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  • Así que ser desconfiada es también…

    … ser precavida.

    Porque el lobezno que sale de su cueva, lleva aprendidos ciertos consejos maternos, para poder adaptarse al ecosistema, sin salir muy perjudicado. Y por eso la madre le habla de sus beneficios, de sus perjuicios, y, en especial, de que, para entrar en una manada, necesitas, como el aire que respiras, aprender a convivir con los demás lobos y lobas.

    Así pasa con los lobos. Pero es que ninguna madre loba, puede llegar a imaginarse lo brutal que puede ser la adaptación a otros seres humanos, por parte de una de sus crías. Empezando porque en la guarida de un lobo nunca se darán los malos tratos, esos que, sí, se dan en muchas familias humanas.

    Así que no se necesita salir de la tienda (si la tienes) en el Sahel o en Gaza, o en cualquier rincón del planeta donde se halle un campo de refugiados, para que te esperen adultos que quieren hacerte la puñeta. ¡Y más si eres hembra!

    Y esos son adultos humanos implacables. Ni siquiera tienen el sentido innato de justicia animal, que reina en el mundo de los irracionales. Los animales irracionales nunca llegaron a inventar campos de concentración, sean de prisioneros o de refugiados.

    Lo que le espera afuera, a una cría humana, es, ¡la ferocidad hecha un arte!