Etiqueta: atención

  • O que se quiera escapar…

    … del encuadre que le buscamos.

    Cuando miramos algo, siempre es necesario encuadrar una parte interesante de lo mirado. La que más nos urge observar. Porque no se puede ver todo de un golpe. Se necesitan ir armando, con cuidado, los diversos retazos de realidad que estamos observando. Es como un puzzle, con el agravante de que no tenemos una foto delante,»para ir copiando». Se va montando el puzzle, mirando directamente la realidad.

    El arte de ver, ya antes de que podamos interpretar lo visto, requiere un ejercicio muy sensible de saber coger, que parte de la realidad te puede servir mejor, para una observación eficiente. No se puede «ver» al tun tun.

    En una rosa, por ejemplo, te puede valer un solo pétalo, pero , normalmente, si no los ves todos, de poco te sirve uno solo. Y eso vale para quien se acerca a ella basándose en su tacto y olor. Los tendrás que tocar todos.

    Es la capacidad de reunir las piezas lo que te permite concluir el puzzle. De nada vale que seas un especialista en coches, si solo tienes la mitad trasera del Ferrari. Viene a ser el famoso cuento de los ciegos y el elefante. ¡La visión completa es un conglomerado de visiones parciales!

    Es lo que necesitas, ese conjunto de visiones diferentes, a fin de cuentas, para hacerte un buen filtro, que te permita ver la realidad con un buen porcentaje de eficiencia. Y eso lo montas, sobre todo, en tu adolescencia. ¡Y, para eso, te ayudas con los filtros amigos!

  • Y por eso, es de vital importancia…

    … ¡prestar mucha atención!

    Y no llega con una atención mediana, debe ser un grado de atención muy elevado. Porque no se aprende nada «papando moscas». Ya que las moscas se ríen, y mucho, del alumnado que se dedica a observarlas, incapaces de cazarlas.

    Ya en la cuna, no podemos ser seres vivos demasiado inertes. El movimiento constante y mirar para el entorno tiene que ser nuestro ejercicio diario.

    Como le pasa al Moncho de la imagen (La lengua de las mariposas), tenemos que beber los conocimientos que alguien pone a nuestra disposición, como si fueran dosis de agua, que van calmando nuestra sed. En ese proceso vital que se llama aprendizaje. Y que tanto depende de tener un buen maestro.

    Porque no se conoce muy bien el comportamiento del lobezno, dentro de la cueva, pero seguro que se pasan el día atendiendo a lo que les dice su madre.

    Resulta curioso que las crías humanas, cada vez antes empiecen a estar cansados de los consejos familiares. ¿Será por ser humanos o, más bien, por lo malos que somos los humanos adultos, dando consejos a nuestras crías? Quizás debiéramos aprender algo más de las lobas…

  • Ante todo, tenemos que ser curiosos…

    … y observar atentamente.

    La cría humana es más gato que vaca, por lo que debe aprender a desconfiar. Especialmente, una vez que sus pasos son auténticos avances sobre el suelo donde se apoya.

    Pero, en principio, para salir de su cueva familiar, necesita mucha más preparación que el más astuto de los gatos. Es necesario que combine cierta dosis de curiosidad, con cierta dosis de precaución. Por mucha confianza + curiosidad que tenga, no puede ser curioso «de más».

    Por ese motivo debe prestar atención a lo que hace y aprender a sacar consecuencias de todo lo que observe en sus primeros pasos. El acierto en los segundos, va a depender claramente de lo que aprenda con los primeros.

    Se avanza por ensayo y error, así que no debe evitar experimentar, pero sí evitar tropezar en la misma piedra.

    Porque repito, la curiosidada no mata al gato, lo mata su ignorancia. Es decir, no saber por donde anda o repetir los errores con demasiada frecuencia. Eso que tanto le gusta hacer a los humanos.

  • Pero, antes de ver…

    Pegada de Leia e miña, na area da praia...

    … aprendamos a mirar.

    En la arena de la playa quedan impresas dos huellas. Una de una perra y la otra del humano que sacó la foto.

    Pero si nunca nos molestamos en aprender la forma de las huellas que dejan nuestras pisadas… ¿Observamos el suelo, cuando ha pasado un padre o un amigo? Y, más difícil, ¿nos fijamos en las pisadas de un simple chucho?

    ¿Cómo vamos a saber lo que pueden significar esas dos marcas en la arena.

    La curiosidad obliga a observar, pero si antes no aprendimos a ver alguna vez lo que estamos ahora mirando, entonces no veremos nada. Serán marcas sin significado alguno, para nosotros. Y por eso es vital el trabajo de la memoria.

    Eso nos pasa cuando vemos cine o escuchamos música. El lenguaje cinematográfico y el lenguaje musical son algo ajeno a nuestra memoria visual y auditiva. No nos dicen nada, porque nada sabemos de ellos. Pudimos ver una escena cinematográfica o escuchar una pieza musical, pero no nos preocupamos por guardar algo de lo visto o de lo oido. Así que, el siguiente paso a observar, totalmente ineludible, es memorizar lo observado.