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  • Porque debemos evitar, que su anciana mente… esté llena de ARRUGAS NEGATIVAS

    Después del caos revolucionario, solo hay una salida posible, que lleve la revolución a buen término. Y es con el trabajo de las viejas y de los viejos. Que pasarán de proteger a las crías humanas, durante la cruda batalla social, para ir rehaciendo las casas y los caminos, por donde vuelven los revolucionarios sobrevivientes. De los que muchos serán machos, pero también habrá un montón de hembras.

    No hay otra.

    Las casas y los caminos no se rehacen solas. Y las heridas de guerra se necesitan limpiar y curar. Sin olvidar que el oxígeno para respirar es gratis (por ahora), pero se necesita comer todos los días.

    Y, aquí y ahora, los viejos y viejas vuelven a ser imprescindibles.

    Si hasta lo son en las sociedades modernas del siglo XXI, que presumen de vivir en paz, con tanta pobreza acumulada, por la explotación de una mayoría de terrestres por una minoría de los mismos. Esa capacidad de oprimir al prójimo, que tenemos los humanos y que no viene marcada en el ADN

  • Porque, aún de viejas, las mujeres… tienen un importante ROL SOCIAL!!!

    Y no exageramos cuando decimos que en una revolución, sin las viejas que pueden mantener protegidas a las crías humanas, esas que solo valen como carne de cañón en cualquiera guerra, la revolución es IMPOSIBLE.

    Porque ya lo diremos más adelante, pero tampoco hay revolución si no se atiende con prioridad a un sector que, como decimos es la carne de cañón(no uniformada), que sufrirá más profundamente la desorganización que provoca toda revolución.

    Así que son primordiales esas viejas que protegen a la futura carne de cañón (uniformada). Y es vital ese trato especial, que debe tener todo joven revolucionario con ellas, para que sus miedos se conviertan en esperanza. Para que se aparquen los momentos de crisis organizativas, que pueden llevar a no ver la salida del proceso. Ya que nada como ver el miedo en los ojos de un futuro adulto, para volver a coger el instrumento revolucionario con más y mejores ganas.

    Así que las mujeres en general, futuras madres, y las mujeres ya mayores, madres en descanso que no tienen, necesitan especial protección.

    Y lo mismo las crías humanas, en este caso el sexo es algo trivial, porque lo que cuenta es su tremenda indefensión y su potencial de futuro. Hasta se puede decir que, en estas condiciones, el sexo es irrelevante, lo más parecido a un paraíso queer.

  • A toda revolución, para «ser adulta»… siempre le han FALTADO cosas

    Ya hablamos de que la mujer es un simple auxiliar en la batalla (parapeto humano, enfermeras, madres…)… Y no debía serlo!!! Pero hay un sector de ellas, especialmente vulnerable y abandonado en todo proceso revolucionario (hasta ahora): son las viejas (mujeres mayores). Porque ellas son las madres de las nuevas generaciones revolucionarias. Aunque sus genes sociales , característicos de la vejez, las pudieran aupar a la cima de la contrarrevolución.

    Habrá que saber tratarlas.

    Porque, lo mismo que el ya mentado Síndrome de Estocolmo Machista Clandestino (SEMC), que puede tener toda mujer. Al ser vieja, puede ser portadora de otro : el Síndrome de Estocolmo del Viejo Abandonado. Que puede ser muy real (abunda mucho), y es un gen social que marca una exageración del síndrome natural de «ser viejo». Algo que se acentúa, precisamente, en un momento de crisis revolucionaria. Porque les hace creer que aún van a ser más inútiles de lo que normalmente son (les dicen ser). Es lo que hace a los mayores tan poco amantes de cualquier revolución.

    Incluso aunque de jóvenes la amaran.

    Así que los viejos son una asignatura pendiente de toda revolución que se haya intentado hacer hasta ahora. Y no solo de las revoluciones, claro. También de los tiempos llamados «de paz».

  • Y tantas miradas hay, que acabas mirando…

    … con la experiencia hecha arrugas.

    Porque hay muchas miradas, propias y ajenas. Y con tanto cambio y recambio, llegado a su fin o, mucho peor, quedado a medio camino, nos vamos arrugando. Y como el paso del tiempo trae las arrugas, de cuerpo y de mente, será siempre necesario tener las herramientas (siempre las dichosas herramientas), en la mochila cerebral. Para que así no nos pille el toro revolucionario. O, si nos pilla, que nos pille preparados.

    Debemos tener en cuenta que el caos que conlleva desmontar una SAD determinada, no es nada comparado con el esfuerzo que supone darle la vuelta al calcetín social, parcial o totalmente. Y, a veces, solo para remendarlo. Construir es mucho más difícil que destruir. ¡Y cuántas veces se nos olvida!

    Y construir una nueva sociedad adulta dominante, que ya no sea opresiva, no es moco de pavo. La buena gente se va quedando por el camino y, por desgracia (o por gajes del oficio revolucionario) suelen quedar vivos los menos buenos. Los que aquí llamamos «oficinistas» del proceso revolucionario. Una especie de «funcionarios del cambio», que en general ni saben muy bien lo que es cambiar (a fondo). Viene siendo el modelo Stalin de funcionario revolucionario, que podemos titular.

    En la Revolución francesa se dio un caso claro de toma de la Bastilla en nombre del pueblo. Y, la consiguiente «toma» de Versalles, ya directamente para la burguesía revolucionaria. Se trataba de ocupar la plaza de la aristocracia, para que, como bien decía el otro, «que todo cambie, para que nadie cambie».

    Y en la revolución «proletaria» rusa, otro tanto, ya que la vanguardia revolucionaria bolchevique acabó por ser, años después, la Nomenclatura Soviética. Una nueva especie burguesa (opresora).