
… un puzzle de mediana dificultad.
Puede que nunca viéramos lo que vamos a ver, pero sí tenemos seguro, si no estuvimos rascándonos la barriga durante la infancia, una ligera idea de algunas cosas que conforman ese puzzle visual. Hay piezas que nos resultan más conocidas que otras. Porque siempre hay parecidos, por lo que podemos alcanzar a ver elementos desconocidos, a partir de otros que ya vimos antes.
Aún no tenemos su imagen en la memoria, pero podemos ir experimentando situaciones de encaje, simplemente por ensayo y error. Allí donde encaja, nos lo dirá «visiblemente». Y donde no encaja también, aunque necesitemos estar muy despiertos mirando. Poner mucha atención en la difícil tarea de ver.
Y estamos con eso : el filtro de las emociones.
Porque al mirar algo, podemos tener un choque de trenes emocionales de mucho cuidado. Por un lado se viene el tren bien cargadito de las emociones que nos llevan a querer ver determinada cosa. Por ejemplo, el cuerpo de nuestro hijo aún vivo… en un atentado. Esas son la emociones que nos hacen «ver» vivo al hijo…
Pero por el otro, el tren viene cargadito con las emociones, que nos ofuscan el entendimiento y no no nos dejan ver cosas importantes, para, por ejemplo, buscar al culpable del atentado. Y así es como el puzzle se nos complica. ¡Y mucho!








