Etiqueta: comunicación

  • Porque la base real de la HUMANIDAD está… en otra parte!!!

    Si Descartes nos dijo que nos pensamos individualmente, y aquí añadimos el pensamiento colectivo, la necesidad de pensar en el otro (como mínimo), tendremos que concluir en algo muy claro : la necesidad de comunicarnos.

    ¿Cómo nos vamos a enterar de que otro ser humano existe, si no somos capaces de establecer algún tipo de contacto, que pueda concretar nuestra existencia real?

    Por lo tanto es necesario establecer un proceso de comunicación con el otro (ser humano) al que pensamos y que, lógicamente, en paralelo nos debe pensar a nosotros. Todo eso aparte de que consigamos un diálogo profundo entre los posibles yos de nuestra mente.

    Y una vez establecida una frase que unifique el sentir de nuestros diferentes yos, es cuando la podemos echar afuera y dejar que la reciba ese otro ser humano al que hemos conseguido definir como existente «a nuestro lado»… o a kilómetros de distancia, en la actual época de internet.

    Aunque no olvidemos nunca, que si es difícil saber si existe realmente una persona que está a dos metros de nosotros, mucho más difícil será hacerlo con una que está a dos mil… y que puede ser solamente virtual.

  • O, al contrario, DIALOGUE… con ella

    O lo intente, por lo menos.

    Como hace el caballero de Bergman en El séptimo sello, cuando trata de retrasar su muerte con toda la pachorra del mundo. A fin de cuentas, ¿que más da jugar una partida de ajedrez con la misma Muerte, y no con el típico colega del bar?

    Y jugar con la muerte no es precisamente invitarla a que viva cerca de ti, esperando que falles en cualquiera de tus descabelladas aventuras cotidianas.

    O sí… pero, entonces, tendrás que estar bien pertrechado, para que te lleve en cualquier momento en que te pones en peligro.

    ¿Por qué sorprenderse de su visita, en ese caso?

  • Es casi lo mismo que buscar en un cactus…

    … una espina concreta.

    Todas las espinas parecen iguales. Como todo el alumnado parece igual de reacio a que interactúes con él. Y por ese motivo andamos dándole tantas vueltas al buen uso del cerebro en acción de ver. Porque, como en el tocar, oir, oler o saborear, hay mucho de arte.

    Porque la imagen global viene ser la combinación de los diferentes elementos (datos) que la componen. Así que logrando ver todas sus espinas, prácticamente tenemos al cactus completo. Aunque, en principio, no le veamos sus flores.

    E igual pasa cuando observamos el «cactus» que forma el alumnado sentado en un aula escolar. Tenemos que aprender a individualizarlos.

    Porque el proceso de VER, empieza por encontrar ese primer elemento de la imagen, que nos va a permitir ir poco a poco, o muy rápidamente, para encontrar el resto del conjunto visual.

    Y hablando del aula escolar, tenemos que buscar ese primer alumno que nos mira y atiende, para mirarlo y atenderlo nosotros, ya que él será el camino para «ir viendo» a todos los demás. Pero con eso, ya entramos en el arte de la comunicación. Es decir, a dónde nos lleva el acto de ver. Pero eso tendrá su espacio tiempo de reflexión posterior.

  • Porque, si un muro filtro no deja pasar nada, entonces…

    … estamos ante un MURO poco eficiente!!!

    Porque su función de filtrado es fundamental. De ella va a depender que nos convirtamos en piezas esenciales del sistema social dominante, o en meras comparsas, en esa Gran Representación del Mundo, que nos ha tocado actuar. Como bien nos decía el gran Calderón. Y eso pasa, nos guste o no la música, nos guste o no Pink Floyd. Porque, en ese caso, ya tenemos delante un tipo de muro invisible, pero que resulta megaeficiente: una sordera musical de caballo. Más o menos igual, que si nos apasiona el reguetón.

    Porque sí, tenemos delante, o a los lados, si escuchamos/vemos a través de las orejas, un muro lleno de palabras musicales . Y, como no, de silencios, algo muy típico de todo muro que se precie como tal. Ese silencio tan poco material, pero que a veces dice más que las palabras. Sobre todo cuando te invade esa soledad, que te va comiendo poco a poco. Ese silencio no es como el de otro ser humano, que se queda en silencio cuando le preguntas, aunque siga mirando para ti. Es mucho más aterrador.

    Si estás solo y escuchas un disco, puedes penetrar en él o no. Pero está claro que, una canción o pieza musical, se puede hacer tan impenetrable como un muro de piedra o de cemento.

    Porque se necesitan algunas herramientas, para penetrar ciertos muros, que no tienen granito, pero están hechos con muchos vericuetos. Son como laberintos y su cometido es impedir, que sigamos madurando como seres humanos. Y en ese motivo, precisamente, debemos centrarnos en nuestro esforzado trabajo de maduración, durante ese proceso natural que llamamos «ser una cría humana».

    Y si no queremos esforzarnos, durante la infancia y preadolescencia, entonces tenemos y tendremos un problema muy grande. Demasiado grande (y muy importante). Que podemos resumir, en que vamos a dar un paseo por nuestra adolescencia con la mochila prácticamente vacía. Lo que podemos también representar por nuestra famosa frase, cuando dábamos clase, «pérdida de la adolescencia habemus». Que le decíamos a nuestro boquiabierto alumnado. ¡Y no por el latín precisamente!