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  • Son esas, que deben esforzarse para aprender jugando…

    Porque sí, jugar no es estar esperando para que los papás o los profes les enseñen las cosas importantes (para ellos) a sus hijos/alumnado… porque se aprende más y mejor en media hora de recreo, que en una hora de charla de papá y mamá, o del profe de turno que le dé clase.

    Y es así, porque en el recreo o jugando en la calle con tus amigos, se aprende lo más importante para una cría humana : a desarrollar su capacidad de empatía y, sobre todo, su naciente capacidad para intentar socializarse… y es importante, porque si no hace eso, además, no juega ni de coña.

    Y, por otro lado, desarrollar esas capacidades cuesta mucho esfuerzo. No salen espontáneas, en muchos casos, y la cría humana tiene que hacer un superesfuerzo para integrarse en el juego… Pero es que, precisamente, ese esfuerzo de integración le hará sentir que desarrolla esas capacidades y, además, lo hará acompañado por el placer que le dará ese cumplimiento.

    Y todo eso, a cambio de la desesperación, si es que no se nota capaz de hacerlo… Pero es que la frustración no es mala, solo se tiene que aprender a llevarla, para que no suponga una mala carga de energía negativa… que se vaya acumulando y te separe aún más del grupo de referencia.

    Y para integrarse (adaptarse al grupo) tiene que trabajarse la coordinación. Algo que no viene en el ADN, pero sale de cuando se combinan las otras capacidades ya iniciadas (la socialización, el movimiento repetido y mejorado, la compartición del placer de jugar en equipo…)… y siempre que, estas, se hayan reforzado por los adultos desde que se nació.

  • Porque un muro puede formarlo un grupo de machos que…

    … te quieren minimizar!!!

    A veces los muros filtro lo forman personas. Humanos , mejor o peor preparados que tú, pero que tienen claro como hacer. Es decir tienen el poder necesario, para frenar tu entrada en el recinto amurallado. O, por lo menos, hacer que te sientas «más pequeño» de lo que realmente eres. Saben, incluso, como anularte.

    Estes muros son los más simples, incluso que los «de libros para estudiar». Son los que se dedican a hacer que te sientas poca cosa (si te comparas con ellos) y, con eso, ya impiden que sigas queriendo dar pasos para franquear el muro. Solo te dejarán pasar si bajas la cabeza y dejas de intentar meter un gol en su portería. ¿Quién no ha tenido durante su infancia, sobre todo en un barrio periférico, algún tipo de muro parecido este? El típico vecino machito, que se quiere hacer más «grande», haciéndote a ti más «pequeñito».

    Esto pasa porque te han metido en tu mente un punto de vista muy negativo. Esas «ideas filtro», que te hace sentir una mierda, incapaz de atravesar una simple tela, porque piensas que es un muro de metal infranqueable.

    Y así funcionan los muros filtrantes, aunque sean virtuales.

    Pero recuerda, solo necesitas aprender a jugar mejor que ellos.