Un blog de Sociogenética

  • Hasta filtros que pueden…

    … deformar/ocultar la realidad totalmente.

    Hablamos ayer de los filtros que nos deforman en parte la realidad que miramos. Pero hay otros que son capaces de quitarnos toda la realidad que miramos, si es que nos disgusta mucho. O incluso montarnos otra realidad diferente, paralela a la real, para que nos guste. Ese tipo de cosas que tan bien hace alguna red social como Instagram, por ejemplo.

    Porque, ¿para qué ver lo que hay delante, si podemos hacernos ver otra realidad diferente?

    Es un poco como la imagen que se forma en la pantalla digital, a partir de ligar un montón de pixeles entre sí. Se puede formar la imagen que alguien nos envía a través del televisor. Así funciona los grandes filtros sociales, que la SAD nos ofrece en el día día.

    Y así se van grabando (injertando/infectando) nuestro cerebro, con eso que aquí llamamos adn social negativo.

    Porque el adn social positivo sería el que se va injertado (no le llamaríamos entonces infección, como mucho vacunación) con las variaciones sociales positivas. Esas que permiten madurar las capacidades que están sembradas en nuestro ADN. Sería lo correspondiente a una maduración natural y libre. Y poniéndose aristotélicos, sería favorecer el proceso de paso de nuestras capacidades en potencia a nuestras capacidades en acto.

  • Desde filtros donde casi todo…

    … se ve borroso, pero se VE.

    El filtraje de la realidad puede ser suave, solo nos quita algo que no queremos ver, por ser algo desagradable, pero no afecta al contenido que esa realidad nos está manifestando. Por ejemplo, ver un muerto con exceso de sangre, o verlo semitapado para que no sea tan gore la imagen.

    Este tipo de filtros son muy típicos en nuestra relación cotidiana con otros seres humanos. Como el que nos hace parecer mejor o peor al amigo de siempre. El filtro que nos da más confianza con el compañero de trabajo. O nos la quita.

    Incluso puede ser usado, un filtro, casi siempre involuntariamente, con la pareja afectiva, que andamos buscando para que nos haga compañía.

    Y que por necesidades de sentirse más o menos a gusto, nos hace filtrar aspectos de la pareja que nos desagradan o, lo que es mucho peor, nos hacen ver aspectos que deseamos tenga, cuando realmente no los tiene.

    Esos son los filtros que nos engañan en nuestras relaciones sociales. A veces son impuestos, otras los adquirimos voluntariamente. Nos «gusta» ser engañados.

  • Casi tanto como el propio…

    … arte de matar.

    Algo parecido al llamado arte del toreo. Se deleita alguna gente viendo como sufre un animal. No es tan raro entonces, que alguna gente pueda disfrutar con la tortura de un ser humano.

    Todo es cuestión de escala. Y de aprendizaje. De hecho, nos puede injertar (la SAD) un adn social negativo, que suponga el disfrute (algo innato) del sufrimiento ajeno (algo adquirido socialmente).

    El ser humano no disfruta con el dolor. Ni con el propio ni con el ajeno. Hay que ser «muy marqués» para opinar lo contrario. No es un título aristocrático el que nos hace sádicos o masoquistas, es un adn social negativo lo que nos hace llegar a sentir que disfrutamos (lo que no es realmente cierto, solo una simulación fisológica), con el dolor que nos provocan determinadas situaciones corporeopsíquicas. Simplemente lo inverso del psicópata que siente placer torturando.

    Porque lo mismo pasa si nos plantemos el supuesto placer de esos humanos torturadores. Es confundir el auténtico placer (positivo) con la ausencia de dolor (negativo). O incluso hacer la transformación del dolor en falso placer, debido a sobrepasar la dosis máxima que soporta tu cuerpo. Algo a lo que podemos llegar por acondicionamiento mental. Como hacen, por ejemplo, los monjes budistas. Y que tiene relación con el consabido Síndrome de Estocolmo en Masoquismo.

    Muy en el fondo, el problema del dolor no deja de ser una variante del problema de mirar sin ver. Tenemos que ser capaces de no ver en nuestro cerebro el dolor que miramos. Sea propio (más difícil borrarlo) o ajeno (más fácil de borrar con el tiempo).

  • Porque mirar sin dejarse ver…

    … es un vicio muy humano.

    Es ocultar tus cartas en la partida de Póker Mirón. Pero con el fuerte agravante de que has obligado al contrario, a que enseñe las suyas. En cierto modo lo podemos asimilar a una especie de traición.

    En todas las capacidades genéticas, como ya hemos dicho, hay un gradiente de desarrollo. Pueden madurar mucho o poco. Su exceso de desarrollo puede ser contrario a un uso positivo de tal capacidad. Y viceversa.

    El arce engaña poco. Porque un observador que lo vea en dos inviernos, ya puede colegir que será lo mismo para el otro. Sepa de Biología o no. Además no se puede decir que su disimulo, haga mucho daño a ningún otro ser vivo.

    La capacidad de disimulo en un camaleón ya es otra cosa. Porque le es muy útil para comer él, pero está claro que hay efectos colaterales negativos, para los que van a ser su alimento. Aún así, ese grado de maduración en la capacidad genética es perfectamente natural.

    Pero, como siempre, en el humano es muy diferente. Ya que puede ser usado el disfraz para hacer reir a una cría humana, o para cometer su asesinato. En este segundo caso ya estamos haciendo un uso inhumano de una capacidad genética humana.

  • Eses humanos que tanto gustan de…

    … mirar (y ver), sin ser vistos!

    Gustan de no dejarse ver. Porque no todos los que se tapan, lo hacen para matar a la gente. Es más habitual, hacerlo por timidez o por vicio. Y, sobre todo, por espiar la forma de hacer más daño al consabido prójimo. Lo que podríamos llamar el arte del fisgoneo. Es como retorcer el disimulo, para usarlo en contra de «los vecinos». Si el Disimulo es una forma de arte, podemos decir que el arte del Tapado es una forma de antidisimulo.

    Porque dismular la timidez es una forma de engaño, por muy razonable que le parezca al que la tiene. Pero es un tipo de engaño muy leve, casi natural, ya que puede corresponder a una cierta debilidad, en la capacidad genética de defenderse : en vez de «echado para adelante», se trata de ser un poco «echado para atrás».

    Pero luego ya está el ejemplar de humano (tímido o no) que practica el voyeurismo, incluso hasta el acoso. Cuando el placer más intenso no lo da el ver a una mujer, por ejemplo, tanto como el ver que ella ve que la estás viendo.

    En este caso ya se trata más bien de un caso de sadismo, pues el sufrimiento ajeno es lo que a ti te proporciona placer. Aunque sea solo mirando lo que ves.

    Porque el famoso marqués se explayó mucho en el sadismo exacerbado, pero el pequeño mal, que realmente destroza la convivencia humana, es el sadismo de baja escala. El que se puede disfrazar como una simple manía de observar lo prohibido. El que supone un acoso en modo suave, pero prolongado, que le va quitando intimidad, poco a poco, a la persona observada. Hecho en la infancia, por ejemplo, o en la preadolescencia, puede despersonalizar, parcial o totalmente a una cría humana. Convertirla en un futuro objeto de uso para mirones.

  • Hay gente que, simplemente…

    … se tapa del sol…

    … porque se deslumbra. Pero hay mucha gente, que se pone una venda. O una buena anteojera, para ver solo lo que no le molesta. Es una forma de filtrar la realidad, algo muy acorde con un adn social negativo, si lo que dejas de ver es lo que más necesitas ver, para ser realmente libre.

    Porque en la adolescencia es cuando se fabrican los filtros mentales propios. Los que sirven para filtrar la realidad, evitando el deslumbre de cosas que son mentira. O medias verdades. Dejando pasar aquello que tu pensamiento, que empieza a ser crítico, considera bien argumentado. Pero no siempre funciona así. A veces deja pasar los «malos» argumentos.

    La realidad debe ser filtrada, ya que está muy llena de paja y de colorines. Y más en este siglo XXI, con lo que se denomina mundo digital.

    Pero los filtros no pueden ser filtros baratos, comprados en el típico bazar de «todo a 100». Filtros mediocres, que realmente no filtran tal como te interesa, para una maduración natural y libre. Y menos aún si se trata de los filtros regalados por la SAD, para mantener manipulada a la gente que los usa.

    Como pasa con la palabra libertad, donde no es lo mismo libertad de la mayoría oprimida, que libertad de una minoría opresora, tampoco aquí vale igual un filtro hecho por uno mismo, que el típico filtro, que te regalan cada vez que te muestras obediente con el poder establecido. Esos no son filtros realmente, son deformadores de la realidad. Y pueden ser muy muy sofisticados. Depende de quien te los regale.

  • De lo anterior se ve, que no es nada fácil VER…

    … lo que no se deja ver.

    Que también podemos expresar, como que no siempre se ve lo que se mira. Salvo que usemos la capacidad genética, que tienen los humanos, para abstraer /generalizar lo que están viendo. Como hizo Picasso en su etapa cubista.

    Porque el cilindro se puede descomponer en nuestro cerebro en diversa figuras planas. O con perspectiva volumétrica, con cierto grado de volumen (por nuestra capacidad de imaginar «como será por detrás», una vez que lo hemos visto realmente). Y hasta, como dijimos, de imaginar un uso futuro de esa figura cilíndrica : rueda de apisonadora o lata de refresco.

    Esa capacidad de abstración, nunca segura al 100% en su predicción de futuro uso, es la que nos permite inventar a los humanos. Ver más allá de la realidad presente. Incluso en la realidad futura.

    Pero también es la que nos puede dar algo de miedo, cuando se refiere a que nos vean «por dentro» o mucho peor, como puede ser nuestro futuro.

    Y por eso necesitamos , casi tanto como ver, el no dejar ver a los demás. Y ya veremos una segunda parte sobre esto, cuando toquemos el problema de la existencia del que mira (el mirador) y de lo que mira (lo mirado).

  • Pero volvamos a los humanos que…

    …tanto disfrutan disimulando.

    Y también despreciando el proceso evolutivo natural. Como mucho, y para sentirse más poderosos, casi divinos, son adictos al intento de conseguir una evolución artificial. Que, tal como acabamos de decir, le dé la oportunidad de seguir teniendo el poder. Y, a ser posible, consiguiendo alguna especie de vida eterna, para parecer más dioses.

    Como mínimo al estilo de Cleón I, en la saga fantástica del Asimov : Las Fundaciones.

    Curiosamente es en una «mediocre» adaptación de Apple, donde nos explican algo superinteresante : Que la evolución artificial no puede ser totalmente controlada. Algo de lo que no habló demasiado el Asimov. Porque siempre habrá la posibilidad de que sufra algún desajuste más o menos «natural», que desvirtúe el objetivo perseguido. Pero ya hablaremos de la ingeniería genética.

    Volviendo a la realidad presente, podemos quedarnos con un tal Jasón (o algún imitador), psicópata cinematográfico, que gusta de taparse la cara con una simple careta.

    Algo que en los atracadores de bancos, ya es el consabido pasamontañas, para despistar al público. O también en el caso de los manifestantes violentos, para despistar a la poli. Simple disimulo, sea extrictamente artístico o no.

  • Y hasta disimula un deconstruido galáctico…

    … llamado Darth Vader.

    Da igual que acabes totalmente deshecho, que si la tecnología está muy avanzada, podrá rehacerte y dejarte «casi nuevo». Porque sean humanos originales, sean clones humanos o sean seres de otra galaxia, humanizados o no (les llamemos como les llamemos), todos usan el mismo principio natural. Para avanzar como especie «de lo que sea», o simplemente para regenerarse solo hay un medio conocido : La evolución.

    Así que al homo sapiens generado naturalmente, le pueden entrar ansias de perfeccionarse como ser vivo humano. Aunque, en su caso, la adicción al poder, le puede llevar a querer ser algo así como un dios. Algo que se junta en lel caso de la renovación total del bueno de Anakin Skywalker, una vez transformado en el malo de Darth Vader. Y ya hablaremos de este DV, cuando queramos reflexionar sobre el hecho básico de que el ADN es , en cierto modo, tapable, pero nunca borrable.

    O puede suceder que a un clon de homo sapiens, como es el clon llamado replicante en la peli Blade Runner, le entre un deseo de vivir más allá de los cuatro años, que el ser humano le puso como fecha de caducidad. Y, entonces, se rebela…

    O como al bueno de Sonny, en Yo robot, que tiene ganas de ser capaz de mostrar sentimientos.

    O como la buena de Joi en la segunda Blade Runner, que suponemos acabará por desear corporeizarse, para pasar de ser un simple holograma 3D a poder pasear su garboso cuerpo por las calles de las distópicas urbes. Al final todos acaban queriendo ser lo que no son. ¡Mayor camuflaje imposible!

  • Este Disimulo incluso lo puede practicar…

    … un clon humano llamado replicante.

    Porque si les damos a los robots la posibilidad de pensar por si mismos, ¿por qué no van a aprender que necesitan disimular, para su propia supervivencia?

    Viene a ser como el humano esclavista, que considera a su esclavo como un animal sin alma, es decir no pensante. Cuando sabemos que eso, precisamente, viene en todo ADN humano. La capacidad de pensar es el regalo que nos ha hecho la naturaleza (sea lo que eso sea) a nosotros, los humanos.

    Y al humano le gusta pensar que sus robots estarán siempre desprovistos de esa capacidad. Como si no pudiera hacer lo mismo que el ser humano, que va evolucionando. Podría pasar igual con el robot. Llegado a una masa crítica «cerebral», aunque sea artificial, podría el robot adquirir la suficiente autonomía, como para ponerse a «pensar por si mismo». Aunque en principio no alcance la complejidad reflexiva de un ser humano.

    Se llama evolución.

    Y es algo que se tiene que ver, aunque no se quiera mirar. Porque pasar va a pasar.