
Imaginémonos sentados en un banco de la universidad… no se notará mucho que el profesor sea un ser humano o un robot… realmente dada la mediocridad humana del profesorado medio universitario, puede que fuera mucho mejor (con robots bien programados, eso sí). La interacción profe-alumnado es muy compleja, por muy simplón que sea el profesor o profesora.
Pero estamos sentados, con dos o tres añitos, o 5 o 6, y delante tenemos a un humano o un robot. Aquí no estamos a días luz de diferencia, como en la fase anterior, aquí son ya meses, o incluso años.
El abismo entre ser educado por un humano, incluso si es mediocre, a ser educado por un robot es inmenso. Simplemente porque el humano nos puede enseñar malamente los saberes que nos quiere trasmitir. Pero lo que aprendemos al interactuar con un humano mediocre, es una enseñanza que nos vendrá de perlas, cuando tengamos que interactuar con otros adultos similares. Permitirá aprender a valorar cuando los adultos sean algo mejores, y así poder avanzar en el aprendizaje.
Los buenos profes enseñan los caminos que se nos van abriendo y podemos seguir. Los malos profes nos enseñan aquellos malos caminos por dónde no debemos ir. Y dado el mal estado del ecosistema dónde vivimos, no es nada malo saber, con qué piedras nos encontraremos a lo largo de nuestro camino futuro.
Y una mamá robot solo puede mostrar caminos de perfección (teórica), por los que un humano se ha de perder claramente. Porque, si remata ese camino (robótico), será lo más parecido a un robot, que se pueda conseguir en ese momento histórico.


