
Lo llevamos diciendo desde hace días. La sociogenética nos explica como se van formando los militares profesionales, incluso nos puede explicar como los civiles pueden tener en el fondo «alma bélica». Y lo volvimos a decir ayer… un adolescente puede recibir el certificado de acosador profesional, después de unas buenas prácticas, en la escuela, en la calle, y puede que hasta en casa o su primer trabajo… luego ya solo queda hacerlo adulto y bordar su pericia. El prota de «La naranja mecánica» es un buen ejemplo de acosador nato.
Se empieza matando un gato, aunque no es imprescindible. Lo que sí suele estar incluido es el gusto por la muerte… aunque fuera un accidente. Disfrutar con la desgracia ajena no viene en el ADN , está en desacuerdo con la empatía y la solidaridad. Pero si ese biogén no es intenso, puede favorecer un primer paso para formarse un sociogén negativo, que reclama cierta querencia por el mal ajeno… dejando apantallada la empatía, y haciendo aparecer, en su lugar, síntomas de antipatía. Aunque en principio, como decimos siempre, se manifieste muy suave… por ejemplo, por una simple herida del compañero de aventuras en el barrio. Cuando te extrañas porque, a tí , su caída no te ha apenado como a los otros.
Y lo mismo nos puede explicar, la diferencia del clásico síndrome postraumático, del soldado que regresa de la guerra… y no se recupera. Muy diferente del que regresa bastante tocado, pero que podrá ser prácticamente recuperable.
Porque quien fue ya algo tocado regresa fortalecido al máximo, en su traumatismo. Mientras que el que fue por obligación y sufrió lo suyo, puede también quedar tarado para siempre, pero es posible que sane, con la compañía adecuada. Especialmente con los hijos. El tarado «con ganas», puede ser un buen padre, para sus hijos (biológicos o adoptados), pero será un asesino cruel con cualquier otro ser humano, especialmente si le hace que se traslade mentalmente al campo de batalla. Porque son personas que se han traído el campo de batalla en su cabeza.
Así estamos haciendo ver que el problema esencial del acoso a otro ser humano, no es asunto del acosado (que se vuelve muy «fácil» de acosar), porque el problema son los acosadores, y, sobre todo, el mecanismo social que los fabrica… y como ese mecanismo los va premiando según más acosadores se vuelven : un ejemplo muy actual es el ejército genocida de la Israel sionista. ¿Cómo podemos explicarlo? Y, además, eso no quita que, cuando el acosador jode, la SAD quiere presumir de buena y los martiriza, como pasa en «La naranja mecánica«.








