Categoría: ciencia

  • Porque amando, hasta la muerte es… menos MUERTE

    Dijimos el otro día que seremos, en el recuerdo, lo que fuimos en la vida. Y si no fuimos capaces de amar, ¿qué nos quedará para grabar en la memoria individual y colectiva de la humanidad?

    Por eso es importantee dar los pasos sucesivos dela forma más correcta posible.

    Porque no se gana el viaje en el Titanic de la Vida, jugando a las cartas. Ni se encuentra a una Rose de la que enamorarnos mirando por la cubierta del barco. Y menos aún podemos competir con las calderas del barco a todo trapo, pracaticando la relación sexual dentro de un Ford.

    Lo que sí necesitamos es pensarnos, para darnos una existencia sensible. Y al mismo tiempo pensar en otro ser humano, que nos pueda pensar a nosotros, para darnos sensibilidad.

    Y solo entonces es cuando podemos estar bien seguros de que nos amamos, por encima del frío y del agua, que nos quiere anular como seres vivos. Antes de eso, solo podemos ser (y estar, como) seres inertes.

  • Incluso para el propio hecho… de EXISTIR

    Porque, en cierto modo, es la pescadilla que se muerde la cola : si no existimos no sentimos, pero es que, si no sentimos, no podemos existir. Porque sin existencia no hay pensamiento posible (que, a su vez, nos permita existir).

    Algo lioso, pero fundamental para entender el problema de la vida. Más allá de entretenerse con la posibilidad improbable de si somos simples personajes virtuales, en un videojuego, que manipulan unos posibles (y probables) alienígenas.

    Y por todo esto decimos, que un ser humano sin sentimientos, y mucho peor que sin los 5 sentidos, es como si no existiera. Es una especie de zombi, que no sabe, no puede, relacionarse con los demás humanos.

    No es el problema de si estás o no enamorado. Es mucho peor : el enorme problema de si estás o no vivo.

    Porque no estamos haciendo un papel en una película, estamos viviendo lo que somos y, sobre todo, lo que seremos.

  • Porque eso de SENTIR(SE) es… muy importante

    Ya que, una vez que «nos» pensamos mutuamente, entonces podemos llegar a relacionar lo que sentimos, sea un simple contacto o un sentimiento afectivo más complejo, el uno con el otro.

    Porque una vez que yo me pienso y otro me piensa a mí, ya establecemos una relación entre los dos entes : entes que tienen que ser seres vivos, ya que los inertes ni se pueden sentir, y mucho menos pensar, o sea que no pueden tener relaciones.

    Y una relación vital de máxima importancia es la atracción que se ejerce entre un ser pensante y el otro.

    Eso es lo que nos permite mantener la función vital básica, nos va a permitir reproducirnos como especie. Pero, para eso, deben funcionar bien la otras funciones vitales, como la de relación, la que nos permite vernos. Pero decimos vernos, no solo mirarnos.

    Sin atracción sexual no hai reproducción sexual posible… y por eso la naturaleza se sacó de la manga la capacidad de seducir a un ejemplar del sexo opuesto. De forma que pueda completarse, el proceso de sacar una copia de sí mismo. De forma natural y libre. Otra cosa será la reproducción artificial, más o menos artificial, más o menos forzada, de la que también nos puede hablar nuestra sociogenética.

  • O puede que no se SIENTA… tan macho

    Porque si el pensar en sí mismo, de Moncho, no le vale para asegurarse de que existe (hasta que Aurora lo piense a él… es decir, se piensen mutuamente), ¿de qué nos vale sentir que pensamos… e, incluso, el mismo acto de sentir?

    Porque si nuestra mente es incapaz de pensar ya empezamos la novela sin pluma para escribirla. Pero si alguien no nos piensa, para certificar nuestra existencia, entonces no tenemos papel dónde usar esa pluma.

    Y si no somos capaces de pensarnos, entonces no tendremos la vida necesaria para sentirnos. Ni sentirnos un macho, ni sentirnos una hembra… ni sentirnos un simple mueble de cocina.

    Y es que el verbo sentir, es uno de los más complicados para ser conjugado por un ser humano. Especialmente si se ha dejado injertar el gen social negativo de una sociedad adulta básicamente insensible.

    Porque una cosa es tener los 5 sentidos (función vital de relación), más o menos en forma… pero otra muy diferente es saber manejarnos con los llamados sentimientos. Esas proyecciones en idea de la inteligencia emocional. Porque son ideas de partida, como las racionales, pero , como ellas, siempre acaban en hechos con existencia real. Incluyendo en un hecho el no hecho, su no ejecución.

  • Porque nuestro Moncho… es un MACHO

    Pero, antes de dilucidar si es un macho, o si prefiere, por ejemplo, sentirse hembra (dejémoslo así, por ahora), Moncho tendrá que comprobar si existe o no existe. Porque, ¿Cómo dejar de ser algo, que ni siquiera se sabe lo que es?

    Lo típico de Hamlet, pero en un terreno algo anterior… porque antes de ser, hay que saber si estamos o no estamos (para ser algo)… o sea que, de momento nuestra pregunta se limita a «Existo o no existo»… aunque en anglosajón resulte que solo tienen el verbo to be.

    Si no existo no soy algo, por lo tanto no me puedo cambiar a nada, que no podré saber si existe hasta comprobar mi propia existencia.

    ¿Simple, no?

    Y hay gente, que lo quiere hacer más sencillo aún… pobre Descartes.

  • Y entonces es cuando la DUDA … nos corroe

    Porque la primera pregunta importante que nos hacemos (o nos debemos hacer), una vez que somos conscientes de nuestra propia existencia… es, quién somos y dónde estamos…

    Y ese es el mejor punto de partida… aunque los adultos nos intenten convencer de lo contrario.

    Ahí mismo ya empieza el ataque preventivo de la sociedad adulta, mediante el injerto de un gen social negativo, que tiene como fin neutralizar la capacidad que tenemos, genéticamente (ADN), para hacernos preguntas y buscarnos respuestas a esas preguntas. No necesitamos respuestas a preguntas que no son propias de nuestra mente natural y libre.

    Y al mismo tiempo que esa necesidad natural (biológica) el ADN nos impele a sentir la necesidad vital de actuar así, y no de otra forma, haciendo que el ansia por recibir la respuesta, así como la frustración por no recibirla, es algo natural y marcador de un paso adelante, en nuestra maduración como ser vivo inteligente.

    Porque la frustración de no recibir respuestas es algo totalmente natural. Lo que no será natural es cejar en esa búsqueda de respuestas. Hay que trabajar esa frustración, para mudar la energía negativa, que proporciona, en positiva, para arreciar así, en la necesidad de tener respuestas adecuadas a las preguntas hechas. Y quien puede controlar eso es un ADN no un adn.

  • El gran problema de ser es… la EXISTENCIA

    Y así llegamos al origen de todo : qué somos, de dónde venimos y a dónde vamos??? Un ejemplo de como resumir la esencia del problema, un enunciado para andar por casa. Bastante lejos del territorio de pensar, por dónde mueven sus neuronas los grandes filósofos.

    Volvemos a insistir que, a partir de este momento reflexivo, ya resulta indispensable darse un garbeo por las páginas del blog, dónde se reflexiona sobre el papel del pensamiento crítico cartesiano, para todo el recorrido futuro del blog. Lo que podemos llamar generación de ideas críticas sobre la realidad que nos rodea.

    No hacerlo es ir cargando de piedras en los bolsillos, o en la mochila (mucho peor). Lo que dificultará el entender parte de lo que aquí se irá soltando… en general muy muy «a su aire». El aire «nuestro» (los múltiples yos), para ser más precisos.

    Como hemos repetido, por activa y por pasiva, el ADN conforma nuestra mente, así como el adn social, que nos van injertando después de nacer, va conformando lo que vamos a ser realmente en el futuro.

    Puede ser eso que muchos llaman personalidad. Pero con la salvedad de que aquí no es una vestimenta, un simple disfraz de quitar y poner (como hace la Psicología). Y por muy adherido al cuerpo que se considere el traje «hecho a medida por la SAD. La psicología no dice nada de la «herencia» de ese traje, mientras que la sociogenética estudia su transmisión de padres a hijos. Porque este adn social está asentado con enormes raíces en nuestra mente. De tal forma que puede llegar a oscurecer al ADN, modificando su lectura, por la de un adn social negativo. Y, a diferencia del ADN paterno, no desaparece con su muerte.

  • Y, para ser ALGO, no conviene… estar SOLO

    Porque, si algo queremos «dejar», tuvimos antes que existir. Y para existir debemos pensar en nosotros, en nuestro yo. Lo que supone (como ya dijimos) que necesitaremos a otro ser humano que nos ayude a repensarnos : en nosotros (nuestro yo) después de haber pensado en el otro (su yo).

    Y aquí no se hablará de Adán y Eva, sobre el asunto primordial de que el hombre, hecho de barro, necesitaba a una mujer (Yahvé dixit), que se hizo de una costilla (Génesis). A fin de cuentas una cierta forma de barro evolucionado. Ni tampoco de otras formas, que alguna otra religión no laica haya decidido convocar, como primera pareja humana.

    Tampoco vamos a retroceder millones de años, para estudiar como hacían los precursores de los percebes, cuando decidían aparearse. Ni siquiera como hacen los gatos ahora. Sea el simple gato casero o el temible león de la sabana.

    Pero después de reflexionar desde un punto de vista sociogenético, sobre el ser humano macho y la ser humano hembra, por separado, tocará ver qué pintan ambos a la hora de juntar sus comportamientos individuales y sociales, en relación a ese objetivo, en principio natural, que es su reproducción. Ya que es lo que, precisamente, los define como seres vivos.

    Y si hay dos sexos, porque la naturaleza , sea lo que eso sea, decidió partir de esa situación, no vamos a ser más chulos que ella y partir de otra posición teórica diferente. Porque no sabemos a dónde llegaremos, pero sí de dónde partimos : macho y hembra se buscan (o no), para cumplir con esa necesidad vital de que la especie siga reproduciéndose.

  • Porque nunca seremos más de lo que… ya FUIMOS

    Y por eso, al final del camino, viene a pasar lo que ya sucedió al final de la adolescencia… todo aquello que no metimos en la mochila, ya no se podrá meter después, y lo que nos metieron de contrabando (mucho mucho contrabando),con todo ello vamos para adultos.

    La ventaja con la muerte , es que ni lo bueno que dejamos de hacer ni lo malo que nos hicieron cuenta ya para el futuro.

    Para nuestro futuro, no cuenta. Y sobre lo que pueda contar, para el futuro de los que nos sobreviven, ya nada podemos hacer. Ni siquiera molestarnos por ello. Tanto nuestro ADN biológico como nuestro adn social dejan de tener sentido existencial. Dejan de tener vigencia como tales, aunque puedan tenerla para los demás. Aunque será el adn social, el que puede dejar huellas en la memoria de la humanidad, para bien o para mal según el «como nos recordarán».

    Una vez muertos, ya no habrá comportamiento que estudiar. Lo cual no quiere decir que la sociogenética no tenga algo aún que decir… porque nuestro ADN ya sabemos lo que pasará con él… pero, ¿Cómo puede influir nuestro adn social, positivo o negativo, en nuestros descendientes, sean familiares o no?

    El nazismo y el estalinismo, como las demás religiones no laicas, siguen perdurando en esas mentes humanas que nos sobreviven. En el interior de lo que se viene llamando memoria colectiva, incluida su parte inconsciente. Y eso es lo que fuimos y, por lo tanto, hemos dejado como herencia, positiva o negativa.

  • O, si nos fijamos un poco… un simple GRITO

    Porque si tenemos que quedar grabados en la memoria de los seres humanos que permanezcan vivos, mejor que sea bien grabados. Que seamos un grito en sus mentes, será mucho mejor que un simple murmullo.

    No está nada mal que nos echen un poco de menos.

    Claro que para eso, que nos echen de menos, tenemos que ser capaces de haber hecho varias cosas. Y casi todas buenas, porque, en caso contrario, estarán felices de que hayamos muerto.

    No se puede escribir en la memoria humana, si no se usa un buen instrumento escribidor. Y la voz es uno de ellos. Otro son las palabras escritas sobre un papel, real o virtual.

    Y sí, no es el mismo recuerdo el que deja quien lo ha hecho bien, que el que lo ha hecho mal. En cierto modo depende de nosotros, antes de irnos, que decidamos lo que es bueno y lo que es malo. Para nosotros y para los demás. Y de eso, sí que nos puede hablar la sociogenética.