Cada útero natural depende de un ADN diferente, así que tendrá cada uno ciertas peculiaridades propias, por muy parecidos que sean, incluso entre gemelas.
En cambio los úteros artificiales serán idénticos, salvo que se les diera esas diferencias de forma artificial… pero, entonces, ¿para qué?
Partimos de un embrión, en la película, que suponemos es exactamente clónico de los otros. Vamos a nacer después de pasar 24 horas en un útero artificial, que no tiene diferencia alguna con los demás úteros.
Está claro que el comportamiento humano inducido en esta fase de gestación (embrión y feto 24h), tiene que ser exactamente el mismo.
Entonces , ¿Que nos hace diferentes, cuando llegamos a ser adultos y mamá robot decida nuestro futuro? En este caso de la peli, la conducta de la primera hija (rechazada) y la conducta de la segunda hija (aceptada). Según la teoría robótica esos debía ser imposible… todos debían ser idénticos… pero, ¿en este caso, cada uno tiene su propio ADN?
Los fetos paridos “in vitro” por la madre robot, eran casi iguales, ya que se aseguró de eso la madre. ¿Qué pasó, para que dieran dos adultos tan diferentes.
Después de bastante tiempo sin nombrar al Yo, puede que ya hayamos llegado a un lugar donde ese Yo adquiere de nuevo una gran relevancia. Una gran pregunta : ¿Por qué son diferentes los Yos principales de una hija y de la otra? Pregunta para quién vio y entendió la peli.
¿Qué pasó por el camino de una y de la otra? ¿Se puede madurar de distinta forma, en función de como recibes la influencia del ambiente (madre incluída)? ¿Puede ser que el gen social, pueda ser negativo o positivo, en función de cómo lo reciba el ADN del individuo?
¿Cuántas variables intervienen en un proceso de maduración cerebral? Porque no estamos hablando de cómo le madura el cuerpo a las hijas de nuestra madre robot, hablamos de cómo le madura el cerebro, es decir su mente…
¿Puede ser tan complejo este proceso, que, por mucha parafernalia tecnológica que use mamá robot, el resultado siga siendo impredecible? ¿Qué habrá aprendido la naturaleza (sea lo que eso sea) en su experiencia durante millones y millones de años? ¿Y qué tanto nos falta aún, a nosotros, mediocres mortales, para aprender a respetar esa naturaleza que nos creó y , ya de paso, a quererla un poquito?
Llegamos a un punto crucial, para determinar la aportación de la sociogenética al estudio del comportamiento humano. Porque llevamos insistiendo en el papel del feto, como un primer paso para determinar (condicionado) el comportamiento de un ser humano en su futuro. Y, por cierto, no confundamos con la sociogenia… de la que habla la wikipedia.
El feto es un embrión humano, que ha madurado lo suficiente (unas semanitas), para que vaya conformándose tal como debe presentarse al nacer, de forma que tenga todo los atributos básicos de un ser humano adulto… En caso de sufrir algún episodio epigenético, ya sería otro cantar. Pero, repetimos y repetimos, no es un adulto en pequeñito… como mal pensaban los clásicos griegos. No solo necesita crecer, lo más importante es que necesita madurar y mucho. Ya nos lo decían en el documental sobre la Bea británica (BBC), donde explicaban la diferencia entre ser una cría de puma o ser una cría humana.
Y es más importante esto, cuando estamos en pleno siglo XXI y ya se ven atisbos de que es posible vaya apareciendo, a lo largo de este siglo, el útero artificial. Algo que se ve ya capacitado para completar el ciclo reproductivo de un embrión humano, a partir de la fecundación en vitro de dos células sexuales … o, bien, con células madre, por clonación.
Así que usaremos la película de 2025, I am mother, para hacer una reflexión sobre el proceso de generar y madurar un ser humano, por medio de un útero artificial y una madre robótica. Todo lo que digamos sobre este proceso artificial, descrito en la peli, valdrá asimismo para uno natural… solo que nos permitirá ver las diferencias nítidas entre un procesos natural y otro artificial. Pero, lo más importante, será comprobar la validez de nuestras reflexiones (sociogenéticas), a la hora de explicar la conducta de ambos tipos de seres humanos, vengan de un feto artificial o de uno natural. Y de verdad que lo sentimos por el spoiler, si algún lector no vio aún la peli.
Estos días veremos como dos fetos salidos en unas condiciones parecidas, de una forma muy artificial, pueden dar un tipo de comportamiento humano bastante diferente. Lo que nos ayudará cuando hablemos de los hermanos gemelos, biológicos, que sufren los mismos malos tratos, pero pueden reaccionar muy diferentemente.
Todos hablamos del feto, sin tener idea de lo que es un feto. Hasta nos permitimos el lujo de llamar feto a uno que queremos insultar, sin percatarse que lo estamos llamando medio hombre… o incluso, menos que eso : un inicio de hombre. Pero luego nos olvidamos de eso y tratamos al feto como si fuera un hombre (ser humano) completo, o casi casi.
Somos muy incongruentes, además de claramente mediocres.
Así que podemos empezar por el principio : ¿Qué viene siendo un feto?… o también, » e ti, de onde ves sendo, meu filliño», como pregunta la típica viejita gallega. Ni es un adolescenete en pequeñito, ni siquiera un infante en pequeño… el feto es una futura cría humana, que aún se está haciendo, porque en esencia es un simple conglomerado celular, que tarda varias semanas en conformarse como si fuera eso : un ser humano en pequeño,… pero, repetimos : “como si fuera”, no decimos que lo sea. Porque le falta toda una fase de maduración para hacerse un bebé, algo realmente parecido a un adulto humano. Por lo de ahora no deja de ser un proyecto…
¿Podemos vivir con eso?
Pero, ser un proyecto, quiere decir que ya están diseñadas las partes básicas del edificio humano, solo hay que construirlo . Y para eso se necesita poner mucho, mucho, cuidado. No se puede echar café muy denso, sobre el plano con el proyecto, e intentar luego leerlo como si nada hubiera pasado… Y quien habla de café metafórico, emborronando partes importantes del proyecto, puede referirse a cualquier tipo de droga, alcohol por supuesto, en el proyecto de ser humano que se está gestando en un útero… natural o artificial. Porque, entre el proyecto y el bebé, aún puede haber diversos cambios… y algunos fatales. Y casi todos dependen de la madre biológica y de su entorno.
Uno de los sociogenes negativos, que procura la SAD injertar, lo más rápido posible, en las crías humanas es el que podíamos llamar «de las anteojeras»… o el filtro de la vista selectiva. El que solo nos deja ver, lo que quiere que veas la SAD. Y al final nos acostumbramos tanto a él, que, si nos preguntan decimos que eso no nos interesa verlo. Que son cosas de típicos disidentes irracionales (antipatriotas…).
Y ya deberíamos saber que ver es mucho más que mirar, pero conviene que resaltemos bien que, para ver no llega con tener un buen cerebro… también hay que tener las ganas de que funcione como es debido.
Por ejemplo, para notar, si algo impide nuestra visión… incluso con algo tan burdo como unas simples anteojeras de caballo. O unas gafas, que filtran determinadas escenas de la realidad, para ser más tecnológicos. Así que, aprovechemos que el feto aún no ve, para hacer hincapié en que, la vista, no es el único sentido que tenemos.
Hemos hablado antes del sentido del oído, algo que, ya de feto, conviene desarrollar como si no hubiera un mañana.
La curiosidad y la necesidad de defenderse del medio, nos hacen notar todos los cambios que se producen en nuestro entorno, para ir madurando una red de circuitos neuronales, aunque sean muy simples por ahora. Pero todo producto tiene un inicio. Porque hay cosas que no pueden esperar. Y sobre todo dependiendo del tipo de madre biológica (o artificial) que nos tocó aguantar… y de esto, tan crucial, hablaremos más adelante.
Todos los fetos humanos pueden parecer iguales, incluso muy parecidos a un feto de cerdo. Pero son muy diferentes, ya no solo porque no hay un ADN igual a otro, sino porque la sociedad ha ido, poco a poco, instaurando una clasificación de los fetos (ya antes de nacer) en distintas categorías. Y como un libro de literatura ya lo hizo, podemos usar su división en fetos alfa, fetos beta y fetos gamma. Aunque en la mediocre realidad actual, parezca que la división se limita a alfa y a beta.
Pero la realidad es muy dura y está claro, viendo el panorama mundial, que hay demasiados fetos de tipo gamma, como para que los podamos minimizar. La hambruna, con las guerras y el tráfico de crías humanas (sean completas o parcialmente), hacen que la cantidad de fetos reales, de tipo gamma, es cada vez más numerosa.
Así que la pregunta, ¿qué hacemos por ellos (que aún no pueden preguntar ni quejarse)?, es muy pertinente : ¿Qué tipo de feto nos tocará ser? Y no hay que remitirse a la CF de Aldous Huxley (Un mundo feliz), ni a la teoría científica de Karl Marx sobre las clases sociales, para darse cuenta que en ambas narraciones, sean fantasiosas o científicas, hay mucho de verdad.
¿Acaso, todos los fetos, que pasan a bebé, nacen en las mismas circunstancias socioculturales, bajo la misma ideología familiar y, desde luego, las mismas perspectivas de futuro? Qué más da que no se señalen en la frente con la letra alfa o la beta, unos se irán para ejecutivos con poder y otros se irán para ser esclavizados en la cadena laboral… e incluso habrá otros, almacenados al tun tun, para que los beta aprendan, que ni siquiera pueden “gozar» de un trabajo remunerado constante. Porque siempre habrá un grupo de trabajadores en paro, como repuesto seguro. Estos últimos, llamados hasta hace poco lumpenproletariado, el futuro del cuál (su extrema importancia), fue el elemento teórico que se le escapó al bueno de Marx (Karl), en su análisis marxiano de la realidad socioeconómica.
Pero la población gamma, que no toda nace como tal (hoy en día prevalecen los gamma sobrevenidos)… como son los palestinos de Gaza, está tan desesperada, que no tendrán inconveniente en forzar un rápido avance hacia el desastre planetario… ¿Por qué van a tener miedo a una extinción masiva, si ellos ya la tienen encima de sus cabezas?
¿Me dejarán ser o no me dejarán ser? Decíamos que esta es la pregunta real para nuestro feto, si pudiera hacerse preguntas… pero, por eso mismo, ya nos la hacemos nosotros por él.
Porque no lo sabemos a ciencia cierta, pero puede que, ya antes de nacer, el feto tenga que ir formando pequeños circuitos neuronales, que no llegan a construir ideas, por lo tanto no puede hacerse preguntas, pero sí que pueda ir acomodando en ellos, algún tipo de simiente lingüística, que le permita alumbrar alguna idea, tan pronto como el cerebro esté maduro, para empezar a funcionar como tal : un instrumento que recibe información del exterior, para ir construyendo conglomerados informáticos… tal que si fueran bits , que una CPU recoge, para ir archivando, hasta cuando tenga el lector necesario.
¿Qué otra cosa puede hacer la naturaleza (sea lo que eso sea), que ir blindando en cierto modo los procesos de conocimiento, del feto, que le permitan interpretar las señales que vengan del exterior… empezando por las de su propia madre.
Un bebé que no mama información en casa no puede ser buen aprendiz en la escuela. ¿Por qué no podemos decir lo mismo de un feto, que llega a bebé sin hacer sus deberes uterinos?
¿Le dejará su madre biológica prepararse, para lo que viene, o lo martirizará a ruidos, a golpes desenfrenados, cuando no a la ingestión de diversas drogas, que actúen sobre el cerebro del feto (tan inmaduro aún). Qué acabarán mutilándolo.
O, ¿me dejan ser? Podía ser la pregunta correcta. Así tendríamos el famosos monólogo de Hamlet, trasmutado en un inicio más operativo, como este : «¿Me dejan ser o no me dejan? That is the question». O, en modo Kundera, decirnos ¿Cuánto peso me dejarán tener?
¿Qué nos puede querer decir un feto, cuando aún no es un ser humano completo/maduro? Cuando aún no es ni siquiera un bebé. Al menos, mientras no cambien las normas científicas, que determinan este tipo de denominaciones. El feto quiere ser un humano, está ahí, porque da pataditas… y hasta aparece en una ecografía (aunque hoy en día)… pero ¿están realmente fuera los adultos que deben recibirlo?
Porque, al final, en una sociedad tan llena de prohibiciones, lo básico no es ser o estar (en algún sitio)… lo más fundamental es saber si te dejarán ser o estar. Porque siempre habrá una autoridad que querrá que le pidas permiso para hacer todo.
O sea, que tu labor esencial será oponerte al Poder y buscar alguna parcela de libertad. Así de simple. ¿O no?
Y no son precisamente los abortistas su enemigo principal… como suele pasar en los asesinatos dentro de una familia, el asesino suele formar parte de esa misma familia. Así que no es nada fácil buscar a los enemigos del feto. Habrá que estudiar la conducta típica de sus familiares (y después de la sociedad en general), empezando por el de su propia madre biológica. ¿Cuántas madres biológicas podrían tirar la primera piedra, si nos ponemos a hablar del desistimiento de un embrión pasado a feto? Y de las madres «asistenciales» y del estado “protector” podremos hablar más adelante.
¿Y que era lo qué decíamos ayer, sobre la falta de curiosidad? No del feto, ya que él tiene que ser curiosos por obligación biológica, para adaptarse al ambiente… Hablamos de la falta de curiosidad de los padres, de la familia… y de todo ser humano adulto ,que vaya a tener comunicación con el feto… médicos incluidos, claro.
Y tampoco hablamos ahora del posible e importante paso de escuchar música… hablamos de evitar ruidos excesivos que opacan y, a cambio, sonidos estimulantes. Tanto el feto como el bebé estarán más a gusto si notan que su mamá habla con tranquilidad con su pareja… incluso con un punto de afecto, aunque no requiera articulación de palabras.
Es evidente que un feto tranquilo, relajado, puede dedicar más tiempo a ir madurando diversas capacidades, que necesitará una vez nacido : un lenguaje (aunque sea de sonidos), un vínculo emocional con la madre, y hasta, por qué no, ir mejorando su sistema inmunitario, aprovechando los aportes nutritivos de la madre.
Desde luego ya está bien de considerar a la curiosidad como un vicio de ciertos sabios, en vez de tener en cuenta que es una pieza esencial (un biogén), para la adaptación positiva del ser humano.
¿Realmente queremos mejorar la vida del feto? Y, ya puestos, ¿qué es eso de llamarle bebé a un feto? Podíamos empezar por ser algo más científicos… ¡o hacernos todos paracientíficos!
Antes de meternos con el guía molecular, sea natural (ADN,) o artificial (adn social), para hacernos un bebé, podemos ver algunas curiosidades sobre la vida en un útero, sean del tipo que sea. Ya que se suele despreciar mucho lo del dicho popular, que no sabemos si es muy popular, de que «el inicio de un proceso es fundamental». Siempre pensamos en el final, sin proteger bien los inicios.
El feto no ve, total para qué? Pero sí puede oír… al menos a partir de la semana 16. De primero ya escucha el TIC TOC del ccrazón materno.
Y luego puede empezar ya a sentir ruidos que provengan de fuera del cuerpo materno, a partir de la semana 28… Quedándole aún tiempo ,para aprender a discernir algún tipo de sonido, que le pueda alterar su tranquilidad, o, por el contrario, darle ánimos para sentirse tranquilo.
Tanto un caso como el otro, le ayudarán para adaptarse mejor, una vez que salga fuera del útero.
¿O acaso nos creemos que un feto ya tiene injertadas las ideas típicas de un infante o un adolescente humano, diciéndose eso de que «total para qué (lo voy a aprender)»?.Ya serán bebés, para empezar a vaguear, por ahora no están aún contaminados por el sociogén de la pereza vital. Ese llega cuando mamá no deja que el bebé mueva el culete, ni para posicionarse de otra forma en la cuna. ¿Para qué hacerlo, si lo hace mamá?