Un blog de Sociogenética

  • Un ejemplo de muro filtrante…

    … que no lo parece.

    Podemos llamarlo muro intelectual, y puede ser muy filtrable o totalmente opaco. Porque el intelecto sirve para aprender cosas, que son muy necesarias para madurar. Y, por tanto, para sobrevivir. Para adaptarse positivamente al ecosistema donde te ha tocado vivir. Y, por eso, es esencial para interpretar los filtros ajenos, que te pongan delante.

    Porque, ese tipo de filtros (libros), los pueden usar (los adultos), para intentar frenar tu avance madurativo y que acabes así, como la típica pieza de engranaje en la maquinaria social establecida. Realmente más que un filtro, en ese caso (no te deja pasar), se trata de un muro de contención. Solo te dejará pasar cuando te haya convertido en una pieza eficaz para el engranaje social.

    Desde la escuela infantil, los muros/filtros intelectuales tiene una función clara de barrera. Solo los privilegiados deben atravesarlos, para pasar a formar parte de las promociones de crías humanas que, en vez de regenerar, van a ser los nuevos pilares de la reforzada SAD.

    Se puede decir que los muros «librescos», sobre todo si son libros que se deben estudiar como autoridades supremas del saber. Tipo el clásico Talmud judío. O, en su tiempo, la Biblia Cristiana.

    En el fondo tales muros son los muros/filtros trumpistas de una cárcel virtual, que impide desarrollar un vida natural y libre, como le corresponde a todo ser humano. Y más en su versión moderna de homo sapiens.

  • Porque, si un muro filtro no deja pasar nada, entonces…

    … estamos ante un MURO poco eficiente!!!

    Porque su función de filtrado es fundamental. De ella va a depender que nos convirtamos en piezas esenciales del sistema social dominante, o en meras comparsas, en esa Gran Representación del Mundo, que nos ha tocado actuar. Como bien nos decía el gran Calderón. Y eso pasa, nos guste o no la música, nos guste o no Pink Floyd. Porque, en ese caso, ya tenemos delante un tipo de muro invisible, pero que resulta megaeficiente: una sordera musical de caballo. Más o menos igual, que si nos apasiona el reguetón.

    Porque sí, tenemos delante, o a los lados, si escuchamos/vemos a través de las orejas, un muro lleno de palabras musicales . Y, como no, de silencios, algo muy típico de todo muro que se precie como tal. Ese silencio tan poco material, pero que a veces dice más que las palabras. Sobre todo cuando te invade esa soledad, que te va comiendo poco a poco. Ese silencio no es como el de otro ser humano, que se queda en silencio cuando le preguntas, aunque siga mirando para ti. Es mucho más aterrador.

    Si estás solo y escuchas un disco, puedes penetrar en él o no. Pero está claro que, una canción o pieza musical, se puede hacer tan impenetrable como un muro de piedra o de cemento.

    Porque se necesitan algunas herramientas, para penetrar ciertos muros, que no tienen granito, pero están hechos con muchos vericuetos. Son como laberintos y su cometido es impedir, que sigamos madurando como seres humanos. Y en ese motivo, precisamente, debemos centrarnos en nuestro esforzado trabajo de maduración, durante ese proceso natural que llamamos «ser una cría humana».

    Y si no queremos esforzarnos, durante la infancia y preadolescencia, entonces tenemos y tendremos un problema muy grande. Demasiado grande (y muy importante). Que podemos resumir, en que vamos a dar un paseo por nuestra adolescencia con la mochila prácticamente vacía. Lo que podemos también representar por nuestra famosa frase, cuando dábamos clase, «pérdida de la adolescencia habemus». Que le decíamos a nuestro boquiabierto alumnado. ¡Y no por el latín precisamente!

  • Así que hay muros filtro que son impenetrables,…

    …mientras otros te invitan a bailar..

    Porque el filtro viene siendo un muro «mutante», muy inteligente, que se acomoda simplemente a lo que le mandan hacer.Y cuando no queremos ver la realidad que miramos, tal como es, porque nos puede molestar, o decide la SAD que no debemos ver, porque le molesta a ella, entonces viene el filtrado de los muros. Podemos decir que este fenómeno de filtrado, es en doble dirección, y se hace tanto voluntaria como involuntariamente.

    El mirador que observa, no solo mira, también puede filtrar la realidad de dos maneras : En una, donde le quita lo que la quiere ocultar/deformar (filtro mental propio) o en otra, donde le pone algo que la disimule (filtro mental adquirido). En un caso , un tipo de filtro «con crítica», mientras que en el otro, un tipo de filtro»sin crítica».

    Viene a ser la diferencia entre construir el propio filtro durante la adolescencia, o comprar esa especie de filtro mediocre o sofisticado, en un bazar de «todo a 100». O aún peor, que te lo regalen algunos políticos o empresarios, para enseñarte, según ellos, como es el mundo. Eso tan típico de «ven, que te enseño a ser un hombre de bien». A las mujeres ya ni caso. Ellas deben permanecer lo más invisibles posible. Solo «deben» existir como objetos sexuales del machista.

    Es la crucial diferencia entre usar un filtro que empiezas a construir con la aparición del pensamiento crítico adolescente, o dejarse llevar por el pensamiento seguidista del adolescente que viene al mundo para «pasar el rato». Para no esforzarse demasiado.

    La diferencia de esfuerzos, en un montaje o en el otro, es fácil de percibir, cuando intentamos ver la realidad que miramos. Ya nunca veremos lo mismo.

  • Y,¿qué podemos decir de los muros filtro, que son…

    … como una invitación al vals?

    Esos «muros», que ni lo parecen, porque te invitan a traspasarlos como si de una simple ducha se tratase. O bañarse amorosamente en un lago algodonoso, burbujeante. Te filtran de tal modo que crees haber pasado indemne, pero ya eres otro una vez pasado el muro.

    Esos son los peores «muros». Porque en ese vapor de agua hay disueltas determinadas sustancias, químicas o digitales, que pueden controlar las decisiones que tomamos. Y pensando, para colmo, que son decisiones nuestras totalmente autónomas.

    Parece que nos invita a bailar cómodamente, pero lo que hace realmente es manipularnos para seguir una marcha militar. Camino de la enésima guerra. O ir paso a paso, cumpliendo todas las norma sociales, las habidas y las por haber. Tal como mandan los adultos que controlan esa SAD de la que tanto hablamos aquí. En el fondo es uno de los típicos filtros sociales para acabar siendo un buen soldado. El que se rebele contra el poder acabará castigado.

    Porque, desde que nacemos, hay unas normas sociales, en principio solo familiares, que nos obligan. Sí, que nos obligan porque no las escogemos libremente. Entre otras cosas porque aún no tenemos una posible libertad de acción.

    Y no porque nos la nieguen nuestros padres, no, es simplemente la ley de la naturaleza (sea lo que eso sea): debemos ir aprendiendo poco a poco. Porque «de golpe» solo se aprende a morir más pronto. Y antes de aprender a morir, toca aprender a vivir. Se necesita tomar conciencia de uno mismo. Que no nos hacemos mayores, porque nos inviten al baile de graduación social. Es una soberana estafa emocional.

  • Y, cómo no, «muros» cargados de un…

    … muy húmedo afecto.

    Al estilo del clásico oasis, para que le volvamos a culpar a nuestro «pobre» cerebro de que «nos quiere engañar». Como si alguna parte de tu cerebro no fuera capaz de saber que está en un desierto y, precisamente ahí, es donde se va a reforzar la posibilidad de tener un espejismo. De tal forma que, echándole la culpa a ese cerebro en abstracto, queda tu YO (uno de ellos, por lo menos) como el imbécil organizador neuronal que ha sido hasta entonces.

    Como siemper decimos, si tienes descoordinado tu cerebro, ¿por qué le tienes que echar las culpas a él? Cuando tu cerebro eres tú (tu Yo)y tú eres tu cerebro. Una parte de él por lo menos. Si hacéis algo mal lo hacéis los dos al mismo tiempo! Es cierto modo es algo cuántico.

    Así que menos delirios de grandeza, que tú no eres ni la Coca-Cola ni la GM. ¡Y mucho menos la Amazon!

    Tú vas a depender básicamente, de las relaciones afectivas que se vayan formando entre las diversas partes (Yos) de tu cerebro. Y por eso, como ya dijimos una vez, lo vas a llevar muy mal si resulta que tus afectos los tienes muy neutralizados, por el adn social injertado. Porque igual que hay filtros de colores , también te pueden manipular con filtros emocionales.

    El famoso filtro de Instagram no es nada, comparado con el filtro de todo un año escolar, en cualquier centro «de enseñanza».

  • Hasta pueden vestirse con colores llamativos y…

    … hacerse, así, más atractivos.

    Porque llevamos mucho tiempo diciendo que distingamos el mirar del ver. Y que no todo lo que parecen homéricas naves griegas, son algo diferente de las clásicas flores de la retama. La mágica «xesta» gallega. Porque puede parecer que el muro nos dejará ver un auténtico paraíso, cuando más allá de él solo habita un infierno.

    A veces el parecido nos despista. Si no ¿para qué iba a existir el Arte del Disimulo?

    Y si un ser humano que nos quiere fastidiar, se disfraza de muro, será porque nos quiere asustar en demasía, haciéndose pasar por algo más monstruoso de lo que realmente es. Un engaño.

    Ya hablamos otra vez de la importancia extrema del camuflaje, en los asuntos de interacción entre humanos.

    Y disfrazarse de muro, como decimos, resulta un método muy bueno para cazar incautos. De forma que resulten fáciles , mientras que interactúan con ellos, para injertar parte del adn social negativo. Sobre todo cuando paseas cerca de ellos, ensimismado en unos pensamientos de interacción social, que te dejan las defensas bajo mínimos. Y más si tienen los filtros de colores necesarios para engatusarnos.

  • Incluso puede parecer que un muro es tan filtrable…

    … que nos invita a entrar.

    Sea por parecer abandonado. O por «hacernos ver» que algo nos está esperando detrás del muro. Y que nos lo merecemos, bajo cualquier falso atributo. Recordemos siempre el maleficio del disfraz. Y el filete virtual del Cifra.

    Muchas veces no somos más que lo que el muro deja reflejar sobre nuestra forma de ser. Es como un espejo donde nos estamos mirando. Y ocultando debilidades y fortalezas, tanto nuestras como de él, en función de sus intereses «particulares». ¿O será que los muros no tienen intereses propios? Y ya hablaremos del «fenómeno espejo».

    Y sí, estamos hablando ahora de muros filtro, pero de esos que tienen formas humanas, para ejercer su operación de filtrado. Esos que son los guardianes de las normas sociales, las que la SAD considera que debemos tomar como imprescindibles. Sobre todo si queremos vivir lo más libremente posible «dentro de un ORDEN».

    Que no quiere decir que somos libres totalmente, solo libres de buscar una adaptación al sistema social, que no nos provoque ganas de suicidarnos.

    Así de simple. Y, al mismo tiempo, así de complejo

  • Además, los muros filtro, pueden estar…

    … muy bien disimulados.

    Y así nos hacen pensar que, eses muros filtro, son más fácilmente traspasables. O, al contrario, más difíciles de lo que realmente son. Eso hace que sea mayor el trabajo de observación del muro al que nos enfrentamos.

    Nunca debemos olvidar, que el muro puede ser incluso un disfraz. Que parezca fácil o difícil, como con los humanos, no deja de ser relativo : el muro más fácil puede ser el más difícil. Simplemente porque es el adecuado a nuestra forma de actuar: ya nos conoce las mañas y nos tiene bien preparadas «sus respuestas».

    Para ver detrás del muro se necesita mucha práctica. Porque no es lo mismo atravesar un muro de piedra que un muro vegetal. Pero…

    Es más difícil saber lo que hay detrás de unos muros, que lo que hay detrás de otros. Pero el problema esencial sigue siendo, no fijarse tanto en lo que hay detrás, que nos puede despistar, como en la composición del propio muro.

    A veces llega con separar las hojas del árbol, que tapan las vistas, para poder vislumbrar con cierta comprensión lo que hay detrás. Saber trabajar con un muro filtro tiene mucho de arte.

  • Porque los muros filtro que son de piedra…

    … son los más fáciles de saltar.

    Porque en nuestro ADN nos vienen marcadas diversas capacidades, para analizar lo que vemos. Y ya hablamos del problema que supone que «veamos» alucinaciones y las integremos en el cerebro, como si fueran auténticas realidades.

    Una vez observado el muro, solo hay que buscar las herramientas, esos filtros propios, que el ADN nos hizo madurar en nuestro cerebro. Si no estuvimos perdiendo el tiempo. Son los que nos dan la capacidad de ver los puntos débiles del muro : dónde es más fácil agarrarse, la posibilidad de gateo, como cuando eramos cuadrúpedos. Así mismo nos permiten prever que puede valer la pena, lo que nos espera detrás del muro, sobre todo si «a este lado» no podemos sobrevivir. Y, además, nos ayudan a incrementar la capacidad de sufrimiento, para soportar mejor el dolor, que supone rascarse la piel con el granito (o lo que sea) del muro.

    Porque tenemos marcada la fecha para morir, pero nunca antes de que se cumpla la fecha de caducidad que nuestro ADN tiene marcada. Salvo que tengamos muy mala suerte (si eso existe!).

    No somos especialmente competitivos los humanos. Por ejemplo, para competir con la muerte, como el caballero bermangniano. Lo que sí tenemos muy claro, es que antes morir que dejar de intentarlo.

    Necesitamos ir siempre adelante. Está escrito en nuestro ADN.

  • Y así, paso a paso, horror tras horror, vamos llegando en este blog…

    … al muro que sirve de puto FILTRO.

    De tanto desasosiego, de ser tan miserables, de tanto mirar sin querer ver… de tanto horror que no queremos sufrir, nos vamos haciendo adictos a tener delante, algo a lo que podemos llamar un MURO. La SAD nos pone delante de los ojos, realmente en nuestro cerebro, una especie de muro, de pared, que va a impedir que entre el horror que sí hay en la realidad exterior. O si acaso, solo deja pasar algo (filtra) de ese horror, para que nos asuste un poco, no demasiado… pero que, sobre todo, nos hace ver otra falsa realidad que sirva de contrapunto, para mantenernos sosegados. Algo así como hace Instagram. Es un buen momento ,en este blog, para tocar este gran problema del muro, que bien tenemos frente a nosotros, o puede que esté dentro de nosotros. Es lo que podemos llamar un muro filtrante.

    Porque , al profundizar en el mecanismo de la visión, nos van apareciendo muchos problemas que tienen que ver con el adn social negativo que nos injertaron, incluso más que con nuestro propio ADN. Y eso nos lleva a tener que reflexionar un buen cacho, sobre los filtros de la realidad, que la pueden opacar de todo : esos muros, que no nos dejan ver lo que miramos.

    Y pensemos que si no vemos la diferencia entre el granito y el cemento que lo une (muro de la imagen), no estamos viendo nada de nada. Solo estamos mirando. Y confundiendo el hecho de MIRAR con el hecho de VER.

    Y así (mala visión), nos asustaremos de lo imposible que parece traspasar ese tremendo muro, que nos impide seguir caminado. Pero eso es, fundamentalmente, porque no vemos lo que debemos ver, porque igual que se ven las fortalezas de un muro, también es posible ver sus debilidades. El problema es cuando no vemos por nosotros, sino que vemos por el sistema óptico que nos injertaron. El famoso filtro externo (ajeno a nosotros) que tampoco vemos normalmente. Y por eso, solo veremos parcialmente la realidad que tenemos delante. Lo esencial va a ser «escuchar» al muro, por lo menos. Como hacen los perros, puede que nos sea más fácil descifrar su olor o su sonido.

    Y pensemos en que hay muros invisibles… muros que están ahí, pero no podemos ver, así como otros que no queremos ver. No todos son de puro granito o duro metal. Y esos son los peores!