
¿Y si no hay hada madrina?
Pues nos conformamos con un invento que un día se le ocurrió a un poeta…
Se sacó de su lírica mente la maravillosa idea renacentista del amor platónico. Mucho más humanista que la idea platónica original.
Y en este mundo tan asquerosamente materialista, ya podemos combinar realidad e imaginación, con una buena tecnología si cabe (Her, BR 2049), para establecer una relación personal con un ente que, por virtual que sea, nos permita sentir algún momento de placer.
Como mínimo, deleitarnos mentalmente. Una simple, pero buena, conversación. Que, en un mundo tan mediocre como el actual, ya no es poco.