Etiqueta: lectura

  • Porque no siempre, lo que podemos ver,…

    … está demasiado explícito!!!

    Y. ¿por qué es tan tan tan importante el lenguaje humano? Vemos cuando miramos, pero si no miramos no vemos. ¿Qué podemos hacer cuando vemos? Y no es un simple juego de palabras. Porque al ver la cara de la rapaza iraní, no era tan fácil ver todo aquello que nos mostraba su imagen. Hay muchos datos ocultos para una primera lectura (de la imagen). Incluso para una segunda. Y puede que hasta una tercera (más profunda ) lectura. El material preciso, para eses niveles de lectura, a partir de los ojos, es mucho más complejo y difícil de obtener. Tendremos que recurrir a buscar datos en la ROM/MOR, y eso precisa de estén muy bien organizada. Parecerá que somos muy pesados con la «pérdida de la adolescencia», pero estamos ahora hablando de lo mucho que se pierde, al no llenar la mochila con todo lo necesario.

    Tratar de observar con cierta profundidaad (de visión), para que no se nos escapen algunos significados importantes de lo que estamos mirando. Porque de «eso» precisamente iba toda la parafernalia reflexiva anterior. Especialmente en ese falso resumen de «las flores». Puede que aún no percibiéramos todo lo que había de muros filtrantes, con ese especial de flores a tope. Sobre todo incluida la última «flor», un maravilloso «ejemplar» iraní. Y lo siento mucho si alguien se ofende por llamar rosa maravillosa a una adolescente. Y más si se «ve» como un acto machista (yo soy macho). Porque realmente es un acto que va de aprender a leer la imagen, aunque esta sea una simple y bella flor. O, cuidadito, siendo la más fea flor que imaginarnos podamos. Ya hablaremos de si existe o no existe ese concepto de Belleza, que tanto, tanto, le comía el coco al amigo Sócrates.

    Lo importante es que para leer, lo que sea, limpia y llanamente se necesita PENSAR.

    Será necesario pensar, para comprobar si vemos lo que miramos… y, sobre todo, si lo que vemos nos interesa (para seguir observando)… de tal forma que, si no interesa, lo podemos descartar…

    Y siguiendo con el juego de palabras de la imagen (¡estos «argentinos»!), podemos ser cartesianos para captar la importancia que tiene el concepto de que exista lo que vemos… sea una letra, un objeto o todo un ser humano… o llegue a suceder que no exista? Porque, si llega a existir lo que vemos, será porqué lo hemos pensado. O, por lo menos es que nos hemos fijado en ese ser y lo hemos metido en alguna parte del cerebro, para dar fe de su existencia. Y pasará lo mismo con nuestra propia existencia. Sabemos que existimos nosotros, cuando, al modo Descartes (ver la página dedicada a él, con su falsa dualidad), nos ponemos a pensar en nosotros mismos.

  • Y hay que saber leer mucho más…

    … que unas simples palabras!!!

    Porque, además de leer lo que que se ve a primera vista, hay que ser capaces de leer en profundidad, otros sistemas de escritura. Como por ejemplo un EEG, que, además tiene tanto tanto que ver con este problema de los muros virtuales, que nos pone la naturaleza, por si misma, o, sobre todo, con la inestimable ayuda de otros seres humanos. Así que conviene hacer una pausa, para recordar que muchos seres humanos sufren algo más serio que este problema aquí tan denunciado : mirar no es lo mismo que ver. A veces ver lo que se mira, es perder la mirada en el infinito…

    Porque de la mente no vamos a hablar por ahora. Por ese emotivo hemos avanzado con el tema en la página que le dedicamos al alma (that is or not that is…).

    Pero en ella intentamos dejar clara la implicación del nuestro ADN en el funcionamiento de nuestra mente. Y como un adn social negativo nos lo puede trastocar. Haciendo incluso de sustituto, con lo que pasamos a ser una mera pieza, en el engranaje social, controlado por la SAD.

    Y en ese adn social negativo va una característica muy específica, para evitar toda conexión posible con la parte racional que controlamos con nuestro ADN.

    Viene a ser lo que desde hace tiempo se llama locura. Y que nadie ha conseguido definir claramente y, sobre todo, combatir con un mínimo de eficiencia.