
Cuando somos crías humanas, en las etapas de maduración intensa, nos llenan la cabeza de normas sociales, y a montones, para hacernos funcionar mejor como piezas en la maquinaria social.
Pero, al mismo tiempo, los adultos juegan con esas crías, para meterle en esa cabeza la idea de que se puede jugar a romperlas. Eso sí, cuando te haces mayor.
Porque la mayoría de las religiones comercian con el perdón a los pecados. Aunque estén constantemente hablando de ellos, para que las crías humanas se sientan atrapadas por ese miedo a pecar. El miedo a pecar funciona como un localizador de almas. Con él los sacerdotes saben muy bien por dónde navegan las almas de sus ovejas. Y, en una guerra civil como la española, y su dictadura posterior, vale para que los párrocos sepan lo que hacen sus feligreses. Y lo que les cuentan aunque no sea cierto.
Así que la SAD se mueve entre la represión y el exceso de libertad, falsa libertad ya que siempre debe evitar que ponga en un brete la estructura social establecida. No se puede admitir juegos libertarios, que revolucionen el cotarro más allá de lo previsto. Es como el porcentaje de pérdidas en unos grandes almacenes.
Y así podemos jugar a cortejar a la madre del amigo (American Pie), o que la madre del amigo nos seduzca a nosotros (gran peli El graduado, no?). Romper algunos tabues se vuelve un juego típico de la burguesía.

