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  • O llegar a ser una adolescente británica…

    … que también lo puede tener claro.

    Aunque su ecosistema social no sea tan insufrible como el de Gaza. Ni siquiera de Cisjordania. Pero una adolescente británica de finales del siglo XX, también necesitaba decir NO (a muchas cosas).

    ¿O no?

    En una sociedad dónde sus adultos siguen apegados a una visión victoriana de la organización social, ¿qué puede esperar una cría humana, que pretenda madurar natural y libremente?

    Si en su ADN trae marcas escritas desde sus antecesores prehistóricos, ¿qué tipo de gen social no le será injertado nada más nacer?

    Seguro que no son del tipo que permita fortalecer la necesidad genética de ser solidarios, con otros seres humanos, con otras sociedades diferentes a la británica. Será más fácil que sus gene sigan siendo los que se fueron forjando durante el Imperio Británico. De los que fomentan la insolidaridad y la competencia inhumana. Incluso la opresión y explotación de las colonias. Aunque sea por métodos modernos más sofisticados. Pero que siguen siendo básicamente los que siguen teniendo los animales irracionales, que no es otra cosa que puro instinto de supervivencia. Y eso que, este tipo de animales, son más «racionales» que nosotros, en el uso de este vital instinto.

  • Porque solo nosotros, los humanos,…

    … generamos muros filtro virtuales.

    Muros que no existen, como si existen los muros de acumulación de materia inerte, o viva (vegetales, humanos con armas o sin ellas…). Incluso muros que resultan invisibles, pero sentimos su presencia inmaterial. Todos ellos impiden que sigamos caminando por la senda que habíamos tomado.

    Son los muros de peaje. Esos que pone el poder establecido para discriminar a los buenos súbditos, lo que pueden pasar, de aquellos que son «diferentes», en este caso malos súbditos, y que no pueden pasar. Son discriminados los que tienen alguna peculiaridad que el poder establecido no quiere admitir como positivo. Ni siquiera como neutro.

    Y los peores son los muros virtuales. Muchos de ellos falsamente virtuosos, aunque sean promovidos por las llamadas iglesias. Porque ese tipo de muros virtuales son los que separan a los que tienen ganado el reino de este mundo de los que deben ser castigados, sea por un pecado original inxistente, o por los sucesivos pecados que esas iglesias han ido fijando a lo largo del tiempo de opresión que han establecido.

    Hasta ese Juicio Final. O hasta los sucesivos juicios civiles y militares, por los que deben pasar eses humanos con etiqueta social de DIFERENTES. Eses seres humanos que no quieren seguir las normas sociales establecidas por la SAD.

    Aunque tu diferencia con «los otros» consista simplemente en que eres una cría humana, que llevas lógicamente la marca de la regeneración social en tu ADN. Entonces es cuando los herodes del sistema social dominante (o SAD) deben buscarte por los belenes del pueblo, para acabar con tu vida. Y que ellos puedan dormir tranquilos una buena temporada. Hasta que nazca la nueva promoción de crías humanas… y vuelta a empezar.

  • Y cómo de una planta pudo derivar…

    … en una ave???

    Es decir, cómo de unos vegetales tipo palmeras, recordemos que vienen de simples proteínas, puede aparecer una paloma? Que viene siendo un animal relativamente simple… pero que evolucionó hasta tener la capacidad de volar.. lo cual no es moco de pavo, que decíamos en el barrio.

    Lo repetimos… es lo que se llama proceso evolutivo de los seres vivos.

    Un proceso muy complejo en el que no vamos a entrar (por ahora), que podemos asociar en estes momentos de la reflexión a esa simple proteína original que se hizo más compleja, tan compleja, como para producir primero mutaciones espontáneas que dieron lugar a los vegetales.. y mucho mucho tiempo después, derivaron en animales… portadores de una proteína megacompleja que ahora se llama ADN.

    Y en ella (ADN) se fueron “escribiendo” todos los avances genéticos (evolutivos) de esos seres vivos, que empezaron en simple bacterias, pasaron a algas marinas, que luego derivaron en peces, y en reptiles…viniendo a dar al final en esos animales voladores que llamamos palomas, por un lado, y en los mamíferos por el otro.

    Así que, mucho después de las primeras palmeras, las parientas de los dinosaurios, fueron mutando en seres vivos como nosotros : esos humanos que no queremos aprender a ver… ni siquiera una simple flor. Lógicamente un ser humano no deriva directamente de una palmera, ni de una paloma… ni siquiera del mono actual. Ellos solo son elementos, que se fueron dando en la cadena evolutiva… o mejor árbol evolutivo… con su gran profusión de ramas debido a esas palmeras, palomas y monos del siglo XXI.

  • Y,¿qué podemos decir de los muros filtro, que son…

    … como una invitación al vals?

    Esos «muros», que ni lo parecen, porque te invitan a traspasarlos como si de una simple ducha se tratase. O bañarse amorosamente en un lago algodonoso, burbujeante. Te filtran de tal modo que crees haber pasado indemne, pero ya eres otro una vez pasado el muro.

    Esos son los peores «muros». Porque en ese vapor de agua hay disueltas determinadas sustancias, químicas o digitales, que pueden controlar las decisiones que tomamos. Y pensando, para colmo, que son decisiones nuestras totalmente autónomas.

    Parece que nos invita a bailar cómodamente, pero lo que hace realmente es manipularnos para seguir una marcha militar. Camino de la enésima guerra. O ir paso a paso, cumpliendo todas las norma sociales, las habidas y las por haber. Tal como mandan los adultos que controlan esa SAD de la que tanto hablamos aquí. En el fondo es uno de los típicos filtros sociales para acabar siendo un buen soldado. El que se rebele contra el poder acabará castigado.

    Porque, desde que nacemos, hay unas normas sociales, en principio solo familiares, que nos obligan. Sí, que nos obligan porque no las escogemos libremente. Entre otras cosas porque aún no tenemos una posible libertad de acción.

    Y no porque nos la nieguen nuestros padres, no, es simplemente la ley de la naturaleza (sea lo que eso sea): debemos ir aprendiendo poco a poco. Porque «de golpe» solo se aprende a morir más pronto. Y antes de aprender a morir, toca aprender a vivir. Se necesita tomar conciencia de uno mismo. Que no nos hacemos mayores, porque nos inviten al baile de graduación social. Es una soberana estafa emocional.

  • Y es que, además de desconfiar, hay que…

    … aprender a decir ¡BASTA!

    Porque la desconfianza es una capacidad que vamos adquiriendo poco a poco, con las malas experiencias. Pero la capacidad de rebelarse viene ya marcada en el ADN, siendo algo que va a resultar esencial, cuando lleguemos a nuestra adolescencia.

    Entonces hablaremos de la capacidad de regeneración que poseen las crías humanas. Esa otra marca genética, que porta cualquier cría humana en su ADN, la de regenerar la sociedad adulta (dominante).

    Es la capacidad de provocar los cambios necesarios, para hacer que la sociedad adulta, que se ha ido desviando de una evolución natural y libre, vuelva a un camino más democrático.

    Aunque ellas no lo sepan, esa característica va escrita en su ADN y tienen una etapa , llamada adolescencia, para aprender a manejar esa capacidad. De forma que madure libremente y sirva, realmente, para deshacer tanto entuerto, como el Quijote. Tanto mecanismo de opresión como se ha ido inventando la sociedad adulta, a la que llamamos dominante. Ya que, en el planeta, puede haber varios tipos de sociedad adulta, especialmente en su fase tribal, pero será siempre una de ellas la que realmente controle el poder establecido a nivel de la organización terrestre global.

    Porque esa etapa de maduración, es la hora de que la cría humana aprenda a defenderse de los adultos que la maltratan.

  • Pero no queremos entender la mirada de…

    … los otros.

    Y así empezamos a ver mal el como nos miran las crías humanas, cuando no comprenden lo que les pasa. Quizás porque no les dejamos madurar libremente.

    Y así empiezan esas miradas llenas de interrogantes, porque nos ven (a los adultos) como bichos raros, que no pretenden entender lo que a ellos les importa tanto.

    Y así se van combinando sonrisas y malas caras, porque se les va agotando la poca paciencia que aún les queda.

    Y así se les van acabando los porqués, ya que notan como nos gusta tan poco ese tipo de pregunta. A la que el adulto gusta de nombrar como «pregunta difícil».

    Y así, al adolescente, se le va superponiendo «todo lo que le echen», por encima de esa capacidad genética de regenerar la sociedad adulta dominante. Se va cubriendo esa capacidad, tan esencial para el avance social, con su adn social, en este caso tremendamente negativo. Es decir, se le reescribe una norma social sobre una marca genética. Y menos mal, que, muy en el fondo, esa reescritura no puede borrar la escritura que intenta tapar.