
La pulsión sexual del ser humano, como dijimos ayer, le puede llevar por diferentes derroteros de los que parece tener marcados, que no los tiene, en su ADN. Y el problema es que el adn social negativo nos puede abocar a posturas totalmente aberrantes. Porque el odio generado por un adn social negativo, bien trabajado, desde la infancia, puede ser también muy poderoso. Y muy inhumano!!! Y, para colmo, actúa tanto hacia afuera (de nosotros) como hacia adentro (nos autocastigamos).
El fanatismo puede alcanzar grados de auténtica deshumanización ante el otro ser humano que sea diferente. Lo malo es que el fanatismo también actúa en el doble sentido… afectando tanto a los «anti» como a los «pro»!!!
Porque el problema es que el radicalismo que presenta un fanático, lo pone a los pies de la creencia (de la fe), no de la ciencia.
Y, por eso, pueden ser radicales tanto los homófobos como los homófilos.
Y, por eso, dada la existencia de homocreyentes, tendremos que hacer algún matiz, sobre los individuos que abrazan una orientación sexual, como si fuera un nuevo credo religioso. Porque de todo hay en la viña del Señor… y para algo está la sociogenética.

