
… desde que somos un simple EMBRIÓN…
… cuando estamos pasando a ser un feto, dentro del útero materno.
¿Por qué, a quién le gusta estar encerrado? Y más en un espacio que se hace más pequeño cada semana que pasa. ¿Quién aguanta tal situación sin protestar? Por lo menos un poquito.
Porque a nosotros no nos faltarán años para vivir, como a los replicantes de BR, salvo que 100 añitos no lleguen, pero sí nos falta espacio para poder vivir «con gusto». Y en el útero nos van naciendo extremidades, que se necesitan mover. No queremos ser futbolistas (aún), eso na va marcado en el ADN. Pero sí queremos no sentir desasosiego, por falta de espacio vital, porque eso sí que está escrito en nuestro ADN : es la búsqueda de un territorio.
Tenemos escrita la necesidad y, por tanto, la capacidad para movernos en busca de ese espacio vital, al que podemos llamar «territorio donde vivir». También, si estudiamos Biología antes de tiempo, ecosistema. Acorde con la planificación que, en otros genes, tiene marcado el ADN. Los pasos a dar, para que podamos correr, escapando del predador o persiguiendo la comida. Empujamos para notar táctilmente (mientras que no veamos), que hay algo de espacio en una dirección , pero no en la otra.
Así como tenemos escrita la capacidad para chuparnos el dedo, ese apéndice que se nos acaba de formar en la mano. Y que, mira por donde, viene a ser como un ensayo, para aprender a chupar la teta de mamá. O acaso pensamos , ¿qué, eso tan vital de mamar, se hace por ciencia infusa?

