Un blog de Sociogenética

  • Pero no todos los que miran pueden…

    … aprender a ver.

    Porque se necesita un cerebro con capacidad para organizarse en varios niveles diferentes. Eso que también llamamos circuitos neuronales. Y no todos los animales pueden hacerlo.

    Un buen cerebro humano es mucho más complejo que la mejor CPU, que puedas encontar en el mercado. No es tan rápido, ni tiene tanta facilidad para organizar sus archivos (circuitos), pero puede establecer relaciones entre ellos, de tal manera, que no hay conjunto algorítmico previsto que lo pueda superar, en lo que nos queda de segundo milenio.

    Porque de nada vale ser cuántico, nuestro cerebro en cierto modo lo es, para organizar una cantidad de información dada, de tal manera, que permita afrontar los cambios que se den en el seno de esa misma información, en relación a los posibles cambios (externos a ella). En el ecosistema donde vivimos.

    Y así actúa la llamada naturaleza (sea lo que eso sea).

    Y así deberíamos funcionar nosotros, porque somos la parte más inteligente de esa naturaleza.

  • Pero, antes de ver…

    Pegada de Leia e miña, na area da praia...

    … aprendamos a mirar.

    En la arena de la playa quedan impresas dos huellas. Una de una perra y la otra del humano que sacó la foto.

    Pero si nunca nos molestamos en aprender la forma de las huellas que dejan nuestras pisadas… ¿Observamos el suelo, cuando ha pasado un padre o un amigo? Y, más difícil, ¿nos fijamos en las pisadas de un simple chucho?

    ¿Cómo vamos a saber lo que pueden significar esas dos marcas en la arena.

    La curiosidad obliga a observar, pero si antes no aprendimos a ver alguna vez lo que estamos ahora mirando, entonces no veremos nada. Serán marcas sin significado alguno, para nosotros. Y por eso es vital el trabajo de la memoria.

    Eso nos pasa cuando vemos cine o escuchamos música. El lenguaje cinematográfico y el lenguaje musical son algo ajeno a nuestra memoria visual y auditiva. No nos dicen nada, porque nada sabemos de ellos. Pudimos ver una escena cinematográfica o escuchar una pieza musical, pero no nos preocupamos por guardar algo de lo visto o de lo oido. Así que, el siguiente paso a observar, totalmente ineludible, es memorizar lo observado.

  • Cuando ver es un arte, pero…

    … no queremos que nos guste.

    Y sí, queramos ver o no, si decidimos hacerlo, no es demasiado sencillo.

    Porque hai muchas formas de mirar, pero las podemos resumir en menos de diez. Algo así como un Top 10 Modos de Mirar. Pero, de formas de ver, puede haber un infinito. Cada ser humano tendrá su forma de ver las cosas, porque cada ser humano puede percibir una diferente realidad. Y ninguno tendrá la completa seguridad de que su realidad es la más real.

    Sea un objeto, sea un paisaje, o sea el rostro de alguien amado (u odiado), serán diferentes perspectivas del mismo trozo de realidad. Como diferentes fotos sacadas por turistas, que están mirando el mismo monumento.

    O comparemos con la tarta de fresa, que a casi todos les sabrá muy parecida. Pero el significado de esa tarta, analizada en el cerebro del que ve, será completamente diferente, según el ser humano que la contemple.

    Un sabor (y una imagen), para el novio que se casa, pero otra muy diferente (imagen y sabor), para el que sigue amando a la novia, aunque se haya quedado sin ella, por ejemplo.

  • Pero, hasta cuando no queremos ver…

    … nos estamos engañando.

    Por ejemplo, si no queremos ver un marco. Como pasa cuando no queremos ver las dotes intelectuales de Marilyn. En su caso es machismo, en este caso del marco, es porque no queremos ver los linderos que marca ese paralepípedo de granito.

    Porque esas líneas invisibles, que salen del marco y delimitan propiedades, no queremos que existan para nosotros. Como hace el bebé con sus barrotes cuneros, queremos traspasar las fronteras que se nos imponen.

    Pero, con este tipo de decisiones, volvemos al cerebro descoordinado. Nos dejamos llevar por el departamento cerebral de la Disidencia, sin tener en cuenta la opinión del departamento de «Medir las Consecuencias».

    Y así, nos engañamos, ya que pasamos una frontera, como si fuéramos libres de hacerlo, pero vendrá la correspondiente policía a meternos de nuevo en nuestra tierra.

    Solo se pasa una frontera cuando se tiene poder para ello. Y aún así, nos podemos seguir engañando (Napoleón, Hitler…).

  • Además, no todo lo que se ve…

    … se puede ver sin esfuerzo.

    Si miramos una flor, por muy bella que sea, se puede ver todo lo que ella tiene, a simple vista. Es decir, no se precisa profundizar mucho en la mirada (observación), para ver cosas que no hay. Aparte de los componentes físicos externos que forman la flor. Y, desde luego, los nombres que puede tomar, en función de sus características como vegetal. Así como su relación con diversos seres vivos , para favorecer su polinización. Todo eso forma parte del estudio de una flor.

    Y hasta podemos notar que la flor irradia más o menos belleza, en función de nuestra capacidad de observación.

    Si somos curiosos y nos acercamos lo suficiente, como decimos siempre, nos podemos adentrar más en ciertas características de color, puede que de olor y, sobre todo, del aporte ambiental a esa flor. En este caso las gotas de lluvia que la visten.

    ¡Pero no hay más!

    No estamos mirando para una Marilyn ni para una Scarlett. Donde seguro se esconden gemas , que nos quiere ocultar la sociedad adulta dominante.

  • Porque no todos queremos ver…

    … la mierda que nos ofrecen.

    Hablamos de tener curiosidad y de poder elegir lo que queremos ver. Pero acaso, ¿eso obliga a ver todo lo que nos muestran?

    Que nos obliguen a mirar un anuncio, no quiere decir que estemos obligados a verlo. Aquí es donde juega un papel básico el saber diferenciar bien el fenómeno de ver y el fenómeno de mirar. Porque, incluso encadenados para mirar algo forzados, podemos ser capaces de no ver lo que nos enseñan. Por eso, al protagonista de La naranaja mecánica, era tan difícil hacerle mirar lo que no quería ver. E incluso, con los ojos abiertos, podemos hacer que la memoria difumine lo que estamos viendo.

    Aunque, como todo lo aprendido, este tipo de ejercicios, requieren mucha práctica. De hecho, más que las ecuaciones diferenciales. Las cosas no se aprenden sin esfuerzo, tal como un maestro intenta meter en la cabeza de su alumnado.

    Pero lo peor, es cuando no queremos mirar, porque no sabemos lo que queremos ver.

    Lo dicho, parafraseando al gran poeta italiano, Cesare Pavese, Aprender cansa.

  • Porque no se ve…

    … si no queremos ver!!

    Porque , igual que con la medida, nuestro ADN nos dá la capacidad de elegir. Sí, podemos elegir lo que queremos ver, y antes mirar, al menos en situación de libertad. Otra cosa es si estamos sometidos a una tiranía, de cualquier tipo (política, afectiva, económica…), que nos impide mirara lo que queremos.

    Entonces, como un buen adolescente aborregado, seremos incapaces de tirar el Play Boy a la papelera. O dejar de mirar el folleto del Corte Inglés, ese donde nos muestran sus últimas novedades de temporada.

    Igual que con el departamento cerebral de medir, en este caso, tenemos cerrado el departamento cerebral de valorar lo que estamos viendo. Entonces es, cuando ya tenemos un buen problema : seremos incapaces de dilucidar lo que debemos ver y lo que no.

    Entonces ya somos el pobre gato, que no sabe evitar el peligro que le acecha, cuando camina por lugares muy peligrosos.

  • Pero, ¿qué podemos ver…

    … cuando vemos a Scarlett?

    ¿Lo que nos venden?

    Porque la industria de Hollywood, como pasa siempre, se ha inventado una lavadora llamada Scarlett, que viene siendo la actual versión de la lavadora Star System de los años 40 y 50. Y que luego se fue modernizando a lo largo de las decádas de los 60, 70 y 80. La Star System Minus, más sofisticada y aniñada, pero igual de despersonalizada.

    Una carrocería lo más vistosa posible, en la que no se escatima gasto alguno. Para embellecerla cada vez más.

    Pero luego se deja invisible toda la capacidad de actuación que la actriz posea. Se puntúa lo necesario para que luzca palmito. Lo que tenga dentro de su cerebro, mejor que quede en stand by, mientras siga siendo la estrella de Hollywood que todos deseamos ver. No, mejor dicho, la que queremos mirar.

    Con mucha luz artificial en su cuerpo, pero apagada totalmente en su cerebro. La gran Marilyn fue un gran ejemplo. Despreciada hasta por el intelectual de turno (AM), no solo por su presi.

  • Y hay tanto que ver…

    … que, a veces, no sabemos o no queremos ver.

    Y por ese motivo, nos quedamos mirando, observando solo la superficie de las cosas.

    Como pasó y pasa con Marilyn Monroe, realmente Norma Jeane, una buena actriz que la sociedad decidió convertir en mujer objeto (como tantas otras) y desperdiciar sus grandes capacidades. Reducida a una star system.

    Viene a ser un claro ejemplo de no querer ver lo que encierra el ser humano Norma Jeane. Despreciar todas las capacidades que porta en su ADN, para quedarse con cuatro bagatelas superficiales y construir, a partir de tamaña nimiedad, un adn social negativo, del tipo que analizamos en otro lugar.

    Y no hace falta ser un capo mafioso, para ultrajar así la imagen de una mujer. Llega con ser un presidente USA, para caer en tamaña aberración humanística. El ser humano, cuando quiere, puede llegar a ser muy mediocre como versión evolucionada de homo sapiens.

    Y lo mismo que ayer… el cerebro no nos engaña, es nuestro Yo el que lo controla. Así que si nos ocultamos las capacidades más positivas de esta Norma, es porque lo queremos hacer. ¡Nos autoengañamos y tan panchos!

  • La realidad es poliédrica, pero…

    … si no vemos, ¿cómo avanzar?

    Mucha gente mira pero no ve, o solo ve a medias. La función vital del ser humano que contiene la visión, necesita madurar como todo el cuerpo humano y sus capacidades. Hace días hablamos del esfuerzo necesario, como cría humana, para conformar un cerebro que nos valga, como defensa y como órgano adaptador a los cambios del ecosistema donde vivimos.

    ¿Cómo vamos a dar los primeros pasos , si no sabemos bien por dónde vamos? Hasta para agarrar los barrotes de la cuna necesitamos verlos. Y saber cogerlos.

    O sea, que la primera capacidad a desarrollar debe ser la observación. Ese mirar atento, y con cuidado, a lo que nos rodea. Y eso precisa un cerebro bien organizado. Lo que hace imprescindible un cerebro bien coordinado.

    Porque ser curioso, sin observar bien lo que miramos, es meterse por un camino muy peligroso. Eso es precisamente lo que mata al gato. No lo mata caminar. Lo que lo mata es dar pasos de ignorante. No saber captar las posibles perspectivas de un objeto, que tenemos delante de los sentidos.

    Un gato con cerebro poco trabajado, cuando era cría, será siempre un amigo de ser engañado, en sus paseos por el ecosistema donde vive. Sobre todo, si este sufre cambios, será incapaz de adaptarse.