
Este apunte nos viene bien, para aplicar en el caso de nuestro pequeño salvaje y, en general, para entender mejor como la mente humana, aún teniendo una masa neuronal de base, es más plástica (flexible) de lo que puede parecer.
Algo totalmente lógico si nos ponemos a entender como nos funciona el coco, a cualquier ser humano, aunque no entendamos mucho de neurobiología.
Todo el mundo puede, si quiere, entender que nuestra mente es muy muy manejable. Se deja manipular más de lo que nos gustaría, en general. Y casi siempre, por desgracia (o por sofisticación social) de forma inconsciente.
De hecho, como veremos dentro de poco, en esa plasticidad mental se basa el buen funcionamiento del injerto de genes sociales, del que ya hace tiempo llevamos hablando en el blog.
Puede que no lo logremos, pero, a lo mejor, acabamos intuyendo que este injerto de genes sociales, en la mente del ser humano, tiene un cierto parecido a insertar un chip nuevo, en un circuito electrónico ya montado. ¿O será pasarse de analogía?





