
Y viendo el problema de ayer, un niño llorando, pudiera parecer que el problema es el humano que llora o que no llora, es decir, el humano que sufre las circunstancias ambientales que le hacen llorar.
Y no, el problema siempre (siempre) son los otros. Y siempre los adultos, aunque sea con adolescentes, que se usan como intermediarios. Y ya le dimos varias vueltas a ese problema de los otros, sobre todo cuando reflexionamos sobre el acoso. Pero ahora viene otra vuelta de tuerca… porque ya no es un acoso más o menos particular, sobre un niño o niña e concreto. Ahora se trata de reflexionar sobre el acoso, como una institución social de la SAD. Como un mecanismo de conseguir que los otros siempre estén presentes, incluso aunque te halles situado en un paraje, donde solo haya árboles y algunos pequeños animales… los otros humanos siguen ahí… al menos si ya estuviste en contacto con ellos. Otra cosa es que seas como Victor de Aveiron y maduraras en la selva. Ahora estamos hablando de un adn social , casi siempre negativo, aunque pudiera ser también positivo.
Los padres, el resto de la familia, los amigos de la calle y de la escuela, los vecinos del barrio, los profes de la escuela y los que llamamos compañeros de aula, que pueden estar totalmente enfrentados a nosotros, o al menos despreciarnos como personas. Ellos serán los otros, a partir de ahora.
Así que parece volvemos a lo mismo. No existimos solos, porque la misma acción cartesiana de pensarse, la pueden hacer miles y miles de seres humanos, que también han nacido y llegado a la edad en la cual podemos empezar a pensar(nos)…
O sea, como dice la imagen, no podemos madurar en solitario, el proceso de maduración, para bien y para mal, se da siempre en sociedad. Con un grupo más o menos reducido, pero siempre maduramos colectivamente… y por ese motivo, vamos a madurar influenciados por el contorno… especialmente por el contorno humano.


