Etiqueta: atracción

  • La atracción es muy poderosa… y NATURAL !!!

    La pulsión sexual del ser humano, como dijimos ayer, le puede llevar por diferentes derroteros de los que parece tener marcados, que no los tiene, en su ADN. Y el problema es que el adn social negativo nos puede abocar a posturas totalmente aberrantes. Porque el odio generado por un adn social negativo, bien trabajado, desde la infancia, puede ser también muy poderoso. Y muy inhumano!!! Y, para colmo, actúa tanto hacia afuera (de nosotros) como hacia adentro (nos autocastigamos).

    El fanatismo puede alcanzar grados de auténtica deshumanización ante el otro ser humano que sea diferente. Lo malo es que el fanatismo también actúa en el doble sentido… afectando tanto a los «anti» como a los «pro»!!!

    Porque el problema es que el radicalismo que presenta un fanático, lo pone a los pies de la creencia (de la fe), no de la ciencia.

    Y, por eso, pueden ser radicales tanto los homófobos como los homófilos.

    Y, por eso, dada la existencia de homocreyentes, tendremos que hacer algún matiz, sobre los individuos que abrazan una orientación sexual, como si fuera un nuevo credo religioso. Porque de todo hay en la viña del Señor… y para algo está la sociogenética.

  • Y lo que vemos en… NOSOTROS MISMOS

    Porque no es fácil ver lo que se mira, y mucho menos si miramos para dentro de nosotros. Estamos llenos de filtros, que son propios, pero que se fueron formando para difuminar nuestra mente. Porque esas vistas internas van a condicionar nuestro comportamiento diario.

    ¿Está claro que no era un macguffin, en este blog, el hecho de separar claramente el mirar del ver? Porque el ver se hace con nuestra mente… y, en ese caso, estamos muy juntitos el yo que mira y el yo que es mirado.

    Porque, salvo que tengamos un espejo como el de la madrastra de Blancanieves, todo espejo medianamente normal, va a permanecer totalmente mudo al mirarse en él.

    O, mejor dicho, no totalmente mudo, porque algún yo, más golfo e intrépido que otros, se va a encargar de contestar a tus preguntas, de una forma inesperada, que, en buena lógica, no te va a gustar demasiado.

    Así tenemos a Aschenbach, el músico protagonista, viéndose en el espejo de una forma que nunca antes se había visto. Más o menos, tal como, podemos imaginarlo, se vio también en ese mismo lugar un Thomas Mann, que no quería reconocer su hibernante homosexualidad. Porque salir del armario, según en qué contexto, es un trabajo demasiado arduo (y muy muy, pero que muy, machacante). Se merecen nuestro aplauso, los que lo intentan.

  • Lo que vemos en… el OTRO

    Y sí, no nos engañemos, a veces vemos mucho más de lo que miramos. O dicho de otra forma, vemos más de lo que queremos ver. Y eso va a influir en nuestro comportamiento.

    Eso le está pasando al profesor Asenchbach, que no puede evitar el mirar (viendo así) lo que Tadzio puede significar para él.

    Y tanto mira (y ve) que hasta Tadzio se empezará a preguntar, qué coño mira con tanta atención aquel tipo con pinta de romántico incurable.

    Y ya no nos metemos con las miradas de aquellos que no miran limpiamente, si no que usan unas lentes de disimulo, para tapar sus intenciones más ocultas.

    El protagonista, en este caso, es mucho más inocente incluso que el director de la película (L. Visconti), al que se le nota, en cierto modo, que abusa un poco de la belleza del actor que hace de Tadzio, para exponerlo quizás con una mirada muy erótica. Se le va algo la pinza de su propia homosexualidad, hablando (a su manera, tan viscontiana) de la sexualidad del músico al que está representando en la pantalla.