
… hacernos un maltratado…
Nadie se hace un maltratado, siempre lo hacen. Pero la frase vale para expresar que, en el fondo, puede que nos dejemos algo «ir por ese camino«. Hay casos en los que es imposible no caer en el pozo, pero en otros la falta de herramientas, más o menos voluntaria, puede empujarnos por la senda de ser maltratados.
Sobre todo, porque no fuimos capaces de seguir el aviso del niño gazatí, diciendo BASTA. Sin entrar a analizar ahora la dificultad de asumir tamaña tarea, sobre todo de forma efectiva.
Porque lógicamente no llega con estirar la mano abierta. Ni siquiera con el puño cerrado. Esas no son herramientas de defensa, solo símbolos que expresan nuestro cansancio. Solo pueden representar nuestras ganas de protestar.
Las herramientas (útiles), para protestar, se van cogiendo desde que, en la cuna, un día decidimos agarrarnos con fuerza a los barrotes y empezamos a gritar. Valga como metáfora de un levantamiento, de una lucha iniciada, aunque quede mucho camino hasta que eses barrotes se conviertan en palos defensivos.
Y es que nuestra defensa no se basa en buscar palos como armas, si no en mirar la realidad, de forma que la veamos lo mejor posible. Y con esa observación pertinente, ir llenando nuestra mochila de conocimientos aprovechables algún día.
