Etiqueta: perspectiva

  • Así que ser desconfiada es también…

    … ser precavida.

    Porque el lobezno que sale de su cueva, lleva aprendidos ciertos consejos maternos, para poder adaptarse al ecosistema, sin salir muy perjudicado. Y por eso la madre le habla de sus beneficios, de sus perjuicios, y, en especial, de que, para entrar en una manada, necesitas, como el aire que respiras, aprender a convivir con los demás lobos y lobas.

    Así pasa con los lobos. Pero es que ninguna madre loba, puede llegar a imaginarse lo brutal que puede ser la adaptación a otros seres humanos, por parte de una de sus crías. Empezando porque en la guarida de un lobo nunca se darán los malos tratos, esos que, sí, se dan en muchas familias humanas.

    Así que no se necesita salir de la tienda (si la tienes) en el Sahel o en Gaza, o en cualquier rincón del planeta donde se halle un campo de refugiados, para que te esperen adultos que quieren hacerte la puñeta. ¡Y más si eres hembra!

    Y esos son adultos humanos implacables. Ni siquiera tienen el sentido innato de justicia animal, que reina en el mundo de los irracionales. Los animales irracionales nunca llegaron a inventar campos de concentración, sean de prisioneros o de refugiados.

    Lo que le espera afuera, a una cría humana, es, ¡la ferocidad hecha un arte!

  • A toda capacidad le acompaña…

    … su correspondiente discapacidad!!!

    Porque en la llamada naturaleza (sea lo que eso sea), incluida la parte artificial que el ser humano, totalmente natural, fue aportando como invento, la ley fundamental es la del equilibrio.

    Sin ella el proceso evolutivo no tendría sentido. Se iría hacia un caos, por el constante aumento de la entropía. Y por eso, se necesita una actuación humana que la pueda neutralizar, reponiendo algo de orden en la transformación constante del ecosistema.

    Un error común, como el de que el cerebro nos engaña , es que el equilibrio siempre está en el término medio. Lo cual resulta imbécil, si tenemos en cuenta que el segmento matemático no existe realmente. Más que en nuestro cerebro.

    En la realidad todo son lineas curvas. Podemos decir que su radio es infinito, en algunas, y por eso percibimos la llamada línea recta. Y el que lo dude, que piense un poquito en lo que dijo un tal Einstein sobre la curvatura del espacio.

    El equilibrio natural (sea lo que eso sea) no entiende de distancias, sino de fuerzas. Y estará siempre allí donde las fuerzas se hallen equilibradas. Ni antes ni después y, desde luego, muy raramente en el punto medio (algo que solo existe virtualmente).

  • Cuando ver es un arte, pero…

    … no queremos que nos guste.

    Y sí, queramos ver o no, si decidimos hacerlo, no es demasiado sencillo.

    Porque hai muchas formas de mirar, pero las podemos resumir en menos de diez. Algo así como un Top 10 Modos de Mirar. Pero, de formas de ver, puede haber un infinito. Cada ser humano tendrá su forma de ver las cosas, porque cada ser humano puede percibir una diferente realidad. Y ninguno tendrá la completa seguridad de que su realidad es la más real.

    Sea un objeto, sea un paisaje, o sea el rostro de alguien amado (u odiado), serán diferentes perspectivas del mismo trozo de realidad. Como diferentes fotos sacadas por turistas, que están mirando el mismo monumento.

    O comparemos con la tarta de fresa, que a casi todos les sabrá muy parecida. Pero el significado de esa tarta, analizada en el cerebro del que ve, será completamente diferente, según el ser humano que la contemple.

    Un sabor (y una imagen), para el novio que se casa, pero otra muy diferente (imagen y sabor), para el que sigue amando a la novia, aunque se haya quedado sin ella, por ejemplo.

  • La realidad es poliédrica, pero…

    … si no vemos, ¿cómo avanzar?

    Mucha gente mira pero no ve, o solo ve a medias. La función vital del ser humano que contiene la visión, necesita madurar como todo el cuerpo humano y sus capacidades. Hace días hablamos del esfuerzo necesario, como cría humana, para conformar un cerebro que nos valga, como defensa y como órgano adaptador a los cambios del ecosistema donde vivimos.

    ¿Cómo vamos a dar los primeros pasos , si no sabemos bien por dónde vamos? Hasta para agarrar los barrotes de la cuna necesitamos verlos. Y saber cogerlos.

    O sea, que la primera capacidad a desarrollar debe ser la observación. Ese mirar atento, y con cuidado, a lo que nos rodea. Y eso precisa un cerebro bien organizado. Lo que hace imprescindible un cerebro bien coordinado.

    Porque ser curioso, sin observar bien lo que miramos, es meterse por un camino muy peligroso. Eso es precisamente lo que mata al gato. No lo mata caminar. Lo que lo mata es dar pasos de ignorante. No saber captar las posibles perspectivas de un objeto, que tenemos delante de los sentidos.

    Un gato con cerebro poco trabajado, cuando era cría, será siempre un amigo de ser engañado, en sus paseos por el ecosistema donde vive. Sobre todo, si este sufre cambios, será incapaz de adaptarse.