Autor: xaqun

  • Enamorarse, por ejemplo, desde… la butaca del CINE

    ¿Quién no se ha fijado a fondo, y demasiado a fondo, tal que Dante empedernido de su Beatriz hollywoodense?

    Primero son las artistas juveniles, que irradian belleza desde la pantalla, aunque ni siquiera seamos capaces de saber lo que eso es. Estamos aprendiendo aún, si aprendemos, a diferenciar el mirar la pantalla, de ver lo que nos cuenta la pantalla. Y luego ya viene el erotismo, que nos sigue tapando lo que hay «detrás» de lo que miramos.

    La lectura de imágenes ni es fácil ni, sobre todo, se favorece en nuestra infancia. Vivimos en un mundo muy visual, despreciando el aprendizaje para ser capaces de leerlo/verlo correctamete.

    El mundo adulto que nos manipula no quiere que vayamos llenando la mochila de nuestra adolescencia con saberes , conociendo aspectos de la realidad que serían básicos para nuestra etapa adulta.

    Los adultos prefieren que seamos monigotes, que no saben apreciar la verdadera belleza, ni la necesidad de comunicarse con afectos, incluso más que con palabras. Aunque ni siquiera a usar las palabras nos enseñan. Llega con saber leer las instrucciones de la maquinaria social dominante. De nuestro lugar en ella. Y cumplir bien las órdenes.

  • Porque ESO define, precisamente, a… NUESTRA adolescencia

    De crías humanas nos gustaba jugar con las llamadas mariquitas, aunque los machotes no lo tenían tan a bien, por considerarlo un juego «de niñas».

    Pero se trataba en esencia de vestir a unas figuras humanas recortadas, con piezas de ropa, también recortadas.

    Era como transformar una idea en algo de carne y hueso. Fueran princesas o simples muchachas campesinas… suponía manipular con tus manos (y tu mente) la realidad que, estando a tu alrededor, podía ser difícil de aprehender. Por ejemplo esa chica que te gustaba al salir del cole.

    Porque antes de empezar a operar los genes sociales, se ponen en marcha los biológicos y, esos, ya nos vana a indicar en cierto modo un posible camino de avance.

    Un posible avance, que será anulado por el injerto temprano de los genes sociales negativos. Porque los genes sociales positivos no neutralizan nada, solo favorecen un mejor avance madurativo. Es como abonar la tierra. Mientras que los negativos, dificultan esa maduración natural. Es como un pesticida selectivo.

  • Aunque suframos, queriendo que se encarne… nuestra AMADA ideal

    Como fue el caso de la Beatrice a la que tanto amó, virtualmente, un gran poeta como el Dante. Lo que se puede considerar la cuna del amor platónico, tal como lo conocemos hoy.

    No necesitas ver que existe realmente, te la imaginas y ya está. Como la china de Andrés en La lengua de las mariposas, de hace días.

    Con una imaginación muy potente podemos hacer que tome cierta dosis de presencia, hasta el Amado Dios de San Juan de la Cruz. Y sí, conviene releer su poema, por enésima vez.

    Porque el misticismo necesita ser leído mientras estamos situados en la mitad de la escala (al cielo). Como buenos gallegos, que no se sabe si suben o si bajan, conviene deleitarse al mismo tiempo de lo terrenal y de lo celeste.

    Nada bueno sale de una relación amorosa, donde se pone al amado por encima, en un altar, al que nunca llegaremos con nuestras caricias terrenales. Es lo mismo que si nos situamos por encima de él, muy por encima, allí donde nunca podrá llegar, porque le falta nuestra ayuda afectiva (para transcender algún escalón más).

  • Porque, el sueño del amor, viene ya… de muy LEJOS

    Cuando el amor se disfrazaba con el ropaje de amigo… ¿Cuántos amores nacidos de la amistad? Y, como no, cuántos amigos perdidos?

    Ser un juglar medieval no venía en el ADN de los mozos que se metían a pergueñar poemas musicados. Era como enamoriscarte de aquel chico de la panda de barrio, fueras tú chica o chico. Eso sí viene en el ADN.

    Como montarse un grupo musical tipo The Beatles, tampoco es una capacidad genética heredada de sus antecesores.

    Entramos en el campo de la sociogenética… un intento de explicación del hecho evidente, de que unos acaban siendo trovadores y otros herreros.

    Y, como no, del hecho de que unos nazcan en cuna regia y otros en un jodido establo, aunque luego te llamen Rey de los Cristianos, antes de crucificarte. ¿Cómo explicar los diferentes comportamientos del ser humano?

  • Entonces…¿Cómo distinguir sueño y REALIDAD?

    ¿Cuándo soñamos de noche estamos viviendo? Si nos despertamos, por supuesto…

    Pero, ¿cuál ha sido la vida que hemos vivido : la soñada o el hecho claro de haber estado dormidos? Estará evidente para otros, no para nosotros.

    ¿Es posible no llamar vida a todo lo que ha sucedido en nuestros sueños?

    Y si un día nos despertamos en un palacio… para que luego nos aseguren que solo fue un sueño, lo que allí sucedió ese día.

    ¿Cómo estar seguros de ello, aunque nos lo muestren en un vídeo, en esta era del AV (audiovisual) megasiliconado? Tan falsos como las leyendas de antaño…

  • Porque… ¿VIVIR y existir son lo mismo?

    Es un concepto muy difuso el de amor platónico, pero al mismo tiempo es un concepto que nos tiene comido el coco prácticamente a todo adolescente.

    Porque puede que realmente no exista ese tipo de amor, tan tan literario, pero está clara, desde luego, su vivencia. Y sobre todo, que su ausencia es mucho más grave que la del amigo imaginario de la infancia.

    ¿Quién no ha vivido/sufrido, porque suele vivirse con sensación de pérdida (incluso sin haberlo tenido), un amor no correspondido?… sobre todo si nos hemos atrevido a pasar de la fase platónica a la experimental.

    ¿Quién, incluso, si tuvo una infancia dominada por una religión, no ha pasado por la etapa mística correspondiente? La de sentirse más cerca de un dios cualquiera, que del ser humano que estuviera a nuestro lado. Para luego sentirse de nuevo abandonado.

    ¿Cómo poder vivir y sentir que existes, si no hay otro ser humano, que certifique tu existencia? Y no parece que pueda valer una IA para expedir ese tipo de certificados.

  • Porque puede que lo pienses y… NO exista

    ¿Y si despertamos enamorados de un dios, que nos han dicho que sí tiene algún tipo de existencia? Porque no todo lo que pensamos tiene que existir realmente. No conviene digerir a Descartes en modo bruto, sin refinar.

    Porque es cierto que pensar en nosotros mismos y existir, como ente pensante, es automático. Pero que pensemos en otro ente, parecido o no a nosotros, no lo hace ya existir automáticamente. Salvo por arte de magia. O por arte de un vídeo.

    Al pensarlo podemos hacer que exista en nuestra cabeza, pero no fuera de ella. Para eso se necesita establecer una relación, no solo pensante, entre el otro ente y nosotros. También se necesita algún tipo de relación material.

    Es lo que sucede cuando nos relacionamos diversos seres humanos, mejor o peor comunicados.

    Pero podemos imaginar muchas cosas. Un variado tipo de ideas, que no siempre tendrán una relación existencial con nuestra propia realidad. O la que nos hacen pasar como tal. Solo existen virtualmente. Son coco el amigo imaginario de nuestra infancia. Pero, en nuestra adolescencia, es más fácil crear una novia imaginaria que un simple amigo. O como el gran místico San Juan de la Cruz, hace de su dios un amado, o de su Amado un Dios.

  • Aunque «solo» sea una… existencia VIRTUAL

    ¿Y si no hay hada madrina?

    Pues nos conformamos con un invento que un día se le ocurrió a un poeta…

    Se sacó de su lírica mente la maravillosa idea renacentista del amor platónico. Mucho más humanista que la idea platónica original.

    Y en este mundo tan asquerosamente materialista, ya podemos combinar realidad e imaginación, con una buena tecnología si cabe (Her, BR 2049), para establecer una relación personal con un ente que, por virtual que sea, nos permita sentir algún momento de placer.

    Como mínimo, deleitarnos mentalmente. Una simple, pero buena, conversación. Que, en un mundo tan mediocre como el actual, ya no es poco.

  • Son los que nos dan… EXISTENCIA

    Somos lo que soñamos, o por lo menos lo que intentamos ser. Y por eso Andrés, el saxofonista, pensaba en una china que, en principio, no tenía porqué existir… pero que le aparece en esta historia (La lengua de las mariposas) una china, inmigrante en la Galicia rural, que está deseando que alguien piense en ella, para, a su vez, cobrar existencia.

    Ya lo dijo Descartes. Y bien lo repetimos nosotros. Porque, al mismo tiempo que la piensan a ella, ella debe pensar en un gallego, para que él también pueda existir. Y pueda, así, pensar en ella, cerrando el círculo de la existencia.

    Y de esta forma, tenemos montada una entrañable historia del saxofonista y la china, en una fiesta patronal del interior de Galicia.

    Dos seres humanos virtuales, como Romeo y Julieta, o como Jack y Rose…. pero con la salvedad de que este par de posibles enamorados sí parecen existir realmente. Al menos existen para nosotros… No son dos entes tan virtuales, se nos hacen muy cercanos, siempre que nos metamos en la historia de la peli… y, tal que hada madrina, los convirtamos en dos seres humanos del montón. Un montón algo especial, eso sí. El colectivo de los enamorados.

    Esperemos pues, por el hada madrina.

  • Porque a veces son… los SUEÑOS

    … los que nos dan la energía necesaria para poder vivir. Ya que su consecución es una meta que nos anima a dar paso tras paso, como decíamos al principio del blog, y así avanzar en la vida.

    Pero, hablando de metas, conviene volver también al principio del blog, para diferenciar bien entre mirar y ver. Los sueños se miran, pero no se ven (en principio). Porque lo que veremos, como una realidad deseada, será ese sueño, total o en parte, cuando ya se ha hecho realidad.

    O sea, que, si no son reales, no se pueden ver. Solo imaginar… ya que, en este caso, es como mirar algo que aún no podemos ver bien definido.

    Nuestro saxofonista de la imagen, por ejemplo, sueña con una china desde que descubrió su existencia (de los chinos), en el libro enciclopedia que tenía para estudiar en la escuela. Allí vio una imagen… y no dejó, desde entonces de soñar con que, en algún momento de su vida, llegaría a verla de verdad.

    De hecho, puede decirse que empezó a sentir un afecto especial por algo, que no pasaba de ser una simple foto de un libro, para estudiar las razas humanas. Esas que, realmente, son un mero asunto de pigmentación cutánea. Pero a él se apareció como una madonna italiana del Renacimiento… diciéndole que fuera a buscarla por el mundo adelante. Y él se lo creyó. A partir de ahí empezó a pensar en ella… para que existiera.