
Como la IA, llamada Madre en «Alien, el octavo pasajero», o más técnicamente MUTHUR 6000. A la que han programado, como bien muestra el mensaje de la figura, para completar una determinada misión, sea como sea, incluso si supone la muerte de toda la tripulación humana. Preveyendo tal situación, meten en la tripulación un ciborg, que pueda conocer con los entresijos ocultos de la misión espacial.
Esta atractiva historia nos muestra un aspecto de la conducta de las IA, que nos liga directamente a la conducta previa de las IH.
Porque, pensemos por un momento algo vital : ¿Quién narices es el/la autor de la programación de una IA? Acaso no es una «simple» IH… Y decimos simple , porque muy simple hay que ser, para ser el programador de una IA, y peor cuánto más avanzada sea, para que pueda volverse contra los humanos.
Ahí ya no vale aquello de las tres leyes de la robótica, solo la ley del «sé más imbécil si puedes», que marca la trayectoria de todo ser humano básicamente mediocre. Mediocre en el sentido de poco evolucionado como versión homo sapiens…
Porque, si la programas ya directamente, para volverse contra tu especie, eres un completo imbécil… y, si la programas para que su descendencia pueda volverse contra tu especie, es que ya eres un megaimbécil… un poco el Elon Musk del siglo XXI.
¡Anímate!