Etiqueta: opresión

  • Ser, por ejemplo, una mujer adulta que… solo presume de MENTE

    Ni princesa ni criada, ni mujer fatal o cebo para adultos que perdieron su adolescencia… solo ser alguien que piensa, por tener un cerebro, y que lo sea/use independientemente de la largura del cromosoma diferenciador.

    Y que, si bien no le dejan probar fácilmente su capacidad humana, es capaz de preservar en esencia sus identidad y sus visibilidad. Hacerse alguien al que necesiten, para que funcionen las cosas de la vida (trabajo doméstico o de oficina), de forma que llegue a ser incluso imprescindible.

    Esa es lo contrario de la mujer florero, aunque su estética pueda ser también potente.

    Es la mujer que no se puede invisibilizar, porque su trabajo no existe si falta ella (casa, oficina, banda callejera…).

    Es alguien donde concuerda su genética natural con el adn social positivo, que fue adquiriendo libremente (no injertado inconscientemente), para acabar siendo un adulto completo, natural y libre. O si se prefiere (hasta aquí llegamos), una adulta completa y libre.

  • Porque si no lo dices, de adolescente…

    .. puede que NO llegues a adulta!!!

    Porque ese futuro que aguardabas, de ser una ama de casa feliz, por ejemplo, quedó truncado por un adulto violador. O un megamanipulador emocional.

    Que puede ser tu propio padre biológico (o adoptivo). O un familiar, que pasaba por allí. Incluso uno que se dice tu amigo y que te quiere ayudar a ser libre.

    La única ventaja, por llamarle algo, es que así te matas tú, pero no dejas que luego te mate un empedernido machista.

    Pero vaya consuelo.

    Hay mujeres que no pueden escoger, porque solo tienen la parte oscura del dilema. O sea, que a decir NO también se aprende!

  • O podrás ser, de adulta…

    … una mujer FATAL!!!

    Si no quieres ser princesa (o sierva), o una adulta protestona, puedes adaptarte a un rol social, como es el de mujer que lleva al sector masculino por la calle de la amargura. O eso le hacen creer, para que no se sienta tan engañada, como el resto de las mujeres.

    Porque a la mujer fatal se le concede un cierto grado de poder, sobre los hombres, que no es más que un disfraz. Con el que te vistes, al mirarte en el espejo trucado de la SAD.

    Pasa como con el disfraz de ama de casa. Te dicen que en tu territorio doméstico mandas tú. Que «ahí» eres libre.¡Vaya mentira!

    Empezando porque, si no tienes autonomía económica, siempre dependerás de que te den dinero para hacer de comer. Además de hacer la comida que le gusta al amo de casa. Incluso a los hijos, aunque eso suponga un esfuerzo mucho más grande para ti, si ellos no colaboran. Y luego en la cama, también vas a ser la «ama de la cama». ¡Seguro!

    E incluso, si te rebelas un poco, te pueden matar, aduciendo que eres una posesión del amo de casa. El realmente amo de «tu» casa. Así que , tal que esclava moderna, puede hacer contigo lo que quiera. Incluso matarte. Pero eso sí, si quieres jugar a mujer fatal, puede que te regalen un horario al día, para que los hombres babeen a tus pies. ¡Pura representación social!

  • Porque, para VER, se necesita mirar…

    … con mucha mucha ATENCIÓN!!!

    Y eso aunque no queramos mirar. Porque sin mirar no somos humanos. Si no podemos/queremos ver, somos peor que ciegos, ya que ellos tienen medios para ver de otra forma. Un ciego no anula su capacidad mental. Eso lo hacen los que «no quieren ver».

    A esos que no ven la realidad, les llega con ver una realidad «aumentada», que solo es la versión de la SAD, para que así te sitúes al margen de la regeneración social.

    Es la etiqueta social pegada sobre la etiqueta genética. Es el paso de un adn social positivo a un adn social negativo.

    Y seguiremos sin querer asumir ese cambio. Y seguiremos creyendo que soy un exagerado, por tratar de describir como funciona la SAD, para controlar nuestro comportamiento social.

    Por decir como nos etiquetan, tal que piezas de ropa, que salen de una Zara, para venderse como lavadoras por el mundo adelante. Haciéndonos patriotas del poder que nos controla y unos desligados de la justicia social. Esa que precisamente nos viene marcada en nuestro gen biológico, que habla de ser regeneradores por empatía con los demás seres humanos. Sobre todo con los que están sufriendo, por vivir oprimidos por un poder adulto parcialmente anquilosado.

  • ¿Quién osa decirle a esta cría humana…

    … que no tire la primera piedra?

    Y la segunda, la tercera, la cuarta… si es que sobrevive!!!

    Porque los demás no queremos ver. Y eso es más grave aún, que confundir el mirar con el ver. Porque para no ver ya se suele decir : es mejor mirar para otro lado.

    Y hay gente capaz de decirle a un niño o a una aniña gazatí ,que no le tire piedras a un tanque sionista, que invade su territorio, porque le va la vida en ello. ¡Cómo si no lo fueran a matar igual, incluso con un bombardeo, para así no verle la cara de muerto!

    Ahora ya no se necesitan francotiradores, como en Sarajevo, porque cualquier dron hace su trabajo con mucho más destrozo humano.

    Es lo que se llama el penúltimo avance de la Civilización Occidental. El Imperio Romano de Bizancio estaría en la gloria, de poder hacer lo mismo, para acabar de igual forma. ¡Pero con más cadáveres por metro cuadrado!

  • Todo esto, en esencia, viene a ser lo que siempre…

    … fue : la lucha de opresores contra oprimidos.

    Viene a ser una cosa muy simple, como bien explica la secuencia de «2001, una odisea…», en la que un simio humanoide descubre que un hueso vale de arma atacante. Lo que les permite conquistar así una charca, compartida con un grupo vecino. A base de machacarles el cráneo.

    Si bien ellos, los protohomínidos, no descubrieron aún la esclavitud. Para eso tuvieron que evolucionar hasta llegar a un homínido capaz de usar su inteligencia, de forma que le permitiera oprimir a los vencidos, haciendo que les sirvan como esclavos. Una vez robada la charca, convertirlos en cuidadores de ella. Porque le valían más como servidores que como muertos. Solo queda «legalizar» el expolio por parte del poderoso. Y ahí ya vienen las leyes y sus abogados

    Y sin olvidarse de hacer un lavado de conciencia apropiado, para justificar lo injustificable. Tanto en la mente del opresor, para no sentirse mal, como en la del oprimido, para no rebelarse contra algo que se considerará lógico (a partir de la brutal conquista y su posterior domesticación).

    Porque para todo eso también vale nuestra inteligencia.

    Es sumamente útil, tanto para luchar por la libertad como para quitársela a otros. O para convivir con la opresión, una vez considerado imposible superarla.