Etiqueta: respeto

  • Y aprender, repetimos, a ganar sin humillar…

    Como dijimos ayer, es fundamental en el juego, saber ganar. La mayoría de la gente no lo entiende así, porque desprecia el saber ganar por el hecho de «ganar sea como sea». Otro sociogén muy característico de una sociedad actual, que fomenta el egoísmo, la insolidaridad, la no cooperación y el acto de humillar al que pierde (cuatro sociogenes negativos de una sola tacada).

    Y esto se aprende todos los días en cualquier entrenamiento deportivo, sea de jugadores infantiles, juveniles o de jugadores adultos.

    Una muestra más de la miseria que supone la mediocridad intelectual y emocional, que nos invade como versión actual de homo sapiens…¿o no?

    Y eso no quita que, todo el profesorado, no se canse de repetir que ellos enseñan al alumnado a jugar para divertirse (incluidos los contrincantes). Vaya chiste.

    Y en el deporte profesional ya no digamos. Además ahí ya entra todo tipo de mafia, cuando los resultados pueden ser fuente de dinero.

  • Las ideas nos hacen diferentes, pero… NO enemigos!!!

    Lo que realmente diferencia a Varys de Jon Snow… es su forma de pensar.

    Pero pensar/creer diferente no nos hace enemigos. Siempre que respetemos el pensar (o el creer) diferente de la otra persona.

    Y en este punto aparecen dos conceptos que son tan importantes como lo es el de libertad.

    Son el de respeto y el de pensar. Que cobran su máxima expresividad (e importancia) cuando los unimos en : respetar el pensamiento del otro.

    Incluso cuando es un pensamiento poco elaborado, es decir, cuando, lo que nos dice el otro, es la expresión de una creencia. Aún así merece nuestro respeto como ente racional, que produce ideas diversas.

  • Y ya empezar a acosar civilmente…

    … desde muy temprano edad.

    Porque, cuanto antes se empieza, mayor experiencia vamos adquiriendo. Podemos ir cogiendo las herramientas de acosada y de acosador, desde ya la llamada tierna infancia. Porque no se nace ni como acosada ni como acosador. Los dos son ropajes sociales, que se van adquiriendo con el tiempo de una mala socialización.

    Esta sociedad adulta que conocemos es experta en injertar poco a poco las dosis necesarias de un adn social que nos incita a no seguir madurando nuestra capacidad genética de ser empáticos, y defensivos al mismo tiempo. Y así, desde que somos bebés, nos acostumbremos socialmente a ser acosados o acosadores. Solo hay que reforzar ciertas tendencias naturales (instintivas) a ser más o menos egoístas. Es decir, a madurar la vena empática, natural, o la vena más antipática, totalmente artificial. Dicho de otro modo favorecer la insolidaridad (adn social negativo)en vez de la solidaridad (adn social positivo). Recordemos el concepto de espectro equilibrista.

    Y sí, el patio del colegio es una de las mejores aulas, para practicar esa necesidad social de sentirse superior a otro ser humano. En principio puede que semejante a uno mismo, pero quizás con alguna característica que, notamos intuitivamente, nos puede hacer sentir superiores.

    Esa alumna o alumno que no se atreve a mirarnos, por miedo a que le digamos algo. Seamos compañeros o profesores. Esa es carne de cañón, para empezar nuestro proceso de acoso.

    Y llega con una simple mala mirada, o un gesto de amenaza, para que empiece a sentirse mucho peor. Ahí es donde nos quedamos en la mirada superficial y no somos capaces de profundizar, viendo realmente al ser humano diferente, que no se merece nuestro maltrato. En el fondo nos asusta mucho, que nos podamos ver como la mierda que somos. Y aquí es cuando falla esa tontería de que «nacemos así», porque no. Como bien decía Rousseau, es la sociedad adulta dominante(SAD) la que nos hace así. Impidiendo que desarrollemos nuestras capacidades genéticas. El no sabía de este tipo de cosas, pero las intuía perfectamente.

  • Porque se mira y se remira,…

    … siempre buscando algo (que se nos escapa).

    Manu, por ejemplo, va a encontrarse con su hermano mayor, drogadicto viviendo en un túnel, auténtica metáfora del túnel vital, por el que están él y sus adolescentes colegas transitando…

    No sabe lo que le espera, pero su padre vitalmente perdido, no le ha dado más que señales de hasta que punto conviene, como hace él, dejarlo en el limbo de los «injustos».

    Aunque el padre sí le ha evitado, con ahinco, la posibilidad de que pueda encontrarse con él. Tanto por la vergüenza de que no lo hizo bien como padre, como por el temor a que Manu siga por el mismo camino. No quiere que lo vea. Simplemente lo ha manipulado.

    En el fondo es una clara prueba de lo que podemos llamar falta de confianza en la cría humana. Se le condena a buscar por sí sola, lo que día buscar en compañía de otros.

    Pero luego «el problema», dicen los adultos, son los adolescentes. No los adultos imcapaces de tutorizar en positivo a eses adolescentes. Porque el ADN marca la regeneración social en la cría humana, pero luego (en el adulto), esa capacidad genética, muda en otra que podemos llamar tutorización de la cría humana. Se trata de una capacidad/obligación (genética), que el adulto evita cumplir.

  • A toda capacidad le acompaña…

    … su correspondiente discapacidad!!!

    Porque en la llamada naturaleza (sea lo que eso sea), incluida la parte artificial que el ser humano, totalmente natural, fue aportando como invento, la ley fundamental es la del equilibrio.

    Sin ella el proceso evolutivo no tendría sentido. Se iría hacia un caos, por el constante aumento de la entropía. Y por eso, se necesita una actuación humana que la pueda neutralizar, reponiendo algo de orden en la transformación constante del ecosistema.

    Un error común, como el de que el cerebro nos engaña , es que el equilibrio siempre está en el término medio. Lo cual resulta imbécil, si tenemos en cuenta que el segmento matemático no existe realmente. Más que en nuestro cerebro.

    En la realidad todo son lineas curvas. Podemos decir que su radio es infinito, en algunas, y por eso percibimos la llamada línea recta. Y el que lo dude, que piense un poquito en lo que dijo un tal Einstein sobre la curvatura del espacio.

    El equilibrio natural (sea lo que eso sea) no entiende de distancias, sino de fuerzas. Y estará siempre allí donde las fuerzas se hallen equilibradas. Ni antes ni después y, desde luego, muy raramente en el punto medio (algo que solo existe virtualmente).

  • Sin mamá loba, el lobezno…

    … no sobrevive.

    Así que el primer paso debe ser este : Hay que atender a mamá. Ya desde la cuna, o en el sitio donde actuamos como bebés. Y eso sí, siempre que no nos maltrate.

    Porque la naturaleza (sea lo que eso sea) es sabia, pero no tanto como para prever, la capacidad artificial adquirida (no natural) de una madre humana, para ser maltratadora de su propio hijo. No hay que pensar en Abraham, aún siendo macho, para saber, a estas alturas de la Historia, que el mayor porcentaje de maltrato infantil se da en el seno de la familia tradicional.

    Eso es algo que no pasa en la guarida del lobo. Allí no hay maltrato posible.

    Pero el ser humano se considera amo y señor de sus hijos, por lo que puede hacer (cree él) con ellos lo que quiera. Como, por ejemplo, sacrificarlos a un dios o convertirlos en prostitutas y prostitutos.

    ¡Cuánto hay que aprender de los lobos!

  • Y no vale con parecer curiosa…

    … ¡ni siquera amable!

    Porque la curiosidad viene marcada en el ADN, pero no es, precisamente en el de una vaca, en donde esa capacidad genética está muy reforzada. A ella le llega incluso con tener menos curiosidad que el gato. Así sufre menos cuando la llevan en el camión, camino del matadero. En cambio un gato tiene que aprender a cazar y defenderse. Necesita mucha más dosis de curiosidad.

    Y, por supuesto, caerle bien al amo, es otra de las capacidades que una vaca no porta en su ADN. Y un felino tampoco. No confundamos simple astucia por «caer bien», con muestra compleja de afecto gatuno.

    Todo lo más que puede mostrarnos una vaca, es esa curiosidad por no tener curiosidad. Como el típico alumno preadolescente, que, a principios de curso, te mira con aire vacuno. Es como si te preguntara : ¿qué haces tú, hablando conmigo, si yo no tengo putas ganas de escucharte? Déjame pastar, vienen a decir ambos. La vaca su pasto. El alumno desatento, «pasta las moscas» que le están llamando la atención dentro de su escuálido (por mal usado) cerebro.

    También es cierto que , muchas veces, el maestro tampoco tiene la curiosidad suficiente, para indagar qué tipo de moscas le andan revoleteando por dentro del cerebro, al que, se supone, es su alumno a «desbravar». En el fondo es un simple juego de «toma y daca». Algo así como el famoso «truco o trato», del no menos famoso Halloween.

    Las coincidencias no suelen ser muy raras, pero, si son negativas, siempre son perjudiciales.

  • Pero, ¿qué podemos ver…

    … cuando vemos a Scarlett?

    ¿Lo que nos venden?

    Porque la industria de Hollywood, como pasa siempre, se ha inventado una lavadora llamada Scarlett, que viene siendo la actual versión de la lavadora Star System de los años 40 y 50. Y que luego se fue modernizando a lo largo de las decádas de los 60, 70 y 80. La Star System Minus, más sofisticada y aniñada, pero igual de despersonalizada.

    Una carrocería lo más vistosa posible, en la que no se escatima gasto alguno. Para embellecerla cada vez más.

    Pero luego se deja invisible toda la capacidad de actuación que la actriz posea. Se puntúa lo necesario para que luzca palmito. Lo que tenga dentro de su cerebro, mejor que quede en stand by, mientras siga siendo la estrella de Hollywood que todos deseamos ver. No, mejor dicho, la que queremos mirar.

    Con mucha luz artificial en su cuerpo, pero apagada totalmente en su cerebro. La gran Marilyn fue un gran ejemplo. Despreciada hasta por el intelectual de turno (AM), no solo por su presi.