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  • Es el gran virus de… los PREJUICIOS!!!

    Porque todo suele empezar por dejarse llevar… por los famoso prejuicios. Pero… qué son esos prejuicios?

    Porque puede suceder, que tengamos una tangencia posible, a la hora de hablar de algo tan metido en la sesera del público, «los prejuicios»… con este algo, que andamos introduciendo aquí, «los genes sociales negativos».

    Qué no son sino prejuicios los que hacen ver, aunque realmente solo lo miran, al hombre creado por el Dr. Frankestein, como un monstruo, cuando no haya pruebas de que actúe como tal. ¿Solo por sus presencia ya debe ser tratado como un monstruo, incluso con violencia extrema?

    Y una pregunta importante puede ser esta : ¿Ya era un monstruo, la idea que germinó en la mente de Mary Shelley? ¿O lo hicimos tal monstruo todos sus lectores?

    Porque ella simplemente lo imaginó diferente… pero nosotros pasamos el concepto de monstruo del creador a lo creado. Sería por conveniencia, era más fácil odiar al diferente.

  • Aunque tampoco hay que… PASARSE

    Porque no es fácil iniciar un proceso de comunicación con un ser, por muy humano que sea, que parece un monstruo. La SAD es lista, gusta de promover sensaciones ambiguas : en paralelo, algo que nos haga reír y algo que nos asuste.

    Porque, si nos asusta hablar con un Quasimodo, cómo vamos a hablar con el de la imagen?

    Y, para muchos, esto viene a ser la IA.

    O, volviendo a un universo más real, podemos decir que muchos ven como monstruos a otros seres humanos, que simplemente muestran diferente aspecto u orientación sexual, por ejemplo.

    La SAD dice que todos somos iguales, pero luego nos trata de forma diferente. Y no en función de las diferencias que podemos llamar naturales, sino en función de la riqueza que hayamos conseguido, robando al prójimo. Así de sencillo. Nos diferencia socialmente.

  • Y ¿cuánto puede cambiar, cuando miras algo,…

    … el dichoso punto de vista?

    La posición del mirador, corporal y anímica. La atención que pongamos en el acto de mirar. Pero sobre todo, el cuidado que pongamos en el proceso de «ver algo». Ahí juega su papel el estado anímico y el interés que tengamos en ver una cosa o la otra.

    Por ejemplo en internet lo típico es «dejarse llevar». No nos esforzamos mucho en ver (a fondo). Solo miramos y nos quedamos con la primera visión (superficial), que se ha colado en en nuestro cerebro. ¿Para qué filtrarla?¿Para qué buscar datos en nuestra ROM/MOP, que aseguren lo visto o, mejor/peor, lo contradigan.

    Por ejemplo, te separas de la mesa donde tomaste un café y notas, de repente, que se formó sobre la mesa una imagen que no habías visto al sentarte. El polvo del café te ha dejado formada un corazón inacabado o, si te gusta mucho la fauna, una especie de ave voladora.

    ¿Con qué figura te quedas? Con la más fácil o con alguna difícil, que requiere un esfuerzo extra de interpretación. Esa ayuda extra de la ROM, trayendo alguna imagen de aves, que tengas guardadas de otras veces.

    Porque, para ver bien, no llega con usar la RAM (una memoria superficial, del momento). Necesitas un aporte extra de la ROM/MOP (la que guarda de forma permanente). Ella te permitirá completar la visión. Y, lo más importante, validarla como real… o, al contrario, como una simple manipulación virtual de alguien que te quiere confundir.