
… mejor la tomamos con calma.
Ya que podemos aprender a mirar las cosas que nos rodean con cierta filosofía vital, que nos ayude a soportarlas, sobre todo si son desagradables.
Porque hay herramientas, para adquirir un tipo de aguante a lo Oscar Wilde. Ver más allá de lo que miras y descubrir la miseria mental de quien te quiere acosar. Mostrar así, tu capacidad para superar esa piedra, que te ponen en el camino, buscando la forma de rodearla, por muy grande que sea su volumen.
Porque el acosador, sobre todo macho, suele exponer en su actividad acosadora, una insuficiencia clara de su personalidad. De hecho responde al mandato de un adn social negativo. Ni siquiera es algo que le «salga de dentro». Podemos decir que él (o ella) no es así, que le hicieron ser así. Es decir, que realmente está siendo acosador/a, pero si pudiéramos ver más adentro en su mente, notaríamos que no lo es tanto. Solo que tiene su empatía taponada, mejor o peor, con un odio adquirido socialmente. Por ejemplo, sufriendo un acoso brutal cuando era una cría.
Porque el amigo Rousseau no lo podía saber. La ciencia aún estaba en pañales. Pero acertó plenamente, cuando afirmó que es la sociedad la que embrutece al individuo.
No nacemos malos, nos hacen malos los adultos dominantes.