¿Cuándo soñamos de noche estamos viviendo? Si nos despertamos, por supuesto…
Pero, ¿cuál ha sido la vida que hemos vivido : la soñada o el hecho claro de haber estado dormidos? Estará evidente para otros, no para nosotros.
¿Es posible no llamar vida a todo lo que ha sucedido en nuestros sueños?
Y si un día nos despertamos en un palacio… para que luego nos aseguren que solo fue un sueño, lo que allí sucedió ese día.
¿Cómo estar seguros de ello, aunque nos lo muestren en un vídeo, en esta era del AV (audiovisual) megasiliconado? Tan falsos como las leyendas de antaño…
Es un concepto muy difuso el de amor platónico, pero al mismo tiempo es un concepto que nos tiene comido el coco prácticamente a todo adolescente.
Porque puede que realmente no exista ese tipo de amor, tan tan literario, pero está clara, desde luego, su vivencia. Y sobre todo, que su ausencia es mucho más grave que la del amigo imaginario de la infancia.
¿Quién no ha vivido/sufrido, porque suele vivirse con sensación de pérdida (incluso sin haberlo tenido), un amor no correspondido?… sobre todo si nos hemos atrevido a pasar de la fase platónica a la experimental.
¿Quién, incluso, si tuvo una infancia dominada por una religión, no ha pasado por la etapa mística correspondiente? La de sentirse más cerca de un dios cualquiera, que del ser humano que estuviera a nuestro lado. Para luego sentirse de nuevo abandonado.
¿Cómo poder vivir y sentir que existes, si no hay otro ser humano, que certifique tu existencia? Y no parece que pueda valer una IA para expedir ese tipo de certificados.
¿Y si despertamos enamorados de un dios, que nos han dicho que sí tiene algún tipo de existencia? Porque no todo lo que pensamos tiene que existir realmente. No conviene digerir a Descartes en modo bruto, sin refinar.
Porque es cierto que pensar en nosotros mismos y existir, como ente pensante, es automático. Pero que pensemos en otro ente, parecido o no a nosotros, no lo hace ya existir automáticamente. Salvo por arte de magia. O por arte de un vídeo.
Al pensarlo podemos hacer que exista en nuestra cabeza, pero no fuera de ella. Para eso se necesita establecer una relación, no solo pensante, entre el otro ente y nosotros. También se necesita algún tipo de relación material.
Es lo que sucede cuando nos relacionamos diversos seres humanos, mejor o peor comunicados.
Pero podemos imaginar muchas cosas. Un variado tipo de ideas, que no siempre tendrán una relación existencial con nuestra propia realidad. O la que nos hacen pasar como tal. Solo existen virtualmente. Son coco el amigo imaginario de nuestra infancia. Pero, en nuestra adolescencia, es más fácil crear una novia imaginaria que un simple amigo. O como el gran místico San Juan de la Cruz, hace de su dios un amado, o de su Amado un Dios.
Y en este mundo tan asquerosamente materialista, ya podemos combinar realidad e imaginación, con una buena tecnología si cabe (Her, BR 2049), para establecer una relación personal con un ente que, por virtual que sea, nos permita sentir algún momento de placer.
Como mínimo, deleitarnos mentalmente. Una simple, pero buena, conversación. Que, en un mundo tan mediocre como el actual, ya no es poco.
Somos lo que soñamos, o por lo menos lo que intentamos ser. Y por eso Andrés, el saxofonista, pensaba en una china que, en principio, no tenía porqué existir… pero que le aparece en esta historia (La lengua de las mariposas) una china, inmigrante en la Galicia rural, que está deseando que alguien piense en ella, para, a su vez, cobrar existencia.
Ya lo dijo Descartes. Y bien lo repetimos nosotros. Porque, al mismo tiempo que la piensan a ella, ella debe pensar en un gallego, para que él también pueda existir. Y pueda, así, pensar en ella, cerrando el círculo de la existencia.
Y de esta forma, tenemos montada una entrañable historia del saxofonista y la china, en una fiesta patronal del interior de Galicia.
Dos seres humanos virtuales, como Romeo y Julieta, o como Jack y Rose…. pero con la salvedad de que este par de posibles enamorados sí parecen existir realmente. Al menos existen para nosotros… No son dos entes tan virtuales, se nos hacen muy cercanos, siempre que nos metamos en la historia de la peli… y, tal que hada madrina, los convirtamos en dos seres humanos del montón. Un montón algo especial, eso sí. El colectivo de los enamorados.
Y el sueño de ser libre, es el más difícil y el más necesario… diríamos que imprescindible. Sin libertad no puede existir una evolución natural y libre, por mucha ayuda artificial que se pueda tener. Que, si es ayuda positiva, seguirá siendo «natural».
Eso es lo que dejará que sigamos existiendo como especie y que podamos evolucionar hacia dónde la naturaleza , por instinto, nos deje continuar.
Y por eso decíamos el otro día, que era tan importante el pensamiento crítico. Y antes del razonamiento, que nos brota en la preadolescencia, debemos jugar nuestras cartas infantiles con el llamado amigo imaginario. Es un buen seguro, para no dejarse aplastar por los llamados adultos.
Pero no despreciemos nunca a los que se dicen locos, porque tienen sueños raros o de extremada grandeza… pero no grandeza de poder, sino de imaginar mundos mejores, donde pueda habitar el ser humano de forma natural y artificial pero, sobre todo, libre. Porque, no nos cansaremos de repetirlo, sin libertad no hay evolución posible… solo queda el camino de la involución… de regresar a épocas anteriores en la historia de la humanidad… o bien (peor) a nuestra pura, que no virtual ni virtuosa, extinción.
Y sí, Don Quijote simplemente era un sabio. Eso sí, algo iconoclasta y muy muy necesitado del buenazo de Sancho. En parte, Sancho es la parte emocional del racional Quijote. Porque no confundamos que te llamen loco, con que realmente lo seas. El problema es que puedes ponerte a razonar demasiado… pero, al hacerlo en contra de los demás, te pierdas por el camino.
Pero la lucha por ellos siempre debe ser empezada. No puede haber límites de partida, siempre tienen que ser de llegada. No alcanzarás la meta, pero siempre hay que intentarlo.
Y no estamos dando recetas de autoayuda, solo indicando los pasos para avanzar : pensarse uno mismo y sentirse, pensar en las metas y sentir que es posible alcanzarlas.
Solo hablamos de un poco de ciencia y un mucho de filosofía. La drogas artificiales no valen de nada. Lo que se necesita es dar los primeros pasos hacia la construcción de un pensamiento crítico.
Porque el poder es la meta última de muchos seres humanos, que se han dejado integrar en la maquinaria social de la SAD (su anillo de poder)… es su seguro de vida como tal SAD. Pero el camino natural, biológico, del ser humano es mantenerse LIBRE. Y para eso no puede oprimir a otro ser humano. Ni siquiera «temporalmente».
Y el no va más de la búsqueda humana : conseguir el sueño imposible. Cuando estamos reñidos con nuestra propia existencia, porque alguien muy poderoso nos la quiere negar. Con lo que volvemos a nuestro Segismundo… porque Calderón tiene mucho que decir sobre el problema de la existencia. Más que gran cantidad, muy profunda.
Aunque más que sueño imposible, en este caso, tendremos que dilucidar si soñamos o no soñamos. Si podemos llamarle vida al sueño, o si el soñar no es precisamente vivir.
Como también le pasa a nuestro entrañable Quijote… ¿hasta que punto vive sus aventuras o simplemente las sueña?
Y es que los grandes literatos de todos los tiempos, siempre gustaron de hacer frases sobre lo difícil que es vivir. Y, sobre todo, saber que (y qué) se vive.
Porque Goya, acorde con la imagen colgada de nuestro gran De Niro/ Nodless, también reflexionaba sobre los monstruos que produce la mente humana, en especial cuando está durmiendo. O bajo el efecto de las drogas… incluida la tremenda droga del odio (o de la envidia).
Un buen ejemplo, de como se muda una relación de igualdad en una de desigualdad, es la búsqueda de pareja. Tanto si es por motivos de reproducción, como si es por el simple deseo de conseguir placer. Porque es muy diferente buscar pareja, en pie de igualdad, que andar a la caza de una pareja. O de buscar a una pareja temporal, para comprarle una dosis de relación sexual mutilada.
En el prirmer caso se trata de una relación de igualdad, con otro ser humano. Con el que deseamos madurar nuestra capacidad afectiva, poniéndola en común, coco una experiencia vital, para avanzar en la evolución de la especie humana. Ni más ni menos.
En el segundo caso estamos hablando de un depredador, que dejará de lado su inteligencia, para moverse en función de su más puro instinto animal. En este caso, no se trata de establecer una relación de igual a igual… se trata de que uno (el macho) se apodere del otro (la hembra u otro macho). Tanto si es una posesión mental como corporal. Y si madura la pareja (o el trío) hacia un estadio superior humano, o, más bien, hacia un estadio inferior animal, eso no le preocupa al depredador.
Y viceversa, porque pusimos un ejemplo de depredador macho, ya que es difícil encontrar un parangón claro entre la actitud del macho y la de la hembra, porque ella suele tener más atenuado su instinto animal, salvo en el campo reproductivo.
Por mucho que se la desprecie, con la acusación machista de padecer «emocionatitis», siempre actuará más en consonancia con directrices mentales de su inteligencia racional y emocional. Muy pocas veces se dejará llevar por el instinto, salvo en lo que tiene de proteger a sus criaturas. Incluyendo a las de las demás hembras humanas. Eso es lo biológico. Lo contrario de esto, indica la posesión de un adn social negativo de campeonato. El egoísmo y la posesión del otro, son instintos muy machistas. Aunque se den en una hembra.
No es ninguna exageración decir que podemos morir antes de amar o ser amados. Así de sencillo… y de tremendo fraude. No nos dejarán ser ni Jack ni Rose, ni Julieta ni Romeo.
Porque no es la vida, ni la frialdad del mar, lo que mata nuestro amor. Son los adultos, que tienen el poder, los que nos pueden hacer imposible nuestra debida historia de amor. Porque nacemos para amar, no para lo contrario.
Y no se necesita precisamente mucho poder. Puede ser un adulto o un adolescente adultificado prematuramente) el que promueva una acción determinada, que nos robe esa posibilidad de amar. Que, repito, es una deuda que tiene la naturaleza con nosotros, simplemente por el hecho de haber nacido.
Disfrutar del amor de otro ser humano es una claúsula esencial en el contrato que firmamos con la naturaleza. Cuando ella decidió que debíamos salir al mundo de los seres humanos, a partir de la fecundación correspondiente. Y la relación previa necesaria.
Y luego nos puso a vivir en el ecosistema progenitor, donde los adultos debían ser nuestros tutores, para ayudarnos a madurar de forma natural y libre.