. No somos seres digitales, somos seres analógicos, por lo que no se nos puede borrar el pasado… como mucho sí se nos puede quitar un futuro (para darnos otro).

  • O puede que… una mujer IDOLATRADA

    Pero, antes de entrar en el debate de lo que significa ser mujer, necesitamos tocar algunos aspectos de nuestro asunto actual : ¿Qué tratamos de ser, una vez que nos han puesto en el camino de la vida?

    Qué grados de libertad poseemos, como elemento materia (con una mente) de un ecosistema, donde se nos pone… y a partir de la «puesta» nos toca empezar a andar… con la ayuda de unos padres (biológicos/adoptivos) o no… con un sol de primavera o cayendo auténticos chuzos invernales…???

    Ser mujer o hombre (en principio), ser mujer querida, mismo perseguida, o ser mujer odiada… ser criada o princesa… incluso ser madre o no serlo… porque, por algo, no somos animales irracionales y eso significa que nos han dado la capacidad de tomar elecciones.

    Lo que no nos dieron, por ciencia infusa, es la capacidad de saber elegir… eso se va aprendiendo a lo largo de un tiempo, que se llama maduración, y que supone un gran esfuerzo… porque no se madura for free (ni tampoco pagando en money).

    Podíamos decir que se inicia un viaje , fantástico pero tremendo, en el que es fundamental ir llenando la mochila ingrávida, que nos dan al salir del útero. Suponiendo que durante nuestra estancia en él, no nos aportaron algún tipo de sustancia que pueda ya ser una tara mochilar inicial.

  • Quizás sí… una mujer FELIZ

    Aunque las apariencias engañen. Y es que no es fácil combinar mujer con felicidad… precisamente es su opresión la que mejor la define. Y, por otro lado, la felicidad no existe ya que es un constructo social, para embaucar a los incautos humanos, haciéndonos creer que sí puede darse.

    Y también vamos a pasar de puntillas, por el hecho evidente actual de que haya muchos hombres haciendo la transición , hacia el lado de la hembra. Ya no se trata de «cambiar de acera» (o salir del armario), sino de cambiar de sexo. No está claro lo que buscan con ese cambio tan profundo, ni siquiera si calibran la profundidad que tiene el pozo existencial femenino. Tan oscura y tan difícil de salvar.

    Sí podemos decir ya, que andamos cerca de reflexionar sobre ese fenómeno tan actual que es el transformismo sexual.

    Nunca como ahora el clásico dilema de Hamlet, ser o no ser, está en el candelero cultural… haciendo salir tal que hidra sus diversos tentáculos en todos los campos de la actuación humana.

    Así que también debe ponerse en el portaobjetos de nuestro microscopio sociogenético.

  • Pero nunca querremos ser… un DIFERENTE Quasimodo!!!

    Nunca le pediremos al destino que nos convierta en un Quasimodo de la vida. Incluso hacindo que fueramos un Charles Laugton de la interpretación teatral… tenemos muy arraigado que el triunfo llega mejor con un buen físico.

    Lo demás se considera ornamental.

    El mundo al revés, porque precisamente, si algo no es un adorno, eso es la organización eficiente de una mente.

    No hay belleza comparable con la buena disposición de una serie de ideas, para que se puedan expresar creativamente, en forma de palabras o de imágenes.

    La creación es eso precisamente, no el hecho de hacer una figura de barro. Aunque esta ocupación cerámica, pueda tener mucho de trabajo creativo. Pero siempre que estén detrás las ideas interesantes, antes referidas.